La comunión de “la Cospedal”

imagesCAW80KTZHe leído en Redes Cristianas un artículo se Carlos Iserte en “El Plural” en el que se asegura que muchos curas toledanos “están que trinan” (sic) con el arzobispo Braulio Rodríguez por haberle dado éste públicamente la comunión a la presidenta de la Comunidad de Castilla la Mancha, Dolores de Cospedal, siendo ésta divorciada. El asunto, por lo que se ve, ha traído cola, pues en diferentes portales cristianos de Internet se viene comentando el acontecimiento. Llama la atención que algunos ambientes eclesiásticos y ciertos medios se metan con el arzobispo de Toledo, catalogado por un sesudo periodista como “serio y muy fiel” a la Iglesia y a sus normas.

Se lo compara con Don Marcelo y con Cañizares, que habrían negado la comunión a la egregia dama en tan excelsa ocasión, la fiesta del Corpus de Toledo. No sé si lo habrían hecho, pero de cualquier modo, de proceder así, habrían sobrepasado sus atribuciones y obrado de manera imprudente. Desde luego hay situaciones mucho más opuestas al Evangelio en personajes públicos en los que la jerarquía no se ha comportado, por ejemplo, como el gran obispo de Milán, Ambrosio, no negando directamente la comunión al emperador Teodosio, sino obligándolo, antes de participar en la Eucaristía, a ingresar en la orden de los penitentes. Me refiero a gente como Franco, Pinochet, Videla, y tantos gobernantes que públicamente conculcaban derechos fundamentales, hasta llegar a la tortura y al asesinato.

Nos enseñaban algo muy práctico y sensato en las clases de moral. Un celebrante de la misa, o quien distribuyera la comunión, no podía exponer a vergüenza pública a un fiel que accediera a recibirla. Y para salvar el rigor de las normas, debería pensar e imaginar que el comulgante se había previamente confesado y arrepentido de su pecado, e incluso, que tenía un serio y válido propósito de la enmienda. Es decir, echaría mano del clásico y manido derecho de la presunción de inocencia, como deberían hacer los cardenales citados con la señora de Cospedal, como seguramente actuó el arzobispo Don Braulio.

Además, son ganas de complicar. En otras parroquias, con otros párrocos y presbíteros, no se plantean semejantes dilemas. El recibir la comunión no es un privilegio o una gracia especial, sino un mandato de Jesús: “tomad y comed, tomad y bebed, … haced esto en memoria mía”. Ya expuse en otra entrada de este blog que el único requisito que exige san Pablo es el de “discernir” el cuerpo y la sangre del Señor. Es decir, de conocer y reconocer el sentido del misterio eucarístico y recibirlo humildemente como un alimento para personas frágiles y pecadoras. Es desolador convertir la comunión en un premio para los buenos, o en un privilegio para perfectos. Quien no pueda realmente vivir dentro de la norma, viva dignamente fuera de ella. Y siga, si así lo estima y cree en su corazón, cumpliendo el mandato del Señor.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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