La Madre y los hermanos de Jesús

 “En aquel tiempo, vinieron a ver a Jesús su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces lo avisaron: “Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.” Él les contestó: “Mi madre y mis hermanos son éstos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen por obra”. (Luc 8, 19-21) (Evangelio de la misa de hoy, martes de la 25ª semana del tiempo ordinario).

Este evangelio es una demostración más de que Jesús tenía una idea muy madura y nada ñoña ni romántico-barata de la familia. A pesar de todas las facilidades que encontramos hoy en Internet me resulta imposible confirmar, lo intentaré otro día, si fue Erich Fromm, como me parece, el que afirmó que el Maestro de Nazaret tenía una idea muy clara y madura de las relaciones familiares. Y que, según esa idea, era su enseñanza. Y no solo ésta, sino su comportamiento, coherente con aquellos párrafos tan duros sobre el “odio” a padre y madre, hermanos, etc. El texto de Lucas es sobrecogedor: “Si alguno viene junto a mí y no odia (sic, en griego) a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío”. Que si no es odio en el sentido estricto, sí que es poner a todos ellos en segundo, tercero, o, todavía, más alejado lugar.

Muchos psicólogos de esos buenos, y con un buen lastre filosófico, enseñan que, en demasiadas ocasiones, es decir, casi siempre, es muy complicado amar libremente a Ana, o Rosalía, o como se llame la madre, justamente por estar muy apegado a ésta, no a la persona que es Ana, etc, sino a la madre como madre. Y no olvidemos que el ser madre y ser hijo no es otra cosa que una relación, uno de aquellos accidentes de los que tan sabiamente hablaban Aristóteles, y después aclaró, como hizo con tantos temas, Tomás de Aquino. Lo sustancial no  es ser madre, que es ontológica y cronológicamente posterior, sino ser persona, ser Ana, Rosalía o Luisa. Y a veces para amar a ésta hay que “odiar” a la madre. Y lo mismo pasa con el padre, a quien es preciso dejar de lado para poder relacionarse y amar a Agustín. Por ahí iban los tiros de Freud con su teoría de matar al padre. Tal vez así podamos amar a la persona que ahí se esconde.

A alguno le podrán parecer elucubraciones todo esto que estoy escribiendo. Pero lo que no se puede discutir es que, en el Evangelio, ni una sola vez Jesús llama madre a María, y que siempre pone distancia entre él, su madre y su familia. Hay montones de textos que nos ilustran lo que estoy diciendo. Y no es el caso, ahora, de cansar a los lectores con una clase de evangelios ni de exégesis. Me gusta, además, conectar este tema con el magnífico ensayo de Karl Rhaner, s.j., “María, la primera redimida”, en el que también aparece como la primera creyente y la primera oyente, y más fiel, de la Palabra. Así que al afirmar Jesús que los que escuchan su Palabra esos son “su madre y sus hermanos”, está destacando, como la primera de la lista a María. No por el hecho, que no deja de ser biológico, de ser madre, sino por la profunda realidad íntima, existencial, psicológica y salvífica de ser fiel y creyente. Esta es la verdadera grandeza de esa joven valiente y generosa de Nazaret.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara  

 

One Response to “La Madre y los hermanos de Jesús”

  1. me gustó mucho leer algo de un amigo hermano tán querido e fiel a los más puros corazones:de Jesus y de María ( y lleva en su nombre esta confirmación!)
    Y que este Amor Amplio que trascende la familia de sangre y que nos aún nos une se expanda a toda la Tierra para hacer la Pás a todos los sitios.
    Gracias siempre por todo lo que haces …
    abrazo y un saludo antiguo desde Brasil,
    Conceição
    Me acuerdo que hoy (5/10) és tu cumpleaño
    y aprovecho para desearte Salud, Alegría y mucha Inspiración y Vida Larguíssima.

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