Soy un pesado: insisto, otra vez, en la que yo llamo “santidad administrativa”.

Escribo estas líneas por dos motivos, ligados entre sí: por la inminente canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, y por el artículo publicado en el blog El alegre cansancio, de Pedro Miguel Lamet, en esta misma 21rs, con el título “Cara y cruz de una canonización”. En primer lugar recordaré que mi concepto de Santidad se ciñe a la esencia de lo “Santo”, en la Sagrada Escritura, y que por ese camino nos apartamos mucho de aquello de “virtudes heroicas”, con la carga moral que implican. Solo Dios es Santo, y nosotros lo somos por la elección y vocación divina a ser sus embajadores en el mundo. Somos santos por participación, no por méritos. Así que me encanta que Pablo llamara “santos” a todos sus fieles bautizados. Y por esos derroteros camina más suavemente la debida idea de santidad, mucho mejor que en las florituras oficiales.

Sé que lo que estoy diciendo es una obviedad, pero lo obvio, si se olvida, se venga descabalando, después, nuestras bizarras teorías. Así que la proclamación, por solemne acto de la autoridad eclesiástica, de la santidad de algunos de los miembros de la Iglesia no deja de ser un “acto político”, en el mejor y más noble, y en el peor y más innoble de sus sentidos. Las proclamaciones de santidad son fruto de la coyuntura, de los gustos de la época, y de la cambiante sensibilidad de la cúpula eclesiástica, y de sus condicionamientos. Así que, en la Historia, ha habido beatificaciones y canonizaciones descabelladas, que no han sido otra cosa que la respuesta a favores recibidos por el glorificado, o por su grupo de afinidad espiritual y teológica. Así de triste, y así de poco serio.

Me pregunto cómo reaccionaría san Pablo, sí, el de Tarso, ante la noticia de la solemne implicación de la Iglesia universal en el reconocimiento de la “santidad” de uno de sus miembros. Y no me vale el repetido argumento de que eran otros tiempos, porque lo eran, y, además, como reconoce toda la Teología, se constituyeron como “paradigma” de todos las épocas venideras. En esos primeros y rudamente heroicos tiempos no hubiera cabido ni por asomo el reconocimiento de una santidad, fruto de la fama y del lugar prominente del reconocido santo. Lo mejor de la santidad de la Iglesia, que es “santa y pecadora”, es el anonimato de la cálida y arraigada santidad que, como reflejo de la insondable santidad de Dios, muchas piedras vivas del Pueblo de Dios, perfectamente desconocidas por el gran público, y solo percibidas humildemente por sus vecinos, que bebieron de ese manantial de santidad, aunque fuera una fuente secundaria.

 ¿A quién se le ocurrió llamar “Magno” a San León, sino a alguien que estimaba como lo mejor para la Iglesia esa incipiente, e implacable, centralización de la institución troncal de la misma? Sería magno en sus dotes de gobierno, pero éstas raramente coinciden con las de la santidad. Que me perdone el papa azote de Atila, quien lo confundió con “un Ángel de Dios” por la magnificencia de su atuendo y su séquito, pero grandes, grandes, más que León, fueron Agustín, o Juan Crisóstomo, o Isidoro de Sevilla, pero estos no fueron gobernantes, y no tuvieron el poder de cambiar el rumbo de la Iglesia. Pero todavía nos falta una historia neutra y objetiva, sin remilgos ni guiños a los poderosos, que nos deje bien claro si esos cambios de rumbo fueron buenos o malos para el “Pueblo de Dios”. Y lo mismo podíamos decir de los dos papas canonizandos en unos pocos días.

