¿A quien tienen que votar los católicos?

Hemos “sufrido” una de las habituales comparecencias del portavoz o vocero, que así lo llaman entreñablemente en América Latina, de la Conferencia Episcopal Española (CEE), señor Martínez Camino (no escribo monseñor porque, desde el luego, no es mi señor, ni tenemos por qué respetar una vieja expresión clerical de distanciamiento y sumisión hacia los fieles). Y digo sufrido porque las suele realizar con un tono sobrado de suficiencia y rango, como si todos los ciudadanos tuvieran que estar atentos a su arenga, o todos los católicos nos viéramos obligados a escuchar los sermones episcopales, traten de lo que traten. Porque, evidentemente, tratando de elecciones, votaciones y preferencias políticas, los fieles no tenemos por qué tener los mismos gustos y criterios que los obispos.Y es muy normal que los tengamos muy diferentes.

Y eso por una razón fundamental: porque ese tipo de orientación no tiene nada que ver con el Evangelio. Es más, a veces, es muy complicado tan siquiera que estén de acuerdo con él. El Jesús que aparece a menudo en las páginas evangélicas no tiene nada que ver con el que nos quieren presentar, también frecuentemente, nuestros pastores. Da la impresión de que no conocemos el Evangelio, o de que ciertos matices del mismo han de ser dejadas de lado. Por ejemplo, todos los textos en los que el Maestro denota su malestar con el “sistema” socio-político-religioso que le toca vivir, y larga con saña contra todo tipo de autoridad, no solo política contra romanos o senadores judíos, sino también, y principalmente, contra los Sumos Sacerdotes, que vienen a ser el Papa y los cardenales de aquel tiempo.

El portavoz de la CEE ha venido a decir que los católicos no deben votar “a los partidos que son favorables al aborto y al matrimonio homosexual”. Esas indicaciones y otras más dejan abastante claro que el unico partido que se libra de la censura es el Partido Popular, el PP. Es lógico y evidente que los obispos no citen expresamente a ninguna formación política. Y así lo afirmarán, como lo han checho otras veces, cuando alguien los recrimine por querer marcar el voto. A esto hay que  argüirles dos cosas: que los oyentes o lectores no somos tontos, y que hay un dicho en español que habla, más o menos, de tirar la piedra y esconder la mano”.

Yo no conozco a nadie, de ninguna formación política, a quien le guste el aborto o lo considere una solución ética. Pero es que el legislador no se pronuncia, ni puede ni debe, sobre la moralidad de un comportamiento, sino sobre la “juridicidad” del mismo. En el caso que nos ocupa, trata de la despenalización, bajo determindadas condiciones, del aborto. Sé de quienes, como yo, aborrecen visceralmente esa práctica sangrienta, la consideran una lacra moral y una tragedia social, y, aun así y con todo, ven la depenalización del aborto como un mal menor, sin entrar en su moralidad. Ésta queda relegada a la conciencia del individuo, a sus criterios y principios morales. Y la gran mayoría, hasta los que lo cometen, demuestran con su inquietud y desasosiego de conciencia, el repudio ético de ese comportamiento, al que, a veces, se ven, o se sienten, abocados.

Con respecto al matrimonio homosexual la consideración es otra, radicalmente diferente. En esta materia nadie, en sano juicio, introduciría la sospecha del delito, ni en su posibilidad legal, ni en su celebración administrativa, ni en sus consecuencias comportamentales. Se trata, lisa y llanamente, de diferentes enfoques y valoraciones morales. Ya hemos recordado dn este blog que el mismo Santo Tomás de Aquino enseña que la norma próxima de moralidad de la conciencia del individuo. La jerarquía de la Iglesia no tiene ninguna competencia para dictar normas éticas a los que no quieran aceptar su magisterio, y menos para dictar normas jurídicas. Así que tampoco la tiene para insinuar, más o menos veladamente, el sentido de voto de sus fieles. En este tema, y en otros de contenido jurídico y socio-político, elo católico es perfectamente adulto y libre para expresar su opinión democrática. La moralidad no se encuentra en las posibilidades jurídicas que proporciona la legislación a los ciudadanos, sino en el comportamiento concreto de éstos. Y sacar ventajas legales de un cierto tipo de decisiones administrativas, como la posibilidad del matrtimonio homosexual, no es, que se sepa, nada ainmoral en sí mismo.

Y para acabar, una observación final: ¿hay algún partido político que se acerque  más que otros al discurso del Evangelio sobre los bienes y el dinero? Porque sobre esto sí que encontramos criterios claros, clarísimos, en las palabras de Jesús. No así sobre el aborto o el matrimonio homosexual. ¿Aguien sabe explicar por qué los obispos se empeñan en iluminarnos con su magisterio el voto democrático sobre temas inexistentes en el Evangelio, y no nos recuerdan con autoridad apostólica asuntos en los que Jesús, además de explícito, fue duro, candente y absoutamente original? Esos asuntos, como los bienes y el dinero, de mayor y más directa incidencia en el comportamiento, y en las consecuencias públicas y sociales, ¿no merece la atención de nuestros pastores? La justicia social y distributiva, por ejemplo, ¿es un tema tema menor?

