¿De qué hablan nuestros periodistas?

Debemos tener periodistas ricos. Seguro que son los menos, pero los que más aparecen. Y algo huele mal en un país cuando los encargados de informar, de denunciar, de hacer y configurar la opinión pública, se enriquecen con su noble trabajo, -¡o por lo menos esperamos que lo sea!-. Digo esto por la facilidad y rapidez con que se escuchan en la radio,  o se lee en los periódicos, opiniones sobre sueldos y remuneraciones de personajes públicos, sobre todo políticos. Ahora que estamos rodeados de basura y sobrecogidos de su hedor, ¡de la basura, claro!, no se puede frivolizar como he oído en la radio esta mañana, para más inri, en Radio Nacional.

Por cierto, qué cambiazo nos han dado con el programa de la mañana, tan soberbiamente llevado por Juan Ramón Lucas hasta septiembre pasado. Claro que el capricho de los nuevos dirigentes le ha costado a RNE la pérdida de casi un millón de oyentes. Pero esos son otros problemas. Venía diciendo que los tertulianos de esta mañana, (no me he quedado con ningún nombre) comentaban lo poco que ganaban nuestros políticos. Se referían a los 135.000 euros de Rajoy como jefe de la oposición, o los “¿míseros?” 55.000 de Rubalcaba por el mismo cargo. Se quedaban tan panchos, y hacían la comparación con lo que gana un político en Alemania, Gran Bretaña o Francia.

Yo no me considero un pusilánime, ni me escandalizo con las contradicciones del sistema capitalista, pero procuro conocerlas, criticarlas, y rechazarlas. Ninguno de los locuaces parlanchines de la radio se ha dignado recordar que, en los países a los que hacían referencia, el salario mínimo es más que el doble que en el nuestro. He aquí una de las taras de nuestro sistema, que las clases acomodados, o los asalariados privilegiados, me da lo mismo, parece que se tienden a igualar en todos los países, aunque la base de la pirámide social sea flagrante e injustamente diferente.

Además, ya lo he comunicado otras veces, pero sin ánimo de fardar, ni de colgarme medallas lo repito, el que esto escribe tiene cuatro licenciaturas, sin contar mis estudios privados de música –harmonía, piano y órgano clásico-, ni los innumerables cursos, (de literatura, periodismo, cine, comunicación y organización de congresos y eventos) que he frecuentado, y no me parece económicamente aceptable que esos señores que he citado ganen once y cuatro veces más que yo. Eso supone que producen, en la misma proporción, más que yo, o que cualquier cura o fraile, igual de preparados que yo, y que se han dejado la piel al servicio de los demás.

No sirve el argumento de que lo hagamos por “el Reino de Dios”. La economía no debería entender de esas cosas, entre otros motivos porque es atea. A una misma calidad y cantidad de producto, o parecida, la recompensa económica debería, si no ser igual, no con distancia tan abismal que ridiculice el reconocimiento humano, social y económico, de unos a favor o en contra de otros. Y que quede bien claro que no me quejo. Vivo mucho mejor que mis padres, y pienso que mi gratificación económica es suficiente.  De lo que me resiento, y lo denuncio, es que otros, para vivir dignamente, tengan que ganar un salario  muchas veces mayor que otros, entre los que se encuentran la gran mayoría de padres y madres de familia que necesitan, también, sustentar a su familia.

Repito, y no me canso de reincidir en esta denuncia: no es de recibo que en un país con salario mínimo ridículo, con pensiones raquíticas, donde seis millones de posibles trabajadores están en el paro, donde hay un millón de familias en las que no entra ni un euro, y que viven de la caridad de sus parientes y amigos, y de la ayuda de Caritas, y, encima, en una situación de agotadora crisis, y provocada, además, irresponsablemente, les parezca a unos periodistas un sueldo muy bajo el de 135.000, o incluso, otro de 55.000 euros, Entonces, me pregunto, y os invito que os hagáis la pregunta: ¿qué emolumentos ganan esos periodistas por sus variadas ocupaciones? Porque esa es otra, el espectáculo de cómo se reparten las tertulias radiofónicas y televisivas las mismas caras y los mismos cansinos discursos. Estoy seguro de que debe de haber otros periodistas más modosos, que conozcan de cerca las penurias y angustias del pueblo. Y la pregunta es: ¿por qué tienen que salir siempre las mismas caras, para repetir, normalmente, los mismos rollos, dependiendo siempre de su ideología, o, lo que es más vergonzoso, de sus simpatías e intereses políticos?