 A Juan Pablo ya lo empezaron a llamar “Grande”. (Desde luego no sería por su percepción profética de los valores éticos de su amigo Marcial Maciel como “modelo universal para la educación” de los jóvenes). Cualquiera que con esos antecedentes se hubiera enfrentado a un “abogado del Diablo” valiente y sin complejos, y que no hubiera sido papa, o famosísimo en la Iglesia, se habría quedado en la estacada. O sus acercamientos públicos y hasta efusivos con personajes como Pinochet, y sus desplantes humillantes a teólogos de la Teología de la Liberación, como su agrio comportamiento ante las cámaras con el presbítero, y ministro de Nicaragua, Ernesto Cardenal. A mí no me parecen actitudes canonizables. Y ya afirmé en otra entrada que tenemos perfecto derecho a que los santos nos caigan más o menos simpáticos, y empaticemos con ellos. Por ejemplo, uno de los elevados a los altares por el papa polaco, San Josemaría, no me mueve a la pasión, ni a la simpatía.

 Así que pienso que al papa Francisco esta canonización, como la masiva beatificación del día 13 en Tarragona, le han pillado ya organizadas y montadas, y difícilmente él podría suspender lo que ya estaba preparado. Ya sabemos la praxis canónica del “omnia parata sunt”, que en el caso de matrimonio suple hasta la falta de expediente. Pero el sutil papa argentino se ha significado poniendo, de su cuenta, a Juan XXIII al lado de su sucesor. ¿Una manera de contentar a las dos grandes bandas de la Iglesia actual, como dice Lamet? Puede ser. Pero habíamos quedado en que lo que se ventila en estos casos es si hay o no esa santidad participada de la de Dios, y en un grado que no sea, justamente, estorbo o escándalo para nadie.

 Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

14 Responses to “Soy un pesado: insisto, otra vez, en la que yo llamo “santidad administrativa”.”

  1. Somos dos, padre…

  2. Comparto, Jesús María, enteramente tu comentario. La dura polémica suscitada por el mío prueba la tesis de fondo, que nuestra Iglesia está dividida de forma cainita, con muchos años de inercia del wojtylismo (como prueban algunas webs) y que Francisco, si quiere unir y ser papa de todos no puede hacerse radicalmente de un equipo, si no reconciliar. Yo he vivido en propia carne el fundamentalismo de esa época, pero comprendo que Francisco, pese a su gran libertad, quiera unir sensibilidades. Gracias por tu lúcido blog.

  3. Más que “una manera de contentar a dos bandos” entiendo que -a través de estas canonizaciones- abre Francisco la posibilidad de fulminar las divisiones. Con un primer paso: no se adhiere a ninguna exclusivamente.
    ¡Hay que subir de plano! ¡Hay que dejar de reproducir lo pautado para reconocer que estamos rodeados de ‘lo nuevo’!

  4. Hola, amigos. Me parece enriquecedor todo el planteamiento del artículo, especialmente en lo que hace a la única santidad que es la de Dios, Nuestro Señor. En cuanto a la otra, la que declaran y definen las autoridades eclesiásticas, se ha vuelto más polémica que nunca. En primer lugar, atribuir milagros a un muerto como signo de su santidad me parece completamente inadecuado, gaseoso e indemostrable tanto humana como sobrehumanamente. Lo que cuenta es, me parece, el grado de acercamiento al único modelo de santidad auténtica que conocemos: Jesucristo. Fidelidad absoluta a la misión encomendada por el Padre y entrega incondicional a los hombres, hasta el sacrificio de la propia vida. No es tan difícil, al menos teóricamente hablando.
    En lo de las dos canonizaciones anunciadas, no se trata de nungún enfrentamiento cainita ni nada por el estilo, sino simplemente de enfoques y perspectivas. Siempre ha habido maneras de interpretar la santidad. A mí me parece que los verdaderos santos canonizables deberían haber sido Juan XXIII y Juan Pablo I, el papa Albino Luciani, mártir del cambio, del giro que ahora está dando el papa Francisco. Juan Pablo II fue más bien un contraejemplo en casi todo, como autoridad papal. En primer lugar, nunca quiso que se esclareciera la muerte de su antecesor, estando rodeada de mentiras y comunicados falsos sobre las verdaderas causas de su muerte, tal como ha demostrado con suficiencia el padre Jesús López Sáez. Luego, su espaldarazo a las dictaduras de Pinochet y Videla; su menosprecio hacia todos los teólogos de la liberación, especialmente la actidud hacia Ernesto Cardenal; su incomprensión de los problmeas de América Latina, a pesar sus cinco viajes a México. Los enjuagues económicos permitidos y consentidos en el IOR durante muchos años, defendiendo a monseñor MARCINKUS, eslabón en el Vaticano de la masonería y la mafia. La canonización simoníaca del Marqués Escrivá de Balaguer, para devolver los favores económicos del Opus Dei. Y sobre todo, el pésimo manejo del problema de la pederastia, con la defensa y prediclección de señalados pederastas, que hicieron que este mal proliferara por todas partes entre lal jerarquía eclesiástica. La guinda fue todo el feo asunto de MARCIAL MACIEL. Pero de modo especial, su falta de sensbilidad hacia niños, jóvenes, seminaristas y monaguillos, ultrajados, ofendidos y en muchos casos destruidos moralmente para siempre por culpa de estos elementos eclesiáticos. El papa polaco, tan duro con los teólogos de la liberación, fue condescendiente con pederastas generosos en sobres con dólares y otros obsequios cuando llegaban al Vaticano.
    En fin, son demasiadas razones para que uno se trague el sapo de la canonización de Juan Pablo II.

