¿Qué pasa con la jerarquía de la Iglesia?

(Comparando monjas; y escribiendo en conciencia)

Quiero dejar bien claro que estas líneas se deben a dos realidades muy importantes en mi vida: mi amor a la Iglesia, y la lealtad a mi conciencia. A mis 71 años no voy a estar a expensas de que mis opiniones, muy pensadas y meditadas, puedan o no comprometerme ante la opinión de algún jerarca de la Iglesia. Sobre todo si las expreso con prudencia, sin resquemor, y con todo respeto, sin sombra de ofensa o insulto. Lo que no quiere decir que, a veces, no llegue a ser duro y drástico. Como en el párrafo siguiente, con las “peligrosas” (¡perdón!) monjitas azules.

Como prometí ayer, vuelvo con lo de esas religiosas, según la denuncia de 32 familias del pueblo de Zas, en Galicia. Ya expresé mi opinión, cuando saltó todo el lío maloliente y pútrido del fundador de los “Legionarios de Cristo”, sobre la sorpresa, y desazón que me causaba el que en los años cuarenta del siglo pasado el Vaticano hubiera permitido una fundación con ese nombre guerrero y militarista. Pues bien, en esa línea, me sigue sorprendiendo que el obispado de Toledo, pues se trata todavía de un Instituto religioso de derecho diocesano, haya tolerado, el año 1977, un instituto religioso con el exótico y cursi nombre de Fraternidad Reparadora Apostólica en el Corazón de Cristo Sacerdote.

Sí, todavía con la Teología de la Reparación. No se dan cuenta los que la mantienen que se trata de un falso humanismo, como si las buenas acciones del hombre pudieran “reparar” los destrozos causados por el pecado. Además, ¡anda ya!, que menudo lugar tan hermoso han elegido esas monjitas para edificar su coqueto chalet, nada menos que el Corazón de Cristo. Pero dejando de lado las chanzas con el nombrecito, quiero expresar mi indignación con la poco evangélica “tolerancia” con que la Jerarquía eclesiástica trata determinados fenómenos eclesiales, cuando es tan estrecha, rígida y censora, con otros.

Tenemos el caso que me motivaba ayer la dolorosa comparación. Mientras unas religiosas, de las que lo menos negativo que se puede afirmar es que, a los ojos de la gente, parecen unas fanáticas, intolerantes, casi tridentinas, y que a estas alturas todavía amenazan a los niños, y a sus padres, con el demonio, y obligan compulsivamente a sus catecúmenos a la confesión, son fervorosamente defendidas y alabadas por sus obispos, otra religiosa, a todas luces equilibrada, con una espiritualidad crítica, pero evangélica, como Sor Lucía Caram, es censurada, temida y evitada, como si sus palabras fueran a llevar a los fieles a la ruina espiritual o teológica. Como escribí ayer, esto ha sucedido en la diócesis de Oviedo, aunque ya no nos sorprenden nada las decisiones que pueda tomar su obispo. Quiero gritar bien claro que no  por desamor a la Iglesia, sino por todo lo contrario,  es legítimo, y en mi caso, obligación de conciencia, protestar ante la talla mínima, en lo teológico, bíblico y pastoral, y no digamos en la caridad evangélica, de algunos obispos de nuestra pobre Iglesia en España.

Nos están ahogando con el talante pusilánime del pensamiento teológico, litúrgico, moral, pastoral, bíblico, y no digamos, socio-político, de la CEE (Conferencia Episcopal Española), a la luz de sus pronunciamientos, o de las declaraciones de su portavoz. Una vez un obispo carioca me dijo: “Si piensas como piensas, y eres tan crítico con la jerarquía, ¿no serías más libre para hacerlo si abandonas el ministerio?”. A lo que respondí: “No es fuera de la Iglesia, o del ministerio pastoral, desde el que se puede criticar a la iglesia oficial, sino desde dentro. Y te digo, (yo tuteaba a ese obispo), que mi postura se debe a dos  causas: mi amor a la Iglesia, que me llega a doler, y la fidelidad a mi conciencia”. Y él, buen obispo brasileño, concluyó: “Si es así, como lo creo, sigue siendo consecuente con ese amor y con esa fidelidad, ¡dentro del Ministerio eclesial!”.

 Y en estas estoy, y en ellas pretendo seguir. Estoy seguro que mi pequeña aportación al bien de la comunidad eclesial pasa por mi amor a la verdad, y el respeto al contenido de mi conciencia, y a sus postulados y exigencias. No pretendo vivir en una falsa Paz con mis superiores, sino tranquilo y sosegado con mi conciencia.

 Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

2 Responses to “¿Qué pasa con la jerarquía de la Iglesia?”

  1. Es un poco aburrido esto de que nos quieran botar de la Iglesia si somos críticos y si queremos ver un sentido más evangélico, más al estilo de Jesús y no tanto de la “santa Tradición”. Ha de saber usted que yo asistí al Jubileo de Monseñor Raúl Vera, en Saltillo, México. De este hombre se han dicho tantas barbaridades, que si es proaborto, pro gay, que si es comunista. Puras mentiras. Solo es un hombre compasivo y misericordioso. Bueno, el caso es que los “terribles comunistoides” (sic) Gustavo Gutiérrez, Jesús Espeja y Jon Sobrino no dejaban de conminarnos a hacer denuncia profética DENTRO DE LA IGLESIA, llamándonos a ser resistencia dialogante, pero firme en el evangelio. Yo fui a ese jubileo creyendo aun que fuentes como ACIPRENSA o INFOCATOLICA.no podían estar tan equivocadas, y que estos teólogos si podían cojear de la izquierda….Para nada izquierdistas. Solo cristianos comprometidos con la iglesia y con el evangelio, con la mirada puesta en el pueblo y en la buena nueva, en el anuncio del amor de Dios. Querernos someter a esa estructura piramidal les funciona a aquellos que no viven el ideal fraterno-circular de Jesús. Para los que hemos entendido que la autoridad es servicio, y que delante de Dios los más necesitados tienen preeminencia pero nadie está excluido, no nos pueden funcionar esas categorías de monarca vs súbditos, clero vs laicos, hombres vs mujeres, sacerdotes vs religiosas….Y ni modo, tenemos que seguir insistiendo, con respeto pero con firmeza, que la evangelización pasa necesariamente por el respeto de la dignidad humana, por la concientización del valor intrínseco del ser humano por ser hijo de Dios, por el cultivo de la libertad y del servicio a los demás, y que eso no estará jamás peleado con la liturgia, ni los sacramentos, pero que tampoco estos se pueden vivir sin el necesario testimonio humanitario y de socorro al necesitado.

  2. Gracias, Laura, por tu compromiso y disponibilidad. Un abrazo.
    (Jesús Mari – Areópago)

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