Arzobispos “exóticos”

El ¿exótico? cardenal Carlo Mª Martini

El ¿exótico? cardenal Carlo Mª Martini

Sandro Magister, especialista italiano en temas eclesiásticos, escribe en el diario l’Espresso esta frase sonora en el italiano cantarín: “Dopo due episcopati eccentrici come quelli di Carlo Maria Martini e Dionigi Tettamanzi”, etc., (después de dos episcopados excéntricos como los de Carlo María Martini y Dionisio Tettamanzi) hacía falta, según el entendido en Iglesia, que las aguas volvieran a su cauce y ocupara la Sede milanesa un arzobispo de garantías, es decir, bien sintonizado con la línea oficial. Para los vaticanistas y aledaños la línea oficial es, exactamente, la que le gusta al Papa. Generalmente no se preocupan mucho si la sintonía se extiende también, o no, al Evangelio.

Lo de excéntricos solo se puede entender por el hecho de que Martini era el reverso de la idea pastoral teórica y práctica de Juan Pablo II, y, por extensión y afinidad, de la de Benedicto XVI. Y, suponemos, porque tenía unas inclinaciones “sospechosas”, como ser aficionado, muy adepto, a los estudios bíblicos, y, además, ser un renombrado especialista en exégesis moderna, y no escandalizarse de los géneros literarios y otros “inventos modernistas”. Era, además, muy poco admirador de movimientos eclesiales hoy de moda en los pasillos vaticanos, como Comunión y Liberación y Comunidades Neocatecumenales. Pero tenía algo muy importante en su contra: el ser reconocido por muchos como uno de los hombres de Iglesia de más libertad, de mayor significación evangélica, de mayor piedad personal, y de más acendrado amor a la Iglesia y al Evangelio.  

Tetamanzi era “rojo”, se opuso abiertamente a Berlusconi en las últimas elecciones, y tenía la excéntrica idea de que no hay ninguna razón sólida para aceptar el pensamiento único en la Iglesia, pues desde Pedro y Pablo, y Santiago, hubo en la comunidad eclesial diversidad de pensamiento. Hasta el punto, ¡oh insoportable frivolidad de los primeros cristianos!, de que se empeñaron en complicarnos con cuatro evangelios, con lo fácil que hubiera resultado hacer un compendio de todos ellos y evitar enojosas contradicciones.

Hay una frase en el artículo de Sandro que me choca y llama la atención por la interna contradicción que supone. Afirma que el anciano cardenal de Milán Giacomo Biffi está convencido de que “para que la archidiócesis de Milán vuelva al camino recto es preciso retornar a la tradición de grandes obispos “ambrosianos”, de fuerte temperamento y de segura orientación”.

La referencia al gran Ambrosio es muy oportuna. Su elección, siendo todavía catecúmeno, lo fue por aclamación comunitaria, por el grito de “Ambrosio obispo”, que abrió los ojos y las mentes de todos los que se afanaban en encontrar un digno y eficaz pastor. Igualito que la elección lilanesa de  hoy, en la que, por lo que explica el mismo periodista, hay una trama de fidelidades, de antiguos profesores y discípulos, (el ya nombrado arzobispo de Milán, cardenal Scola, actual de Venecia, fue alumno y protegido de Ratzinger en antiguos tiempos académicos), y, todo el proceso resulta escandalosamente alejado de la opinión de los verdaderamente interesados, como son los miembros vivos, clero y laicado, de la diócesis de Milán. Estamos acostumbrados al sistema de elección actual de obispos en la Iglesia, pero no es eclesialmente fraterno, no es nada evangélico, está más cercano a las políticas de gabinete que al celo pastoral,  es injusto, y, lo que es lamentable, radicalmente ineficaz.

El gran Ambrosio fue el negó la entrada a la celebración dominical al emperador Teodosio, al que obligó a ingresar en la orden de los penitentes, por la masacre que mandó perpetrar a la guardia pretoriana en Salónica, cuando fue abucheado por el público ante la reciente y brutal subida de impuestos. (Esta es la principal  y más repetida razón para la desafección de los súbditos a sus gobernantes. Fue lo que le pasó a Salomón, y a tantos otros más cercanos a nosotros). No sé si Scola será de la escuela y estilo de Ambrosio, de no temblar la mano al alzarla contra los católicos investidos de poder. O si será como otros jerarcas que, impertérritos, han alargado la mano al tirano de turno, además de darle también la comunión.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Share

Discussion area - Dejar un comentario