  5. Solo deseo felicitarte porque estas en plena sintonía con
    lo expuesto por nuestro querido Papa Francisco sobre la santidad en la audiencia de hoy día 2.Podías no estarlo, y no pasaba nada…..pero lo estas. Digo esto porque otros han empezado a rebuznar ante las palabras de Francisco.

  6. Hola! he leído el articulo de P. Lamet y el tuyo, ambos informan y forman. Se puede disentir? Desde luego que sí, y prueba de ello son los correos que editáis en vuestro blogs.
    Puntualizo a F. Tostón que sí que insultas a P, Lamet en tu primer párrafo, utilizas adjetivos como” reprimido, miedoso, medroso, aparte de ser cronista oficial de la fanfarria”. Deberias darte un repaso por el diccionario de la Real Academia de la L. Española, Todo aquel que ataca a otra persona la insulta, yo digo que el que descalifica se califica.
    Por otra parte me ha gustado la puntualización que hace Jesús Mª Urío acerca de que sólo Dios es Santo y los demás elegidos los son por participación,
    No estoy de acuerdo de poner en entredicho la “masiva beatificación del próximo día 13 en Tarragona”, pues se trata solo de religiosos, as, sacerdortes que no renegaron de su fe en Cristo,(Año 36) sólamente por eso, no hay ni una pequeña sospecha o tinte politico, sólo por amar y seguir a Cristo, algunos de ellos pudieron huir o esconderse pero quisieron seguir la misma suerte que sus compañeros, dieron su vida y eso es lo que llamamos mártires, Un saludo!

  7. Hola, amigos. Todavía estoy esperando a alguien que desmienta los argumentos que yo traigo a cuento para descalificar la canonización de Juan Pablo II. Me atacan a mí, pero a pesar de las setecientas páginas que esgrimen, todavía no veo racionalidad, argumentos, datos que contradigan lo que yo defiendo: Juan Pablo II no merece la canonización. Y ello descalifica de una vez todos los procesos futuros, pues, por lo visto, no obedecen sino a conveniencias, políticas, cálculos y estrategias de la Curia Vaticana para equilibrar fuerzas, influencias, opiniones y corrientes dentro de la Iglesia., Todo ello muy lamentable, porque esquiva la verdadera realidad de una Iglesia que enfrenta dos corrientes muy marcadas: la de la obediencia indiscriminada a la jerarquía y la de la discusión, el diálogo, la apertura a posiciones de avanzada. La historia es maestra de la vida, como dice Cicerón, y hay que aprovecharla para no repetir errores y no permitir que otros se aprovechen de la desmemoria. Juan Pablo I fue mártir de una Iglesia nueva que buscaba la transparencia y el espíritu del Evangelio hecho realidad desde la silla de Pedro. En su momento, no se le permitieron y por eso lo envenenaron. Por tal razón, el reconocimiento de las virtudes del papa Juan Pablo I hubiera sido lo lógico y no el apaño de la canonización de un papa que no trajo sino confusión, atraso, politizaciòn, autoritarismo y milagrerismo a la comunidad crisitana. Un papa amigo, encubridor y protector de pederastas, elevado a los altares, ¡qué vergüenza!

