Dos noticias refrescantes, una más que otra

Me refiero a las dos siguientes:

1ª) La iglesia anglicana renuncia a la expulsión por la fuerza de los «indignados», y 2ª) Rebelión católica contra Halloween.

1ª) Esta noticia nos trae a la memoria el profundo sentido de comprensión y de acogida que fácilmente se aprecia en las raíces del cristianismo, que llegó, con mucha frecuencia, a altas cotas de comprometida y generosa hospitalidad. Un movimiento como el de los “Indignados”, que abarca a tanta gente variopinta, puede presentar muchas aristas  puntiagudas, diferentes y variados flecos muy discutibles. Como, por otros lado, sucede al cualquier movimiento, carente al principio, todavía, de una organización y un estructura manejables. En el caso que nos ocupa todos sabemos que, movidos por aquel filósofo francés valiente, sincero, y un poco visionario, a decir verdad, muchos ciudadanos, la mayoría jóvenes, dejaron que prendiera en ellos, después de la chispa previa un poco teórica, la llama de la pura, justa y necesaria indignación.

Pero las hogueras se pueden convertir, a menudo, y sucede todos los veranos hasta la saciedad, en incendios. En España pudimos ver cómo al principio el movimiento 15M, como lo llamaron, cayó simpático y atrajo aplausos, y apoyos desde varios frentes. Después, sin embargo, cuando comenzaron a demostrar su libertad, al no dejarse manipular por políticos aprovechados, y a no quererse casarse con nadie, comenzaron contra ellos las puyas, las críticas, los atques y hasta las calumnias. Entre éstas una de las más típicas: aplicar a una mayoría de las personas de un grupo o movimiento conductas clara y necesariamente minoritarias. Y hasta llegar a prefabricar esas conductas criticables, y rechazables por unanimidad,  a través de infiltrados. Esto es algo que siempre se ha hecho, y ciertos últimos eventos huelen demasiado a esa chamusquina.

Pero este movimiento de protesta y de denuncia, sobre todo de las políticas económicas, financieras, monetarias y laborales, es, como demuestra el ancho mundo, una de las iniciativas nacidas en el viejo reino de España que más ha atravesado fronteras, y está trayendo en vilo a las más altas autoridades de los países más avanzados. Así que nos felicitamos de que el cabildo catedralicio de la catedral de San Pablo, anglicano, cuyo deán dimitió por ser contrario a la denuncia, fuera la primera de las instituciones en retirar una polémica iniciativa judicial contra los indignados. Las autoridades de La City londinense han apoyado la decisión del cabildo y se han sumado con presteza a la retirada de las acciones legales. Es muy pronto para aventurar un juicio, tanto moral, como social, como político contra los indignados. Así que cumplamos el evangelio, dejemos el juicio a Dios, y no juzguemos.

2ª)   La segunda noticia que me alegra, pero menos, es la protesta y denuncia de los obispos italianos contra la introducción, cada vez más irreversible, desgraciadamente, como parece, de la celebración del Halloween. Y me ha alegrado por dos cosas: 1º) por el contenido de la protesta, contra una expresión cultural ajena por completo a nuestras latitudes, que ya tenía hace siglos cubierta esa necesidad de exorcismos de fantasmas y brujas, como expliqué en mi entrada hace unos días; y 2º) por ser realizada por un episcopado que sale a la palestra para algo diferente que oficiar las consabidas condenas de cierto tipo de legislaciones, o determinadas prácticas científicas en mantillas o en experimento. A mí me parece bien esta protesta de los obispos contra la mascarada del Halloween, que cae de lleno, pienso, en su quehacer pastoral. Tienen todo el derecho a velar porque no se infiltren, en venerables tradiciones, aunque se trate de fenómenos cercanos a una especie de “culto folklórico”, visiones, valores y filosofías cosmológicas y exotéricas que nada tienen que ver, ni cultural, ni religiosa, ni teológicamente, con ls valores cristianos.

Dicho esto, me queda por aclarar la razón por la que esta noticia me resulta menos refrescante que la primera. El motivo es el modo o manera que han empleado los obispos italianos para argumentar la protesta. Ya he dejado clara mi opinión de que tienen todo el derecho y hasta el deber. Pero en el argumentario (¿existe esta palabra?, pues la acabo de inventar, si no) es donde con frecuencia los prelados resbalan, en mi opinión. Por ejemplo, para el arzobispo de Bolonia, el cardenal Carlo Caffarra, se trata de una “horrible rendición al creciente relativismo“. ¡Hombre!, no mezclemos churras con merinas para halagar al jefe, que insiste en la plaga del relativismo. Me parecen más sensatas, y más propias, las palabras del arzobispo de Turín, monseñor Cesare Nosiglia:

“Desearía que los padres y educadores rechacen la ilusión de que de esta fiesta importada de los Estados Unidos sea un carnaval alegre e inocuo que no deja trazas -prosiguió el arzobispo turinés-. Y que comprendan, en cambio, el riesgo que comporta secundar una fiesta que tiene como fuente inspiradora el espiritismo y el sentido de lo macabro… Tal fiesta no tiene nada que ver con la visión cristiana de la vida y de la muerte”. Estas palabras las suscribo al completo. Pienso que el arzobispo tiene toda la razón, y, además, lo ha dejado bien claro.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

One Response to “Dos noticias refrescantes, una más que otra”

  1. Es que simplemente en Halloween no se celebra nada cristiano; los niños y los jóvenes se disfrazan porque son unos simples que gustan de eso. Sin más.
    Uno pueden celebrar la Pascua florida y otros, o los mismos, el equinoccio de primavera ¿Y qué? ¿Quita o pone algo a la Resurrección el comienzo vigoroso de la primavera? Pues esto es lo mismo pero de cara al invierno y en un mundo cada vez más uniforme, las diversiones son lo primero que se socializan.

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