El anuncio de ETA

Estamos escuchando todo tipo de reacción al anuncio de ETA del abandono de la vía armada. Unos muestran un optimismo emocionante, -he oído a uno por la radio que había que brindar con champán, como en la muerte del dictador-; otros son bien más cautos, y prefieren esperar a que pasen las elecciones y veamos si los etarras entregan por fin sus armas; y los hay que no se fían, escarmentados de la poca palabra, o ninguna, de fíar que, en la historia, han demostrado los terroristas vascos. Es normal que, ante el calibre y la transcendencia de la noticia existan todas esas reticencias. Las peores, y las más desafortunadas, son las que proceden de una postura política previa, y en muchos casos enquistada, contra cualquier avance o logro de un Gobierno que califican desde inepto, los más benévolos, hasta obsceno e ilegítimo, los más extremos y reclcitrantes.

Hay que decir, en honor a la verdad, y en aras de un pensamiento sensato y mínimamente objetivo, que es mentira, y constituye una monstruosidad política, el imaginar, como se ha hecho, y afirmado, y gritado en alguna manifestación, que determinados gobiernos o gobernantes hayan sido conniventes, y hasta cómplices, con los objetivos, las estrategias y los procedimientos de la banda terrorista ETA. El encono y la cerril oposición, no política, sino partidaria, sesgada y sectaria hacia determinados personajes de la política no debería nunca poder llegar a semejantes extremos de irracionalidad y de injusticia. Lo malo es que, viendo y oyendo lo que hemos visto y oído, hay que aceptar que los que profieren semejantes barbaridades creen en ellas a pie juntillas. Es una pena, pero sobre todo un peligro, para la convivencia ciudadana, y no digampos democrática.

Todas esas acusaciones evidentemente falsas e injuriosas se han dado cuando la banda terrorista estaba, como los hechos han demostrado palmariamente, en su momento más bajo de fuerza, de organización y de apoyos ciudadanos. Y cuando menos atentados cometía, no por buena voluntad, sino por incapacidad, provocada por la implacable e impecable actuación de las fuerzas políticas, judiciales y policiales. Siendo testigos de esos resultados positivos para toda la ciudadanía, continuar escuchando determindadas acusaciones ha sido un ejercicio frecuentemente ímprobo de paciencia y de madurez de la comunidad civil.

Se confunde con demasiada frecuencia en nuestro país la voluntad de conseguir determindados fines sociales, o políticos, o antiterroristas, con los medios y el método para lograrlos. De tal modo que si éstos no coinciden con los míos, se deduce, de modo equivocado e irracional, que los que actúan de modo diferente a mi manera de pensar carecen de aquella voluntad. Cuando una de las realidades más ricas y fecundas de una democracia es la diversidad de estrategias, de modos y maneras de abordar los problemas. Justamente para esto sirve la rotatividad en el poder, consecuencia de las sucesivas votaciones. De tal modo que podemos inferir que quienes no aceptan el resultado de este sistema es que lo rechazan como tal. Me temo que mucha gente no ha descubierto, o no ha admitido, el verdadero juego democrático.

Así que mi opinión ante el anuncio de “desarme” de ETA, recordando un refrán que nos repetía a menudo nuestro formador P. Alfonso Madurga, ss.cc., “lo mejor es enemigo de lo bueno”, es que, admitiendo sin ninguna duda que las cosas podrían plantearse mejor, no por eso vamos a despreciar lo que de bueno y de positivo tiene este anuncio de días mejores. Está claro que estos tendrán que llegar, muchos y si interrupción, para valorar sin reparos la situación de paz y de tranquilildad social. Pero el dato inequívoco de que la fecha escogida para transmitir este comunicado etarra, después de la Conferencia Internacional de mediadores, y estratégiamente poco  antes de las elecciones generales, favorece objetivamente a Amaiur, no debe llevarnos a despreciar el largo alcance que de él se puede derivar.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara           

One Response to “El anuncio de ETA”

  1. ETA ha asesinado a 857 personas, los que defendemos España no hemos matado a nadie». Lo dijo Basagoiti. Sí, ETA también cometió errores.

    Tras su decisión de poner fin a la actividad armada, se nos muestran con detalle los datos y pormenores que ha generado esta violencia. Números. Nombres. Vivencias… Como si no nos hubiéramos tragado ya antes toda la propaganda política que a costa de los que más de cerca padecían el lado trágico del conflicto realizaban Antena 3, Telecinco, TVE o ETB. Pero, tras tantos años de mentir y manipular, la realidad acumulada arroja ahora la espeluznante cifra de víctimas ocultadas por los medios de comunicación -tanto o más responsables que las propias armas de la violencia armada- y salen a la luz de mano de Euskal Memoria, en su primera publicación monográfica, fruto de un trabajo colectivo realizado pueblo a pueblo, que recoge los siguientes datos del período 1960-2010:

    474 personas muertas como consecuencia de los métodos represivos de los Estados (tiroteos, emboscadas, enfermedades causadas por la represión, en controles policiales, por torturas…) o por otras causas relacionadas con el conflicto (exilio, manipulación de explosivos…). La mitad de ellas (48,8 %, 236 muertos/as) no pertenecían a ninguna organización política, eran simples ciudadanos. Los responsables de casi la mitad de las muertes (48,5%, 230 personas) han sido los cuerpos policiales del Estado español. 86 (15,6 %) han muerto en manos de grupos armados de derechas que han actuado durante diferentes períodos y en diferentes lugares (BVE, Triple A, GAL, acciones fascistas y parapoliciales…). La política penitenciaria y la dispersión han causado 40 muertes. 7.000 personas encarceladas. 50.000 personas detenidas por motivos políticos. 10.000 personas torturadas durantes las detenciones.

    Hay que tener en cuenta que estos datos son fruto de un trabajo de recogida de documentación colectiva y que, al igual que otros apartados de nuestra historia, están todavía por completar.

    Por otro lado, se presentan en las listas de víctimas del terrorismo como «víctimas de ETA» a personas como Diego Alfaro, Germán Agirre, Jesús María Etxebeste, Josean Cardosa, José García Gastiain, Martín Merkelanz y Ovidio Ferreira, siendo muertes provocadas por grupos de ultraderecha, policías o desconocidos.

    No es, pues, ETA la única que tiene que pedir perdón. Porque hasta hace una semana, ¿era esto un conflicto armado con cariz político o era un conflicto político con acciones armadas puntuales? ¿O era inversamente al revés?

    Vamos, que puestos a exigir perdón, no va a quedar libre de ello ni el más santo. Pidan perdón por tanto todos y cada uno de los responsables de tantos años de sufrimiento, tan bien aprovechado a cada momento por políticos profesionales -millonarios casi- de los que algunos ahora se suman al carro del caballo ganador y se toman la licencia de escupir al moribundo creyéndolo ya muerto. Dejar las armas no es dejar de hablar, y ETA tendrá mucho qué decir cuando lo haga. Me da que faltan víctimas por salir a la luz, aunque no vayan a serlo de metralla, sino de su propio pasado. Tiempo al tiempo

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