  8. Francisco Tostón de la Calle:

    No, si nadie te ataca a tí: sólo se quiere puntualizar que si ofendes al padre Lamet. Además, no vas a encontrar millones y millones de celebrantes de la canonización de JPII, cuando menos, no en estas páginas, pero date una vuelta por infocatólica, aciprensa, catholic.net, zenith….A ver si te publican…

    Mira, desde siempre me pareció que JPII estaba predispuesto por su historia personal contra la Teología de la Liberación, y en parte pensaba yo que desde su perspectiva el comunismo era lo peor que le podía pasar al catolicismo. Mira lo que pasó: sus archirecontramillonarios amigos de la Legión de Cristo nos vinieron a demostrar a todos (incluso al propio Wojtila) que hay algo peor que la opresión política-económica del comunismo: la pederastia y la utilización de la fe para montar negocios millonarios. Creo que Juan Pablo II se equivocó gravemente en su relación amistosa con Maciel. No creo que deba ser santo, pero eso que para tí y para muchos nos queda clarísimo, es hoy la única cosa que mantiene de pie y dentro de la iglesia a esos legionarios y a los miembros del Regnum Christi.Ten para ellos la compasión que ellos no tuvieron por las víctimas de Maciel y de la Legión de Cristo. Si les quitas a su “turbosanto” les mueves todas sus seguridades, corren el peligro de tener que pensar que todo el aval que creían tener se disuelve como sal en el agua, que todo lo que parecía ligeramente cuestionable pero que justificaban por la supuesta “fidelidad al papa y defensa de la fe” queda como lo que siempre fueron: hechos condenables, abusivos. Para muchísimas personas Juan Pablo II fue ciego a los vicios de Maciel por confiado. Yo creo que fue omiso, irresponsable pero sobre todo injusto: debió haber escuchado a las víctimas de Maciel. No lo hizo porque no quiso. Bueno, en fin…Estamos enfrentados, pero el Papa Francisco quiere hacer lo que hizo el padre bueno de la parábola: sentar a sus dos hijos a la misma mesa. A veces no se trata de ganar por la fuerza, se trata de tender puentes en lugar de construir murallas. ¿porque te enojas si el Papa quiere ser bueno?¿no era así Jesús?

  9. Mercedes:
    Pues sí, desgraciadamente, la beatificación masiva, como las anteriores de mártires de la guerra civil, aunque no tan masivas, son políticas y nada neutras. Responden a una visión de la Iglesia muy marcada por las fobias y gustos de Juan Pablo II, sobre todo de su pétreo rechazo del Comunismo. De acuerdo, el comunismo tal vez haga mal a la Iglesia, Pero el capitalismo, también. Y la voluntad de gloria y ditirambo del episcopado español con los mártires de la contienda civil se han visto favorecidos por ese largo pontificado. No olvidemos que Juan XXIII, que va a ser canonizado sin ninguna oposición de nadie, y Pablo VI, prohibieron hablar de Cruzada, refiriéndose a la guerra civil, y paralizaron todas las causas de beatificación y canonización. Hubo también sacerdotes asesinados por los nacionales, evidentemente por motivos políticos, o eso opinaban
    ¿No es posible que lo mismo pensaran de la otra parte?
    Areópago

