Las “Martas del Castillo” de África

Las Martas y los Pepes, y las Anas y los Pacos, y los miles y miles de niños de entre un día y dos años que mueren, cada día, de desnutrición y de abandono. Más o menos, más más que menos, unos cinco mil al día (5.000, una obscenidad). Sin nombre, sin historia, sin proceso criminal, sin policía, sin ruido mediático, sin radio, ni televisión, ni periódicos. Un silencio cómplice, una desolación desértica y mundial. Una vergüenza, una guerra sin balas ni fusiles. Una matanza cruel y despiadada. Una atrocidad.

Incluso la perenne crisis del Africa habrienta no es crisis. Es una calamidad necesaria, una fatalidad de los dioses y sus servidores, los hechiceros, es la consecuencia de la falta de inteligencia y desarrollo de pueblos primitivos, cuya única utilidad es de servir de mano de obra de la gente verdaderamente desarrollada, que es la que importa. Dicho así suena a racismo y a xenofobia. Pero no dicho de ninguna manera, sino hecho como hasta ahora por las potencias coloniales, antes en todos los sentidos, – religiosos, sociales, políticos económicos-, hoy solo en lo económico y en la intoxicación informativa de la cultura del pasatiempo, resulta demoledor.

De vez en cuando la hambruna del “cuerno de África” aparece en las primeras portadas de los periódicos de la sociedad (ex)opulenta de (ex)mercado, pero siempre como un acontecimiento bajado directamente del cielo, sin responsabilidades temporales, ni geográficas, sin causas, sin origen, sin motivos, sin explicaciones. Europa y Norteamérica, y Japón, y China y la India, y Brasil, no tienen nada que ver con la hecatombe humanitaria de África, ni con el crimen atroz que mata todos los días, ¡es preciso ser reiterativos y repetirlo hasta que la vergüenza nos baje por el cuello hasta el corazón!, que asesina, digo, unos cinco mil, 5.000, niños a causa del hambre de las madres y de los males de ahí provenientes, de enfermedades nuevamente procesadas por falta de calorías, consecuencia de la carencia de los nutrientes más necesarios, como proteinas, vitaminas, alimentos ricos en calcio, etc.

No hay que ser un premio nobel de economía para saber que la concentración en cárteles de alimentación, -de granos (en especial el trigo y el maíz), de aceites, de lácteos, de legumbres, de carnes y pescados, y en África hasta de raices-, y la infame comercialización mundial de alimentos, así como la dedicación de suelos fértiles para la producción de biocombustibles, baratos de producir y de fácil reposición en diversas cosechas anuales, junto con la eterna descapitalización de los africanos, -es una suave, mentirosa e hipócrita manera de afirmar que nunca han tenido un duro, ni ahora lo tienen-, todo ello, provocado por políticas y acciones comerciales y financieras, es decir, por gente con nombre y apellido, todo ese conjunto de variables perfectamente controladas por quienes todos sabemos, hace que el hambre, la desnutrición, las epidemias y las pandemias tengan responsabilidades, y, consideradas, desde el horizonte del Derecho penal, perfectamente posible, con delicuentes muy específicos, tanto de personas físicas, como, sobre todo, de personas jurídicas.

Ante este panorama, el espectáculo obsceno y miserable que nos ofrecen las televisiones en España, cultivando el morbo de cierto tipo de asesinatos para ganar audiencia, es vomitivo, cruel, sangrante, despiadado y miserable. No hace honor a la legítima preocupación ciudadana por la seguridad y el bienestar de sus conciudadanos, ni hace ningún favor a la familila y allegados de la víctima, sino que provoca un terrible, inaudito, desmesurado agravio comparativo con tantas víctimas humanas, en el mundo entero, -hoy me he referido, sobre todo a los africanos-, que sin nombre, ni lápidas, ni jueces, ni fiscales, ni policía, ni recuerdos, ni atención mediática, son masacrados por la violencia criminal de una cultura, ¡a cualquier cosa llamamos cultura!, falsamente llamada neo-liberal, que merecía ser denominada inhumana y deshumanizadora.

Jesús Mª Urio Ruiz de Vergara    

One Response to “Las “Martas del Castillo” de África”

  1. No quita el sueño, eso es lo que ocurre.
    No hay masa crítica de indignación; de hecho tan apenas se comenta en las conversaciones.
    Pensamos en la comida como fuente de placer sin otra matización que compaginarla con lo saludable.
    .
    “Danos hoy nuestro pan de cada día” y pensamos con un grado grave de equivocación: en mi pan de cada día.

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