Publicanos y prostitutas

 

Escena de "Jesús de Nazaret", de Zefirelli

Hoy celebramos la fiesta de San Mateo. En su evangelio hay una escena preciosa, que la conoce muy bien el evangelista, porque se trata de su propia vocación. Zefirelli la inmortalizó en su serie televisiva, después película, “Jesús de Nazaret”. Todavía tengo en mi retina el colorido de los vestidos de las chicas, evidentemente, muchachas de la calle, prostitutas. ¿Qué mujeres podrían en aquel tiempo salir de casa descubiertas y participar en una fiesta con música y movida, organizada por esos publicanos rechazados y mal vistos por la gente bien, y por la población, en general?

Asi que no nos produce ninguna extrañeza el reproche, casi protesta, de los fariseos, esos puritanos, bastante menos correctos y puros en su vida privada de lo que querían dar a entender en su comportamiento público: ¿”Por qué vuestro maestro y vosotros coméis y festejáis con publicanos y prostitutas”? 

Tanto unos como otras adolecían de un terrible handicap: eran impuros. Uno de los temas más centrales; esenciales, además, para entender algo de la experiencia y de la comprensión del pecado en el Antiguo Testamento (AT).

Los modernos tenemos un planteamiento moral, demasiadas veces hasta moralista, del pecado, cuando en el AT se trataba de algo objetivo, dependiendo muchas veces de variables que no dependían de la voluntad. Como la impureza de los que padecían flujos de sangre, por ejemplo. Otras “impurezas” sí que tenían que ver conla libre elección de un tipo de vida, como la de los publicanos y prostitutas.

Lo fariseos venían a decir que era un ejercicio ciertamente demasiado equilibrista para la mente entender cómo un profeta, uno que era considerado por mucha gente  de buena voluntad como un “rabí”, podía convivir con tamaña normalidad con gente tan impropia, y tan comprometedora. Jesús, con sus hechos, como el de esta escena, (y muchas otras, como el lavatorio en casa de Simón por parte de aquella “pecadora”, o su inapelable transgresión hablando púlicamente con una mujer, además samaritana, además prostituta, allá por las míticas orillas del pozo de Sicar) , y con sus palabras luminosas y valientes, como las parábola del Buen Samaritano, la del Fariseo y el publicano en el templo, la provocación de su afirmación “los publicanos y las prostitutas os precederán en el Reino de Dios”, y otro sin fin, demuestra hast la saciedad que su “Moral”, que su “Ética”, está muy alejada de la consideración socio-jurídica-hipócria al uso.

Tengo serias dudas de que depués de dos mil años hayamos penetrado relamente en el secreto de la valoración del comportamiento humano de que hace gala Jesús, siguiendo la línea de los grandes profetas. Como el párrafo de Isaías del último domingo, 25º del tiempo ordinario: “Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, vuestros caminos no son mis caminos, dice el Señor. Porque así como aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los vuestros y mis pensamientos a vuestros pensamientos”. Se empeñan muchos de los representantes del Magisterio, hasta los más altos, en enfocar la moral por la ley natural, y otros corsés con grilletes, que poco o nada tienen que ver ni con la enseñanza del AT ni del Nuevo Testamento (NT). Que alguien me diga, si no, como se casa con el instinto natural de supervivencia el poner la otra mejilla, el dar la chaqueta al que te quita el abrigo, el amar al enemigo, el no apreciar el dinero, el prestar sin esperar compensación de intereses, el amar al prójimo como as sí mismo, yun larguísimo etcétera.

Efecttivamente, es muy difícil que algo así lo entendieran los fariseos. Y es comprensible que Mateo tierara la casa por la ventana al sentirse acogido y valorado por el Rabí de moda cuando todos los “puros” de la buena sociedad lo trataban como a un apestado. Y es que a ver si entendemos de una vez la apostilla de Jesús en defensa de sus discípulos, y de los publicanos, y de esas coloridas y bellas señoritas de la calle: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Id y aprended lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».                   Amén, Señor Jesús.

 Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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