La boda de la hija de Aznar y la nueva ley de Educación

Esta mañana el diario El País nos sorprendía con el siguiente titular: “La trama Gurtel pagó parte de la boda de la hija de Aznar”. No quiero, ni voy a, comentar esta noticia, ni mucho menos a emitir ningún juicio, ni ético, ni de valor. Aunque supongo que un periódico serio no la publicaría en portada sin total garantía de veracidad. Pero la noticia, y el recuerdo, del fasto y de la “pompa y circunstancia” del evento nupcial, me hace relacionarlo con la relación del actual Gobierno de España con la Iglesia, y, en especial y en concreto, con la nueva ley de Educación. Según muchos analistas, ésta es una verdadera e indebida reverencia del Estado español a las exigencias de la Conferencia Episcopal (CEE).

De cualquier modo, y pienso que soy reincidente al recordarlo, en nuestro país no parece haber calado, ni poco ni mucho, lo de la separación de Iglesia y Estado, que como todos saben, es uno de los pilares maestros del Magisterio del Concilio Vaticano II, que, en su tiempo, provocó las mayores resistencias a la aceptación del mismo, por lo menos en España. Pero es probable que me haya equivocado en el tiempo pasado del verbo, con lo de “provocó”, porque en el presente, si no provocando resistencia, que no haría falta, continúa incumpliéndose de manera descarada e indisimulada, por los dos lados: la CEE, y el Estado.

Habrá que hacer la pregunta indispensable en cualquier investigación de un crimen: “cui prodest?”, (¿a quién aprovecha? La respuesta no puede ser más fácil y lógica: a los dos. Y no solo a los gobiernos que podríamos calificar como de derechas y católico, sino a los de todos los signos. Por lo menos así ha sido hasta ahora, en la ¿democracia? española. Pensemos en Felipe González, respetando escrupulosamente los acuerdos con la Santa Sede, y no osando, como se lo podría pedir el cuerpo, y lo que es más influyente, su electorado, incomodar lo más mínimo al cuerpo social católico, por si acaso. No debemos olvidar que el gobierno socialista fue el primero que pagó la educación concertada, la mayoría en manos de religiosos, y que no se opuso, sino que dio largas, a los planes más severos de financiación de la Iglesia. ¿Y qué decir del gobierno de Zapatero, tan denostado por los católicos de toda la vida? Fue el que subió la tasa de colaboración a favor de la Iglesia, del IRPF, de 0,5% al 0,7%, lo que significó un pastón para las arcas de la Iglesia.

Por parte de ésta, y de los gobiernos de derecha, la evidencia del interés mutuo es flagrante. En el caso de éstos, porque se identifica con el electorado más tradicional, y más conservador en materia de costumbres, y de justicia social. Y en el de la CEE, porque sólo yendo de la mano del Gobierno de derecha, sin grandes diferencias, ni altercados, puede seguir manteniendo la enorme influencia cultural, social, moral, y por lo tanto, el poder político, que ha desarrollado durante siglos. He dicho “poder político”, y no me he equivocado, ni me he trastabillado.

El poder no se mantiene o se detenta porque tres o más obispos sean miembros de unas Cortes que, en el fondo, no decidían nada, sino por las alianzas con los poderes efectivos que manejan los hilos de una nación. Todavía es grande la mutua relación Iglesia-Ejército en nuestro país, y algo parecido podemos afirmar de la relación Iglesia-Banca. No hemos oído todavía, a ningún miembro de la CEE, algo parecido a las terribles diatribas que el arzobispo Francisco de Buenos Aires, actual papa, lanzaba públicamente contra el propio presidente de la República, afeándole comportamientos también públicos. ¡Bueno, sí!,  el obispo Buxarráis de Málaga denunció, en carta pastoral, la ostentosa y provocativa frivolidad de la alta sociedad malagueña, y ¡vean donde acabó!, de capellán en una plaza africana.

Cuando vi la boda de Anita, la hija del presidente del Gobierno, sus invitados, y sus testigos, con el Rey, y el arzobispo de Madrid celebrando, me vino a la mente todo esto que ahora estoy recordando. Y no me gustó nada. ¡Mucho dinero debe de tener esta familia para el ostentoso derroche de la boda de la hija!, me dije. Y recordé la ingenua pretensión de los católicos conciliares españoles de esperar que, de una vez por todas, se aplicase en España la separación de la Iglesia y del Estado. Pero seguimos con los funerales de Estado, la guardia de honor de la Legión a su Cristo, de la pleitesía de la Corona con luz y taquígrafos al Cristo de Medinaceli, y la tentativa de adoctrinamiento catequético confesional en las escuelas. ¡Y en éstas estamos! , para nuestra desgracia y pena.

Jesús Mº Urío Ruiz de Vergara  

2 Responses to “La boda de la hija de Aznar y la nueva ley de Educación”

  1. Tengo que confesar que a veces siento al catolicismo español como detenido en el tiempo, con tanto miedo a encontrar a Dios en el mundo actual, como paralizado sin saber que hacer con la vorágine de la ciencia, las comunicaciones, los derechos de las mujeres, el laicismo. En México siempre vimos a España como desarrollada, como un norte hacia donde dirigirnos, pero en algunos temas, como la separación iglesia-estado, pareciera que temen que al perder prerrogativas pierdan esencia, estabilidad, cimiento. Tengan fe. Alejados del poder político ganarán independencia, su voz será profética, no se verá como interesada. Podrán defender sin tapujos su fe. Serán libres. Yo se que tienen siglos unidos poder político-iglesia. Pero no morirán. Cambiarán, pero para mejorar. Su imagen pública mejorará.

  2. Amén, Laura, Dios te oiga. Pero sabes que mi opinión es exactamente como la tuya. La Iglesia no perdería nada, y el Estado se libraría de unan tutela que la gran mayoría de la población, aun la católica, rechaza de plano.
    (Areópago)

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