  10. Hola, amigos. No creo que a estas alturas se pueda decir que el comunismo haga mal a la Iglesia. De entrada, me parece más evangélico que el capitalismo. Pero es que habría que diferenciar las encarnaciones del comunismo que se han dado, especialmente en Rusia, que trajeron represión, corrupción, militarismo y pocos beneficios para la clase obrera y trabajadora, de un comunismo como lo pensó Trotski, por ejemplo.
    Pero España sería un caso histórico de cómo se utilizó la religión para reprimir, anular y castigar cualquier tipo de reivindicación social, política o económica. La dictadura de Franco, paradójicamente, tuvo bastante que ver con lo que Marx consideraba como “opio del pueblo”. Y en esto tuvo mucho que ver la jerarquía española, siempre al lado de los poderosos y favorecedores de sus privilegios. Pero el comunismo de Marx, reexaminado una vez más, en lo que tiene de defensa del hombre, de su trabajo y de la conquista de su propia libertad, tiene aún hoy y más que nunca tal vez, puntos de vista positivos y aprovechables. El humanismo socialista del que hablaba y al que defendía mi admirado ERICH FROMM, tendría muchas cosas que decir a una sociedad de zombis, alienados y embrutecidos por la sociedad de consumo. De modo que esa búsqueda de una Iglesia pobre que está patrocinando el papa Francisco, tiene bastante más que ver con el comunismo que con el capitalismo.

  11. Aeropago:
    Insisto por mi parte que estas próximas beatificaciones no tiene nada de sospechoso de “politicas ” y demás gustos de un determinado Papa. Soy de Alcázar de San Juan y el próximo día 13 beatificaran a 6 mártires trinitarios, te invito a que te des un repaso por el libro escrito del padre Pedro Aliaga Asensio “absolutamente libres”. El corazón de la justicia es la verdad y el corazón de la verdad el amor que tuvieron a Jesucristo.
    Cuando se habla de sacerdotes asesinados por el otro bando hay que dar datos, investigaciones tirando de archivos y testimonios.
    Nota aclaratoria Juan Pablo II, que tendría sus defectos como cualquier santo, rechazó el comunismo igual que el capitalismo que conduce al hombre. al materialismo puro y duro
    Teologia de la liberacíón justificada en ese momento
    que nació, posiiblemente pagarían justos por pecadores, pero E. Cardenal no pretendería que le diera la aprobación Juan Pablo ii, portando un fusil o metralleta, los que conocemos el evangelio ya sabemos lo que hizo Jesús cuando le devolvió la oreja
    al sodado que le increpó y la consiguiente regañina a Pedro. Nos dejó desarmados. Gracias!

  12. Hola,amigos. El padre Ernesto Cardenal jamás tuvo en sus manos un fusil o una metralleta. Las críticas que se le hicieron al papa Juan Pablo II (y que todo el mundo conoce) se refieren al encuentro entre los dos a la llegada del papa a Nicaragua. El papa faltó a la más elemental cortesía de quien lo recibió de rodillas y le besó la mano. Todo el mundo vio y puede seguir viendo el dedo índice levantado y blandido como una espada, sobre la cabeza del padre Ernesto Cardenal. Fue una reprensión pública, sin caridad, sin el mínimo respeto, sin la más leve sombra de bondad, tan solo porque el teólogo y poeta nicaragüense participaba como ministro de cultura en el nuevo gobierno sandinista. Nada más. Es increíble que a estas alturas el titular de este blog posea tan pobre y equivocada información sobre este asunto.

  13. Francisco Tostón:
    mira con atención, y verás que el comentario anterior no es mío, sino de Mercedes. Ya sé que Cardenal nunca empuñó una ametralladora. Y También conozco el motivo de la bronca, por ser Ernesto ministro de un gobierno. Pero si lees las entradas de este blog, o conoces mi manera de pensar, sabrías que he llegado a escribir que quién era Juan Pablo II para censurar a Ernesto Cardenal por ser ministro, -además de cultura, muy propio de un clérigo-, si él, el Papa, era jefe de Estado. Así que te pido que otra vez estés más seguro antes de lanzar tus flechas, que, por otra parte, son bienvenidas, y necesarias.
    Areópago

  14. Cuando comenté lo de que E. Cardenal sí que ha portado armas, no me refería cuando llegó Juan Pablo II al aeropuerto; son imagenes que salieron en su día através de la televisión, y que hemos visto todos, para eso están las hemerotecas, busca y encontrarás.

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