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

6 Responses to “¿A quien tienen que votar los católicos?”

  1. Los cristianos deberíamos oír hasta el aburrimento de boca de nuestros pastores que nuestro voto solo apoyará al partido que más beneficie la igualdad y la inclusión social o al que haga la aportación mayor a la ayuda al desarrollo o…¿No hay que dar a Dios lo que es de Dios? Sí, y suyo es el Reino de Justicia.

  2. Personalmente estoy cansada de que se intente dirigir nuestro voto bajo la premisa de que todos los católicos en conjunto debemos o no votar a uno u otro partido. Cada persona es un mundo, tiene sus propios valores, principios, su propio criterio. ¿O es que somos como borregos que tenemos que seguir una indicación?

  3. Juli, estoy contigo. Se puede sugerir lo más evangélico, pero nunca utilizar una ‘vuelta de tuerca’ sobre la conciencia.
    Dijo el CVII: “que la verdad no se impone de otra manera, sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra suave y fuertemente en las almas.”

  4. ¿Qué diría usted si alguien escribiera lo siguiente?

    Yo no conozco a nadie, de ninguna formación política, a quien le guste el asesinato de inocentes o lo considere una solución ética. Pero es que el legislador no se pronuncia, ni puede ni debe, sobre la moralidad de un comportamiento, sino sobre la “juridicidad” del mismo. En el caso que nos ocupa, trata de la despenalización, bajo determindadas condiciones, de asesinato de inocnetes. Sé de quienes, como yo, aborrecen visceralmente esa práctica sangrienta, la consideran una lacra moral y una tragedia social, y, aun así y con todo, ven la depenalización del asesinato de inocentes como un mal menor, sin entrar en su moralidad. Ésta queda relegada a la conciencia del individuo, a sus criterios y principios morales. Y la gran mayoría, hasta los que lo cometen, demuestran con su inquietud y desasosiego de conciencia, el repudio ético de ese comportamiento, al que, a veces, se ven, o se sienten, abocados.

    Pues lo mismo que diría usted, lo digo yo de lo que ha escrito usted.

    Su discurso es CALCADO al de los proabortistas. Todos dicen que no les gusta el aborto. Pero que es cosa de cada cual decidir si mata a sus hijos no nacidos o no. Y que el Estado no debe meterse en ello.

    Es una argumentación cobarde, repugnante y servil hacia el lobby abortista.

  5. “Newman tiene una frase que aún hoy, después de dos siglos, sigue poniendo los pelos de punta a la Iglesia y a los teólogos tradicionales: “Prefiero equivocarme siguiendo a mi conciencia, que acertar en contra de ella”. La Iglesia defiende, al revés, que la conciencia debe ser antes formada. Por ella y con el miedo, claro.” Dice Juan Arias en un artículo reciente.
    .
    Mi argumentación le parece a usted “cobarde, repugnante y servil hacia el lobby abortista”, bueno, es una opinión, pero la Iglesia de Cristo no funcionará nunca utilizándola como lobby antiabortista.
    Y muchas gracias, me ha dado usted las palabras que necesitaba para expresar lo que siento cuando se utiliza una terminologia del tipo:”Es una argumentación cobarde, repugnante y servil hacia el lobby abortista”.
    Son ustedes un lobby antiabortista y homófobo, que no tiene que ver con la libertad de los hijos de Dios.
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    PD: CVII, es Concilio Vaticano II, no la IV Internacional.

  6. Javier:
    Tu argumentación, eliminando las expresiones ofensivas e insultantes, tendría valor si ser proabortista fuera lo mismo que aceptar, como lo hacen un sinfín de Estados en el mundo, la despenalización del aborto, como mal menor, y como medio de mayor control sobre el aborto. No sé si sabrás que esta plaga es tan antigua como la humanidad. El imperio romano era abortista, e incluso infanticida. A los que piensan como tú les debería sorprender, y pero no se lo he oìdo a nadie, que el Nuevo Testamento no diga nada sobre el asunto.
    Te diré también que en Brasil, donde viví quince años, país en el que el aborto, era, desgraciadamente uno de los sitemas más usados como contracepción, cayó drásticamente el número de abortos después de la despenalización.
    Y te diré una tercera cosa: se da el caso de que actuales antiabortistas furiosos llevaron sus hijas al extranjero a abortar, bien atendidas, con puclcritud y asepsia, cuando jóvenes españolas se desangraban en abortos clandestinos, que los había, y muchos.
    “No juzguéis, y no seréis juzgados”. Esta frase no es de Karl Marx, por ejemplo, sino de Jesús de Nazaret. (¡Debía de ser un cobarde por no querer juzgar a los abortistas de su tiempo!)

    Areópago

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