Liturgia administrativa y liturgia “profesional” (III)

2º) Sentido de las posturas y de ciertos signos

Hoy nos toca hablar de posturas en la misa y de otros signos que, no deberían, pero que están resultando polémicos. En mi entrada del 24 de mayo de estge año ya comenté las palabras del arzobispo de Lima. Las traigo otra vez a colaciòn porque vienen al caso. Vean lo que dijo el ínclito cardenal de Lima, Juan Luis Cipriani, recomendando insistentemente a los fieles de su arquidiócesis “que comulguen de rodillas y en la boca. No de pie y tomando la hostia con la mano. La recomendación en sí ya chirría un poco. Pero todavía son más lastimosos los argumentos, poco coherentes con quien se supone conocedor de una teología de la Eucaristía profunda y Pascual, capaz de pasar por encima del sentimentalismo barato y del populismo fácil. He aquí sus palabras: “El modo más respetuoso de recibir la Eucaristía es de rodillas y en la boca. Hay que recuperar el respeto y reverencia que merece la Eucaristía, porque el amor a Jesús es el centro de nuestra vida cristiana, te juegas el alma”.

No se puede confundir respeto y la reverencia no tiene nada que ver con la postura de rodilla o de pie. Incluso ésta sería desaconsejble si de verdad viéramos en la celebración dela Eucaristía, como en verdad es, un banquete. Desde luego sus apóstoles, y las mujeres del grupo de Jesús, y María, su madre, debían de tener respeto y reverencia al Maestro, pero no imaginamos para nada que recibieran arrodillados el pan y el vino de la última cena. Ni tampoco lo suponemos a los primeros cristianos. La dinámica de la Eucaristía es Pascual, en la huída de Egipto hacia la liberación del desierto no hay tiempo, ni ambiente, ni necesidad de ninguna adoración. La Misa, hay que insistir, no es un ejercicio de adoración, ni hay en ella momento específico pensado para tal cosa. Tal vez lo podríamos encontrar cuando, recibiendo el pan consagrado en la mano, uno lo contempla brevemente antes de comerlo y consumirlo.

Y esto nos lleva a otro signo, el de recibir la comunión en la mano o en la boca. Es un tema tan manido que temo mis lectores se cansen y aburran de la insistencia. Pero la considero necesaria cuando todos los días, y, sobre todo, en las retransmisiones de misas papales, se ofrece, reiteradamente, la imagen de los comulgantes de mano del Papa de rodillas y en la boca. No sé el argumento que, para tal práctica, ofrecerá el teólgo Ratzinger. Pero dudo mucho que recurra a algunos tan falaces, inconsistentes y falsamente sensibleros como los del cardenal Cipriani, y de tantos, que insisten en confundir con respeto y reverencia posturas extrañas y del todo inadecuadas. Ya he afirmado, hasta la saciedad, que a ningún adulto en su sano juicio y con su sistema muscular en forma, se nos ocurriría dar de comer en la boca. Es tan ridículo pensar que eso sea más digno que recibir el pan consagrado en la mano que no merece la pena gastar ni un segundo en refutarlo.

A modo de broma, recordaré que un beso en la boca es mucho más íntimo, particular y privado que un beso en la mano. ¿O no? Insisto: peor que las posturas indicadas, y hasta exigidas por algunos, (está el típico cura que, cuando empieza la plegaria eucarística, suelta un bramido “¡todos de rodillas!”; yo, desde luego, me mantengo en pie, y después entro a la sacristía a dialogar, ¡si se puede!, con el cura. Algunas veces he podido, otras no); peor, como digo, que esa determinación, suelen ser las razones esgrimidas para tal práctica. Generalmente se trata de un desconocimiento, a veces supino, de la dinámica litúrgica de las diferentes celebraciones, especialmente del carácter pascual de la Eucaristía.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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