La incerteza de la “oración a los Santos”, y “la inutilidad” de los milagros

         

(Por velas  que no quede, en el Santuario de Santa Gema de Madrid)

En la misa del domingo, 26º del tiempo ordinario, oiremos hoy la parábola del rico (Epulón, según la tradición), y el pobre, Lázaro, éste así denominado en el Evangelio. Todos deben recordar el tema y la moraleja de la misma, que el pobre va al cielo (“al seno de Abrahán”, en la jerga hebrea), y el rico al infierno. Y cómo desde ese tórrido lugar el otrora rico solicita un poco de agua, o que alguien avise a sus hermanos de lo equivocados que están en su modo de vida, y que ambos pedidos son denegados, no por mala idea de Abrahán, sino por la imposibilidad esencial de ambas cosas. Sobre ambas quiero reflexionar.

  • ) “Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas. “Pero Abrahán le contestó: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros”.                                           

No sabemos qué quiere decir exactamente Jesús, o el evangelista,  al hablar de esa barrera infranqueable, pero nos hacer pensar, por lo menos a mí, que entre los habitantes del Reino definitivo, y los demás niveles de existencia, no es nada fácil la comunicación. Opino, por eso, que haríamos bien en sospechar hasta qué grado de confianza, porque de certeza es muy improbable hablar, podemos poner en las oraciones que hacemos a los santos, como esa gente que tanto pide a Santa Rita, o a Santa Gema todo tipo de cosas. ¿Se enterarán de verdad esas santas/os de esas peticiones?, ¿no funcionará en esos casos el muro de separación de la parábola del rico y el pobre? Estoy hablando de santos y santas, no del Señor Resucitado, si bien también en este caso se nos plantean problemas más metafísicos que físicos.

  • 2ª) “El rico insistió: “Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento.”Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.”El rico contestó: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán. Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.””    

Este texto es, todavía, más preocupante y más explícito, si lo examinamos con objetividad, y sin falsos prejuicios. Debe, ¡o debería!, ser un jarro de agua fría para los que tanto confían en los milagros, y para la maquinaria y estructura de la administración eclesiástica encargada de elevar a los altares a los santos que en otra entrada de este blog llamé “de santidad administrativa”. (“La Santidad evangélica, y la santidad administrativa”, 29 de abril de 2011). El verdadero milagro se procesa dentro del corazón del hombre al oír la Palabra “de los profetas y de la Escritura”. Es decir, todo el conjunto de la Palabra de Dios. Si ese milagro no se produce, de nada servirá algo tan potente e indiscutible como la “resurrección de un muerto”. Y es que no hace falta esperar los milagros considerados técnicamente como tales, es decir, la suspensión por el poder divino de alguna ley natural, cosa ciertamente muy poco probable en un Dios serio, como esperamos sea nuestro Dios. Y no hace falta porque para ver los “otros milagros”, maravillosos, y tan demostrativos del poder de Dios como aquellos, y aun más, porque se hacen con lógica y racionalidad; para contemplar estos milagros, digo, no hay más que abrir los ojos para extasiarse ante el paisaje geofísico, y, todavía más, ante el de la aventura humana de la vida. El que no vea estos milagros, no podrá ver, ni le servirán para nada, si los hubiere, ¡que no!, los milagros oficiales.  

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

One Response to “La incerteza de la “oración a los Santos”, y “la inutilidad” de los milagros”

  1. El espiritu de Pablo ardía de celo viendo la idolatria de los que adoraban a muchos dioses, incluyendo al Dios desconocido, el culto irreflexivo a teorias religiosas de hombres como calvino y lutero que no renunciaron a si mismos para seguir a Jesus, que se creyeron guardianes de la fe y de la verdad, pero se olvidaron de practicar los mandamientos que el muerto resucitado les dio mientras agonizaba en la cruz “a su discipulo le dijo he ahí a tu madre”, estos mismos “guardianes de la fe y la verdad” dificilmente podrian explicar o aprobar la muy lucrativa practica entre sus seguidores del “diezmo”, es facil comprender que tampoco entenderian ni creerian si un santo se les presenta para anunciarles que caminan por el camino ancho de la perdicion, por tanto el mismo Dios los a privado de entendimiento para que no comprendan la dimension del mandato del muerto resucitado cuando dijo: “Si haceis algo por uno de estos pequeñitos es como que si lo hicieras por mi”, ” en el reino de mi Padre hay muchas moradas y voy a prepararles las suyas”, “el mas pequeño en el reino de los cielos es superior a Juan el bautista”, “por que desde los profetas hasta Juan el bautista todo se quedo en profecia” te hablo a ti rico epulon hasta cuando vas a quedarte solo en profecias falsas y te vas a decidir a seguir a Jesus

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