La Iglesia y su relación con las riquezas

Hoy en la misa de la celebración de San Antonio Abad, hemos oído, en el evangelio según San Mateo, la llamada del joven rico. Ya sabemos lo que pasó, que no aceptó esa invitación “porque era muy rico”. Pero lo que llama la atención es el terrible alegato de Jesús, ciertamente sorprendente, “en verdad, en verdad os digo que es más difícil que un rico entre en el Reino de los Cielos que un camello pase por el ojo de una aguja”. La comparación es tan bárbara y, aparentemente, tan hiperbólica, que algunos comentaristas se han apresurado en encontrar explicaciones más “verosímiles”, como que con la expresión “el ojo de una aguja” se trataría de una pequeña puerta de las murallas. Como digo a mi gente, al leer la Biblia hay que estar, generalmente, más atento al “qué” que al “cómo”.

Y el qué del texto anterior está clarísimo: la tremenda dificultad de servir a Dios y a los hermanos, es decir, entrar en la dinámica del Reino, cuando uno aprecia excesivamente al dinero y a las riquezas. Y que se debe entender así no lo demuestra la reacción espantada de los discípulos: “Si es así, ¿quién puede salvarse?” Así como la respuesta del Maestro: “es imposible para los hombres, pero para Dios todo es posible”. No se me ocurre otra interpretación de este aserto del Señor que la siguiente: solo un milagro de Dios, de los auténticos y gordos, porque se trata de mover el corazón del hombre, puede conseguir que alguien que confía y se apega en exceso al dinero pueda, al mismo tiempo, tener bien abiertos los “ojos del corazón” para la Gloria de Dios y el servicio a los hermanos.

Hemos tenido un diálogo en la misa. Éramos once fieles, un hombre y diez mujeres, y el cura, que soy yo. Nos hemos interrogado si de verdad creemos este evangelio, o las palabras de Jesús nos parecen exageradas y extemporáneas. La respuesta, es que, en teoría, nadie se atreve a decir que la enseñanza del Señor sobre el dinero y las riquezas sea puramente retórica, e imposible de cumplir. Pero en la práctica constatamos que es esto último lo que sucede. No somos verdaderos “pobres en el Espíritu”, (pobres de Yavé, anawim), y decimos confiar mucho en Dios, pero este ejercicio religioso y piadoso nos resulta mucho más fácil con el bolsillo bien repleto de doblones.

La pregunta, bastante obvia y lógica, es si la Iglesia-institución cree o no, en la práctica, esa palabra. Porque en teoría, ya sabemos que sí. Pero así como la confianza en el dinero no parece resultar un fuerte escollo en los miembros particulares, individuales, de la Iglesia, pensamos que una defección de ésta como tal en este asunto tan central del Evangelio, sería alta, y alarmantemente, significativa y perturbadora. Porque si la advertencia de Jesús, “no podéis servir a Dios y al dinero”, tiene toda su validez en cada uno de sus seguidores, por elemental deducción, su exigencia y valor será mayor para la comunidad como tal. Así que nos hemos preguntado: “la Iglesia oficial, entendiendo como tal a la Iglesia jerárquica, ¿cumple esa palabra? Y si no, ¿desde cuándo eso sucede?”, dando por sentado que los primeros discípulos fueron fieles, en este punto, a la palabra del Señor.

(Otro tema interesante que no me ha dado tiempo ni espacio para acabar. Así que seguiré, Dios mediante, mañana).

(Areópoago)

One Response to “La Iglesia y su relación con las riquezas”

  1. La ultima vez que visite la catedral de Pamplona-Iruñea me quedé asombrado: al entrar me dicen que tengo que pagar. Les contesto que soy navarro y que el Gobierno de esta comunidad está, en su mayor parte, subvencionado y manteniendo el templo con el dinero de todos. En vano. Son 5 euros. ¡La casa de mi Padre se ha convertido en cueva…!

    Dando vueltas al billete de entrada me doy cuenta de que no figura el IVA. ¿Fallo de impresión? ¿Exención privilegiada? ¿Será posible que este negocio o comercio esté exento con la que está cayendo? Si me lo dijeran de los locales de Cáritas, lo entendería. Pero estos señores, ¿qué aportan a esta dolorida y empobrecida sociedad? ¿Realmente este templo les pertenece? Tengo entendido que en el extranjero los templos en los que cobran entrada pertenecen al Estado, pero este no: este pertenece a todos los navarros, católicos o no, porque ellos, sus antepasados o sus representantes, durante muchas generaciones han sostenido y mantenido todos y cada uno de los templos de esta comunidad con su dinero, con su trabajo personal o con ambos.

    Podrán tener todas las leyes de su parte, ¡oh maravillas de la política!, pero una cosa es la ley y otra la justicia. Lo malo, lo triste es, a la vista está, que han olvidado la parte más importante de la doctrina del nazareno.

    No sé, pero me parece que si el de Nazareth levantara la cabeza…, se haría de nuevo con un látigo.

    Contrariado, y por ello nada predispuesto al recogimiento que nuestro templo inspira a los que de niños acudíamos a él, sigo contemplando sus tesoros sin entender para nada la actitud de estos dirigentes eclesiásticos nuestros.

    De vuelta a Barcelona voy a la Catedral, donde acostumbro a ir al lavabo que hay en el claustro ( donde estan los cisnes) ya que en todos los bares de la ciudad han puesto un letrero: “WC solo para clientes”. Pues me encuentro que en la catedral de Barcelona te soplan cuatro euretes por entrar de 2 a 4 de la tarde, el resto del horario es gratis.
    Soy consciente de que dentro de la Iglesia católica hay personas e instituciones verdaderamente admirables por su entrega y altruismo, pero su jerarquía se esconde y parapeta detrás de ellos para conservar prebendas y privilegios que, además, gestionan deplorablemente. Dónde está aquello de “vende cuanto tienes, dáselo a los pobres, y luego ven y sígueme…”. Y aquel hombre se entristeció porque era un hombre rico..

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