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara          

One Response to “¿De qué hablan nuestros periodistas?”

  1. Un gran empresario, un hombre de negocios, es alguien que se dedica a actividades que le proporcionan lucro personal. El lucro personal a gran escala implica necesariamente la apropiación de una riqueza que no es suya. Y esta apropiación no se puede ejercer sin engaño o coacción, pues nadie suele dejarse arrebatar sus bienes si no es por descuido o por la fuerza. Esta sencilla verdad es uno de esos tabúes que nos han enseñado a no tener en cuenta, aunque en el fondo, todos la conocemos. Pero tengámosla presente en esta argumentación.
    Para ejercer libremente esta apropiación de riqueza ajena, es decir, este robo, el gran empresario precisa que el engaño o la coacción necesarias para hacerlo no sean castigados como delito por el Estado. De ahí la necesidad de controlar en lo posible los poderes legislativo, judicial y ejecutivo. Este control se realiza normalmente a priori, logrando igualmente mediante el engaño o la coacción que los puestos clave de estos poderes los ejerzan personas de su confianza. Luego, a posteriori, si algo sale mal, pueden realizarse acciones concretas: sobornos, chantajes, campañas mediáticas -y si es preciso, por qué no, asesinatos, empezando por los trabajadores mas concienciados, los comunistas y todos los que ofrezcan resistencia a ser explotados
    Como vemos, las normas de funcionamiento de la gran empresa no difieren en casi nada de lo que llamamos mafia. La mafia recibe un nombre distinto simplemente porque desde su nacimiento se organizó como un grupo de grandes empresarios alternativo para acabar con el comunismo. A menudo, se puede hablar, incluso, de intereses complementarios, más que confrontados. De ahí que se dediquen a aquellas “líneas de negocio” que, por distintas razones, los grandes empresarios prefieren dejar sin explotar (casi siempre es el contrabando, esto es, el aprovechamiento de negocios que el empresariado oficial debe dejar “en barbecho” para propiciar otros intereses.) El hecho de que la mafia, al contrario que el gran empresariado, no posea el control general de los poderes del Estado, sino sólo de los denominados individuos “corruptos”, es lo que le da esos tintes siniestros tan típicos. Cuando un juez o diputado es controlado por un mafioso en vez de por un gran empresario decimos de él que es corrupto. Cuando un gran empresario debe usar la fuerza para lograr sus fines, no tiene más que recurrir a los jueces y policías que están a su servicio. Esto, unido a la complicidad de los creadores de ideología, sea el púlpito o la televisión, da a sus acciones de fuerza el necesario aire de legalidad y limpieza. El mafioso, en cambio, debe operar de manera más sucia. Debe contratar a sicarios, porque quizá no tenga policías; debe usar zulos porque quizá no tenga prisiones; debe recurrir a códigos de honor, porque quizá no tenga jueces; debe recurrir a la omertá, porque quizá no tenga medios de comunicación…
    Desde esta manera de ver las cosas,desde la perpectiva de la lucha de clases, es cuando comprendemos que mafia y gran empresa son esencialmente lo mismo, podemos comprender casos como el de Gerardo Díaz Ferrán que, siendo el presidente de la asociación de grandes empresarios de España, CEOE, parece, sin embargo que tiene actitudes propias del delincuente. Este hombre está hoy en boca de todos por cometer faltas que en realidad son constitutivas de la actividad empresarial. Si no fuera por la dura ley de la omertá, él, con toda razón, podría decir a sus compañeros eso de “quien esté libre de culpa que tire la primera piedra.” Estafar a los clientes, al fisco, explotar a los trabajadores… ¿Acaso no es ése el fundamento de la actividad del empresario, el motor de la economía? Es de suponer que Díaz Ferrán ha hecho algo que está prohibido en los códigos de honor de su clan y que es ése el motivo de que ahora se le denoste por pequeños delitos que todos los demás compañeros continúan haciendo -junto con otros mucho más graves.Diaz Ferran dijo que habia que trabajar mas y cobrar menos, pero en realidad estaba sacando el subconsciente del empresario: trabajar con escalvos, como hizieron los nazis

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