¡Vayase, señor Dios!

Hace unos años, en un espectáculo de humor,  (www.elgarrofer.com/2011/02) se representaba una multitud vociferando contra Yavé y pidiendo que se fuera: “Millones de creyentes se levantaron ayer para exigir la dimisión inmediata de Yavé por su incapacidad manifiesta para curar a enfermos terminales de cáncer y evitar todo tipo de calamidades”. Ante la negativa de la solicitada dimisión, la multitud se arremolina en Roma, y hay serias dificultades para controlar la revuelta y la protesta popular. Hasta aquí un resumen del humor.

Uno se pregunta, con mucha frecuencia, el por qué, y el para qué, de la Religión. La respuesta de la fenomenología religiosa es, más o menos, la siguiente: el ser humano tiene necesidad de seguridades, de alguien que garantice el orden y la racionalidad de este mundo y de esta vida. Entonces, ya que no puede encontrar semejante bicoca, absolutamente necesaria, sin embargo, en el horizonte humano y terrestre, lo busca fuera, y se comporta como si lo hubiera encontrado. Y hace todo lo que puede, -piénsese en ritos y sacrificios- para que ese Ser, o esos seres, Dios o los dioses, están satisfechos y no se vuelvan contra el hombre. Así que la Religión es, desde luego, una construcción de abajo arriba, donde el ser humano es el que comanda la búsqueda, el conato de encuentro, saca las conclusiones del mismo, y negocia y administra sus consecuencias.

La Revelación es, o así se presenta, de otra manera. Es de arriba abajo. Pero es una falsa apreciación y una grave equivocación, que muchos cometen, vivir la experiencia cristiana como una práctica religiosa. En la Revelación no es el hombre el que busca desesperadamente, sino que es “buscado” y encontrado por un ser vigilante y atento a sus necesidades reales, no solo a las aparentes, y con frecuencia falsas, de la religión. Quiero decir, tanto en el judaísmo como en el cristianismo las necesidades humanas no son tapadas, disimuladas ni encubiertas, o solapadas. Son las que son, el comer, el beber, el superar la enfermedad, la muerte y el trastorno mental. Y si Dios no sirve para estas cosas, ¿para qué, entonces? De ahí el grito irreverente de protesta, ¡váyase, Señor Dios!

Voy a acabar esta entrada con los dos textos de la misa de hoy, que, a pesar de ser la fiesta de San Franciso Javier, patrón de Navarra, (¡a mucha honra!), son los correpondientes a la feria del tiempo, es decir, sábado de la 1ª semana de Adviento. Voy a recortarlos, dejando lo que me interesa resaltar.

1ª lectura: “Así dice el Señor, el Santo de Israel: “Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, no tendrás que llorar, porque se apiadará a la voz de tu gemido: apenas te oiga, te responderá. Aunque el Señor te dé el pan medido y el agua tasada, ya no se esconderá tu Maestro, tus ojos verán a tu Maestro. Si te desvías a la derecha o a la izquierda, tus oídos oirán una palabra a la espalda: “Éste es el camino, camina por él.”

Te dará lluvia para la semilla que siembras en el campo, y el grano de la cosecha del campo será rico y sustancioso; aquel día, tus ganados pastarán en anchas praderas; los bueyes y asnos que trabajan en el campo comerán forraje fermentado, aventado con bieldo y horquilla”. (Is, 30,19-21.23-26)

Evangelio: “En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias. Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor… A estos doce los envió con estas instrucciones: “Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad (¡!) enfermos, resucitad (¡!) muertos, limpiad (¡!) leprosos, echad (¡!) demonios. (Mateo 9,35-10,1.6-8)

La relación del hombre con Dios, y de Éste con el hombre, no se realiza tanto en el culto, los ritos, y las exigencias impuestas por los “profesionales” de la Religión, muchas veces fruto de un moralismo refinado y complicado (hechiceros, brujos, videntes, magos, chamanes, sacerdotes), sino que tiene sentido, y se vive, a partir de la verdadera experiencia existencial del ser humano, como proclama el documento conciliar “Gaudium et spes: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”. Pues eso.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

One Response to “¡Vayase, señor Dios!”

  1. Así, ni más ni menos. ES lo que hay. Abrazos.

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