“Libertad de pensamiento” y lealtad a la Iglesia.

Escribo estas breves líneas para dejar bien claro qué es lo que entiendo por lealtad a la Iglesia. Lo afirmaré breve y ordenadamente:

  1. Primero diré que entiendo por Iglesia lo mismo que el Conilio: “El Pueblo de Dios”. Todo él, no solo una parte, por muy importante que sea. Como dije desde el pórtico de este blog, para mí la Jerarquía no es la Iglesia, sino una parte, importante, por cierto, de la misma.
  2. En la Iglesia no hay pènsamiento único. La igualdad de pensamiento sólo se da en los Dogmas.
  3. No es lo mismo Dogma que explicaciones del mismo.  Aquel es uno, estas son muchas, y forman el pensamiento teológico variable.
  4. Los conceptos filosóficos, algunos tan importantes y decisivos en la inteligencia del Dogma como “analogía” -y su diferenciación de “analogia fidei” y “analogia entis”-, como el de “sustancia”, que da pie al de transustaciación, no son inmutalbes ni de obligada aceptación. La fe que proclamamos es la de la presencia real, y no el modo -transustanciación- con el que la explicamos.
  5. No va contra la Iglesia ni contra la lealtad a la misma criticar respetuosamente alguna de las afirmacioens o disposiciones de la Jerarquía. Por poner un ejemplo: no todo lo que dice el Papa,  o incluso enseña, lo hace como papa.Puede ser que lo haga, aun sin darse cuenta, como varón, como hombre de los años cuarenta del siglo pasado, como polaco, como intelectual, como europeo, etc.
  6. En los textos que presento más abajo vemos cómo podía haber, y hubo, “violentas discusiones” entre seguidores de Jesús, y hasta broncas, como la que Pablo dio a Pedro  -“delante de todos” en Antioquía. Ni una cosa ni otra colaboró para la destrucción de la Iglesia naciente, sino muy al contrario, para su afianzamiento.

“A raíz de esto, se produjo una agitación: Pablo y Bernabé discutieron vivamente con ellos, y por fin, se decidió que ambos, junto con algunos otros, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los Apóstoles y los presbíteros. Los que habían sido enviados por la Iglesia partieron y atravesaron Fenicia y Samaría, contando detalladamente la conversión de los paganos. Esto causó una gran alegría a todos los hermanos. Cuando llegaron a Jerusalén, fueron bien recibidos por la Iglesia, por los Apóstoles y los presbíteros, y relataron todo lo que Dios había hecho con ellos. Pero se levantaron algunos miembros de la secta de los fariseos que habían abrazado la fe, y dijeron que era necesario circuncidar a los paganos convertidos y obligarlos a observar la Ley de Moisés. Los Apóstoles y los presbíteros se reunieron para deliberar sobre este asunto. Al cabo de una violenta discusión, Pedro se levantó y dijo: «Hermanos, sabéis que Dios, desde los primeros días, me eligió entre todos vosotros para anunciar a los paganos la Palabra del Evangelio.” (Hch 15, 2-7)

“Por eso, Santiago, Cefas y Juan, considerados como columnas de la Iglesia, reconociendo el don que me había sido acordado, nos estrecharon la mano a mí y a Bernabé, en señal de comunión, para que nosotros nos encargáramos de los paganos y ellos de los judíos.   Solamente nos recomendaron que nos acordáramos de los pobres, lo que siempre he tratado de hacer.   Pero cuando Cefas llegó a Antioquía, yo le hice frente porque su conducta era reprensible.   En efecto, antes que llegaran algunos enviados de Santiago, él comía con los paganos, pero cuando estos llegaron, se alejó de ellos y permanecía apartado, por temor a los partidarios de la circuncisión.  Los demás judíos lo imitaron, y hasta el mismo Bernabé se dejó arrastrar por su simulación.  Cuando yo vi que no procedían rectamente, según la verdad del Evangelio, dije a Cefas delante de todos: «Si tú, que eres judío, vives como los paganos y no como los judíos, ¿por qué obligas a los paganos a que vivan como los judíos?”. (Gal 2, 9-14)

Estos textos demuestran un gran amor por la verdad y por la Iglesia. Y una gran valentía evangélica, como la que tenía el Señor para decir las cosas por sus nombres. Solo citaré dos frases de Jesús: “Fariseos hipócritas, que coláis el mosquito y os tragáis el camello” (¡¡¡). O esta otra, refiriéndose a Herodes: Decid a esa zorra…”

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

One Response to ““Libertad de pensamiento” y lealtad a la Iglesia.”

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