Jesús, ¿casado? ¿Y?

Nos marean con los papiros, manuscritos, y toda la parafernalia que mueve tinta, papel, lectores e influencia en la opinión. Leí ayer un largo artículo en “El país”, firmado por Juan B. Bedoya, que debe de ser el responsable de la información religiosa del periódico. Coincidí con él en una cena que organizó, hace unos años, la revista “21rs” con los jefes de información religiosa de varios medios, también estaban el de Radio Nacional, de la agencia EFE, de ABC, la Razón, “El país”, “el Mundo”, que yo recuerde. Me tocó entre Bedoya y José Manuel Vidal, de “El Mundo”. A los dos los sigo. Al primero, siempre que escribe en “El país”, que lo hace con la misma frecuencia en la que aparecen temas sonados y atrayentes, y al segundo  casi todos los días en Religión Digital (RD).

El artículo de ayer me confirmó en una idea que voy teniendo de Bedoya últimamente. Se trata de su progresiva, y creciente, inclinación a la exageración, a la ampliación del alcance de la posible noticia, y, ¡que me perdone el colega y amigo!, y al trato frívolo y poco profundo de muchos asuntos. Circula entre los periodistas la versión, o eso parece, porque así lo demuestran con los hechos más que con las declaraciones, de que con poner unos cuantos datos, nombres, fechas y citas de informes y de frases altisonantes de autores famosos, el artículo en cuestión aparenta seriedad y calado. Pero, en mi opinión, en el tema que yo entiendo, en la información religiosa, raramente hincan el diente en el hueso duro de roer, que nunca es la noticia brillante y efectista, sino el fondo cultural, sociológico, filosófico, y, en nuestro caso, bíblico y teológico.

Según el artículo en cuestión, la jerarquía de la Iglesia esconde informaciones como la de que Jesús estuvo casado, porque “asusta esa idea”, y sigue con argumentos peregrinos. Asusta porque  admitiendo el matrimonio de Jesús caían por tierra todos los argumentos cristológicos a favor del celibato, y del edificio moralista que se ha construido sobre la sexualidad. Y cita el siguiente texto de Juan José Tamayo: Si en los primeros textos no hay referencias al matrimonio de Jesús, es porque en el contexto judío lo normal era que estuviera casado. ¿Por qué, entonces, las reacciones, más viscerales que argumentadas, en contra? Las razones tienen que ver con el sexo. Porque cae por tierra todo fundamento cristológico del celibato impuesto a los sacerdotes; porque pierde justificación la superioridad de la vida consagrada a Dios sobre la vida de los cristianos seglares, y porque se desmonta la visión negativa que la Iglesia tiene de la sexualidad y la consiguiente represión sexual que impone”.

Todos los que leéis este blog sabéis que no dudo en criticar a la jerarquía cuando opino que se lo merece. Y que también, una de las constantes del Areópago es la consideración de que la Iglesia es mucho más que la cúpula eclesiástica. Y que la relación, y la idea, y la práctica, de la Iglesia con el tema sexo, hay que considerarlo a nivel de toda la Iglesia, de todo el pueblo de Dios. He salido muchas veces en defensa de Tamayo y otros teólogos censurados y perseguidos. Pero lo cortés no quita lo valiente, y, en el texto citado, no estoy para nada, y en casi nada, de acuerdo. Y mi reparo fundamental es el anacronismo en la consideración de los comportamientos sexuales. Tengo la impresión de que lo hacen con una mirada torva, con la misma con la que hoy lo hace la jerarquía eclesiástica. Pero que no fue la misma que hubo en los primeros siglos, y hasta mucho tiempo después.

El sexo no fue considerado pecado serio, grave, decíamos antes, hasta el siglo XVIII, cuando la aparición de congregaciones moralistas exageraron la importancia y la incidencia de los comportamientos sexuales de la gente. El mismo San Agustín, que tan banalmente es considerado por algunos casi como un integrista, incluía la fornicación en la lista de pecados veniales que se perdonaban con una jaculatoria o un padre nuestro. Y los que insisten en las famosas listas morales de las cartas de San Pablo olvidan que no eran originales cristianas, sino que estaban de moda por la influencia de epicúreos y estoicos, y que ponían, al mismo nivel, la fornicación, la murmuración, la frivolidad, la coquetería, el mal genio, etc. Y que no perseguían una referencia moral, ¡mucho menos religiosa de pecado!, sino filosófica y humanista.

También olvidan muchos que la ley del celibato, como tal, solo se promulga en la Iglesia en el Concilio Lateranense IV, en el siglo XIII, y se intenta imponer con obligatoriedad y firmemente a partir del Concilio de Trento, con el maravilloso ejemplo de papas y cardenales, éstos maravillosamente acompañados en la “Vilas” romanas por las mujeres, (o los efebos), más deslumbrantes.

Así que no intenten sacar conclusiones del hecho de que Jesús estuviera casado, y, sobre todo, de que se quiera, o no, esconder esa situación. Soy de los que opinan que la salvación depende no de aspectos biológicos, ser soltero o casado, o vivir en pareja, como se dice hoy, es, además de un estado jurídico, una situación eminentemente biológica que no debe hacer depender nada en el orden de la salvación. Lo que nos salva es la voluntad misericordiosa y eficaz de Dios, que realiza una obra admirable y visible en el mundo de los hombres a través de su Hijo Jesús, él mismo pura visibilidad del Amor del Padre.

En esta perspectiva, el que Jesús fuera soltero o casado, o, incluso, padre de familia, no debía de cambiar nada. Y sobre lo que afirma Bedoya de que en la iglesia se ha considerado más perfecto el estado de “vida consagrada” que el del matrimonio, lo habrá sido por algunos cuyo pensamiento no se caracteriza por la profundidad y el rigor. Tampoco es para tener en cuenta frivolidades como eso de ser tropa o estado mayor. La imagen no tiene ni teología ni gracia. Lo que cuenta es, como dije en un retiro que prediqué al Consejo General de unas monjitas en el barrio del Viso, y ellas aceptaron de buen grado, es que el matrimonio es un sacramento, y la consagración por los votos un sacramental, y que San Pablo, tan denostado, habló maravillas del matrimonio, al que calificó de “gran misterio es éste”, porque él lo veía, nada menos, como una imagen y parábola de Cristo con su Iglesia.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Discussion area - Dejar un comentario






He leído y acepto las condiciones generales y la política de privacidad


Información básica sobre protección de datos
Responsable: REVISTA REINADO SOCIAL 21RS (más info)
Finalidad: • Gestión de la adquisición del producto, suscripción o donativo, así como la tramitación de los mismos.
• Envío de comunicaciones relacionadas con el proceso de compra, las suscripciones o los donativos.
• Envío de comunicaciones y ofertas comerciales, por diferentes medios, incluidos los medios electrónicos (email, SMS, entre otros). (más info)
Legitimación: Ejecución de una compra online, suscripción o donativo. (más info)
Destinatarios: No se cederán datos a terceros, salvo obligación legal. (más info)
Derechos: Acceso, rectificación, supresión, cancelación, y oposición. En determinados casos derecho a la limitación del tratamiento de sus datos. (más info)
Información adicional: Puede consultar toda la información completa sobre protección de datos a través del siguiente enlace (más info)
Los enlaces de (más info)