Tomad y comed, o ¿tomad y poned para adorar?

(Una reflexión preocupante para los que somos SS.CC.)

El propio arzobispo de Toledo, D. Braulio Rodríguez, en la homilía de la misa del Corpus de hoy, en la capital toledana, ha reconocido que son muchos los que “abandonan” la misa dominical, así como que lamenta “que los cristianos entienden poco lo que es la Eucaristía”. No sé si el prelado ha sido extremadamente valiente, o rematadamente inconsciente. Porque soltar esas perlas, aunque sea verdades incontestables, a una multitud enfervorizada con la majestuosa belleza de la custodia de Arce exponiendo la forma consagrada, es como decir a los fieles que ese amor y esa reverencia, y ese entusiasmo ante el Santísimo adorado, no es la manera adecuada de entender la Eucaristía.

No quiero polemizar, pero a veces es inevitable poner los puntos sobre las íes. Y menos cabe la discusión con el Santísimo de por medio. Nadie va a decir que el culto y la adoración al Santísimo Sacramento sea un error, y menos un religioso de la Congregación ce los Sagrados Corazones de Jesús y de María, y de la Adoración perpetua del Santísimo Sacramento del Altar. (Bueno, más que religioso, canónicamente debería decir exreligioso; pero pienso que mi ánimo y mi espíritu sigue siendo picpuciano, y espero que mis hermanos no se enfaden por mi licencia).

Ya expuse en mi entrega “La irreverente adoración eucarística de Pascual Baylón”, del 17 de este mes de mayo, como el teólogo jesuita José Ignacio González Faus alertaba de los peligros de la vuelta a la preconciliar práctica frecuente de la Adoración del Santísimo, como principal culto popular de la Eucaristía, con el peligro de caer en la herejía de confundir ese culto con la Eucaristía instituida por el Señor en la cena con sus discípulos. El peligro herético nos puede parecer un tanto exagerado, pero es exactamente el término que usa el teólogo jesuita, que, no olvidemos, es miembro de la Compañía de Jesús, que, entre otras publicaciones fuera de sospecha, edita “El mensajero del Sagrado Corazón”.

Hace unos días, en una clase del curso de Biblia, cuyo tema este año es “La Eucaristía y la Sagrada Escritura”, ante la objeción de teólogos y biblistas al abultamiento del culto eucarístico de Adoración, una de las participantes me espetó: “pues no sé cómo queda tu congregación, con el título de “…Adoración perpetua del Santísimo Sacramento” que ostenta”. A lo que respondí raudo que nuestra Congregación tiene un “álibi” (me salió en portugués, es decir, en latín, ese nombre jurídico de “coartada”): la íntima relación que adquirió la Eucaristía con la devoción al Corazón de Jesús en los orígenes y en el desarrollo posterior de la Congregación de los Sagrados Corazones. Esa es, y a esa vivencia me agarro, nuestra coartada. Pero este tema, evidentemente, hay que aclararlo.

De cualquier modo, hay que admitir que no se han hecho estudios profundos y serios de esta relación devocional, y que sería muy útil no seguir dándola por supuesto, sino que adentrarse don argumentos bíblicos y teológicos en este asunto apasionante daría a nuestra espiritualidad una consistencia que a veces se desvanece. Sobre todo cuando predomina en las personas y en el culto un cierto espíritu romántico, que todavía se puede soportar. Lo peor es cuando ese estilo deriva en un sentimentalismo edulcorado, que, éste sí, no hay quien lo aguante. Esto ya se ha dado con la famosa espiritualidad reparadora, y las insufribles “Horas Santas” del padre Mateo.

No sé si me meteré en una tarea superior a mis fuerzas, pero tengo la intención de, por lo menos, iniciar ese estudio y esa investigación. Tal vez ese paso de entrada a otros más ambiciosos, y provoque una sana polémica, que aclare las cosas, del estilo de las famosas “quaestiones disputatae” de la Sorbona. No lo afronto como un compromiso formal, pero realmente me gustaría hincar el diente al que es tema central y meollo de la Congregación.

Jesús Mº Urío Ruiz de Vergara        

4 Responses to “Tomad y comed, o ¿tomad y poned para adorar?”

  1. ¡Buen camino!

  2. Recuerdo que hace dos años hablando con un experto jesuita,le pregunté sobre “la adoración de las especies sacramentales”.Solo obtuve esta respuesta verbal y gestual: me frunció el ceño y me repitió en tono interrogativo:”¿adoración?”……..
    Me quedé perplejo y quizás saqué una falsa conclusión…
    No sé si podrías darme una interpretación de toda esta respuesta..

  3. Iruña: intentaré resumir, porque la respuesta nos podría llevar muy lejos. Jesús instituyó la Eucaristía, “según el rito de Melquisedec”, como sacrificio incruento, para comer el pan, su cuerpo, y beber el vino, su sangre. El mandato del Señor, porque no es una invitación, sino un mandato, nos hace a todos no solo dignos, sino obligados a estas acciones: tomad, comed, bebed, haced. NI se le ocurrió insinuar nada de adoración. Entre otras cosas porque a un israelita cabal no se le podría nunca ocurrir que se adorase un trozo de pan. Evidentemente, le sonaría a idolatría. La fiesta del Corpus está muy bien, pero no conviene abusar, porque no es la adoración, y menos por las calles, el verdadero sentido de la Eucaristía. Y hubo un tiempo con ese tipo de abuso, que parecía se había eliminado con el Concilio, pero que ha resurgido con fuerza, tal vez para compensar los “abusos” de la aplicación del mismo.
    Adorar, adorar, solo lo hacemos a Dios, y hacerlo a los signos reales de su presencia tiene el peligro de que lo hacemos a través de esos signos, y puede suceder que no los sepamos transcender.. Por eso la cara de espanto y el rictus extraño el padre jesuita.
    Jesús Mari (Areópago)

  4. Muchas gracias.Lo entiendo.

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