La algarabía anti-Francisco

Estoy leyendo estos días muchas páginas que abordan la cuestión, medio dudosa para algunos, de si se puede discordar públicamente del Papa. Ha llamado mucho la atención que un escritor católico, tan católico y fervoroso como José Manuel Prada, haya escrito un artículo en ABC, titulado “Los nidos de antaño” en el que ha expresado su desconcierto con el modo, las maneras, los usos, palabras y gestos del papa Francisco, más que con sus ideas o enseñanzas. Vaya por delante que a mí no me sorprende nada esa discrepancia, expresada con el respeto y la seriedad de un ser humano pensante y sumergido en la duda y el desconcierto. Entre otras cosas porque conozco bastante bien el Nuevo Testamento (NT), en el que aparecen divergencias entre Pablo y Pedro, o Santiago, todos ellos buenos cristianos, y santos. Tal vez por eso mismo discrepaban, por ser leales y fieles a sus conciencias.

En la confrontación de ideas y de posturas ante las realidades de la vida, en el orden que sea, también el de los creyentes, lo que de verdad importa son los argumentos para la discordia y la disidencia. En el caso que nos ocupa, de nuestro Papa, no deja de ser sospechoso que muchas de las críticas que se le hacen sean, justamente, por ser como la lógica dice, o debería decir, ¡no la tradición o la costumbre!, que debe de ser un seguidor de Jesús, que es, antes que Papa, cualquier fiel cristiano.. Si un Papa adopta actitudes que permitan ser reconocidas en el Evangelio, nunca debería, por eso, ser censurado. Pero hay gente que se mete por medio, sin idea, ni cercana ni remota de las Palabras de Jesús. No creo que sea este el caso de Prada, autor serio y meticuloso pero sí que lo es, y flagrantemente, de ese petimetre y “enfant terrible” de Sánchez Dragó.

Veamos cómo desbarraba, sin rango, ni habilitación alguna para ello, en su artículo de ayer en “EL Mundo”, periódico que leen muchos católicos que se han cansado de ABC, al que consideran vetusto y superado. Vomitaba cosas como éstas en su artículo “Hormonas y memeces”:

“Eric González cree que la capacidad para decir memeces no conoce fronteras. ¿Se refería al cura obrero que va camino de ser el Papa más cochambroso de la Historia, al Sumo Pontífice del clan de los Punset, que acaba de publicar un libro tan hueco como los anteriores… No es cosa de repetir las memeces que en los últimos días he leído, pero mencionaré una. Fue de orgullo el pecado de Lucifer y de orgullo peca también este Papa, que tanto presume de humildad, al decir que el Señor ha puesto en él sus ojos. ¡Hombre! ¡Con siete mil millones de bípedos sueltos por el mundo y tanta chica guapa perdida en él me parece un alarde de narcisismo pensar que Dios te mira! ¡Ande, Santidad, no sea esnob ni demagogo, trátese la dermatitis atópica que en la foto publicada por EL MUNDO se pone de manifiesto, regale a un chatarrero el cuatro latas y devuelva a la Iglesia y a su cargo el decoro que merecen! ¿Un Papa en coche de hippie y con eccema? ¿Un Vaticano pobretón? ¡Compostura, amigo, compostura! Nulla ethica sine aesthetica”.

No sé cómo se callan ante esta barbaridad nuestros feligreses lectores de “El Mundo”. ¿Se pueden considerar los argumentos de Dragó  consistentes y válidos para la casposa descalificación que pretende urdir contra el papa Francisco? Además de que, en un argumento “ad hominem” que el autor pone en bandeja, tal vez su estética precaria, física, intelectual, psíquica y moral, lo empujan a perpetrar semejante sarta de insensateces, que pretenden ser insultantes. No soy partidario del pensamiento único, ni en la política, ni en la Filosofía, ni en la Teología, ni, por tanto, en la dirección y desarrollo pastoral de la Iglesia. Pero me parece que sí podemos, tenemos el derecho, y el deber de exigirlo, de que el disenso se ofrezca con argumentos, con elegancia, con respeto, con bonhomía, con el reconocimiento explícito de que los otros también piensan, tanto, o mejor que nosotros. No vaya a ser que nos quedemos en la peregrina e infantil idea de que, fuera de mí, todos son lerdos, memos, idiotas, y hasta hormonalmente deficitarios. Que es la genialidad que parece desprenderse del desahogo del ¿escritor? anárquico, que afirma de él mismo no ser “Ni español ni extranjero, ni blanco ni negro, ni mujer ni varón”.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara        

2 Responses to “La algarabía anti-Francisco”

  1. Como comento en mi artículo no es lo mismo llamar que salir a abrir. ¿Donde están ahora los mas papistas que el Papa?
    http://luisangelaguilar.blogspot.com.es/2013/09/moderado-optimismo-ante-las-reformas.html

  2. Un hombre pasado de vueltas, eso es Sanchez Drago, un señor que se cree superior al mundo y a todos nosotros, un vividor de pluma fácil, un soñador de derechas, un tópico nada utopico, un burgues que se cree moderno por decir siempre cosas contrarias

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