A mí también me da miedo

Lo  acabo de leer en una breve nota del teólogo José Mª Castillo en RD. Le da miedo el despertar de rencor, de resentimiento, de odio y de intolerancia que se ha despertado, ¡una vez más!, en España, ante la resolución del tribunal de Estrasburgo, anulando la retroactividad en la aplicación de las penas, de la así llamada “doctrina Parot”. Mucha gente no lo sabe, pero es uno de los pilares de la ley, en general, y, sobre todo, de la ley penal, en particular. Todavía estoy oyendo a nuestro profesor de Derecho Canónico, Pe. Federico Zulaica Vidaurre , ss.cc., (también de Olite, ¡qué le vamos a hacer!), exclamar: “lex nom habet oculos retro” (la ley no tiene ojos detrás), aforismo romano para recordar la sagrada irretroactividad de las leyes.

El fallo del tribunal europeo no es que sea lógico, es el único apropiado al caso. Ya lo había insinuado el veredicto emitido por su sala tercera en julio 2012, que ordenaba poner en libertad a la demandante Inés del Río Prada. De cualquier manera, la etarra ha pasado un porrón de años en la cárcel, y no sé, y lo digo con total sinceridad, libertad, y buena intención, no sé, repito, a quién favorece que la susodicha asesina sanguinaria esté diez años más o menos en prisión. La afirmo con énfasis: si yo supiera que algo bueno iba a suceder a las víctimas, tanto las que ya murieron,  como las que sufren secuelas, físicas o psicológicas, si se legislara que cierto tipo de delincuentes deben cumplir íntegras las penas impuestas, defendería con entusiasmo ese cambio en el Derecho penal. Pero sigo sin ver el beneficio que advendría a las víctimas con esa medida. La estimo perfectamente inútil. (E insisto, no es eso lo que dilucidaron los jueces europeos, sino la inadecuación de esa práctica jurídica, denominada popularmente “doctrina Parot”, a las leyes penales europeas, concretamente a los artículos 5º ó 7º. Para unos jueces se aparta más de uno que de otro, pero en general, de los dos.

Ya escribí hace tiempo, en otra entrada, que no es buena medida política de buen gobierno dejar a las víctimas la dirección de la lucha contra el crimen y el terror. Por motivos obvios: porque no son los realmente más objetivos, y porque tienen serios obstáculos en poner por delante el bien de todos antes que el resarcimiento de su dolor y su pena. (Y sería bastante peor si se tratase de rabia, rencor u odio). En este país, que es el nuestro, tan querido, y tan sufrido, tenemos un largo elenco de victimarios. No podemos enfocar insistentemente a unas víctimas, y dejar de lado, inmisericordemente, a otras. Y en los últimos cien años hay víctimas en España para dar y tomar: sociales, laborales, políticas o religiosas. Que precisan, y deberían requerir, unos gobernantes prudentes, sensatos, valientes, generosos, y sobre todo, clarividentes para encontrar las soluciones más adecuadas y razonables, que se harían respetar por todos. Y no ese talante y disposición la que está demostrando el actual ministro de Justicia, con una postura claramente demagógica, y no digamos la presidente de la Asociación de Víctimas del terrorismo. No se puede ideologizar, para ningún lado, la búsqueda de la solución del crimen.

Y ya que he comenzado citando a un teólogo, se supone que eso se debe a que el asunto tan espinoso que tratamos tiene algo que ver con la fe. No sé si es muy propio de un país que se dice cristiano, y que es tan cumplidor con la práctica sacramental, sobre todo en ciertas capas de la población, que no haga un serio intento de ascesis hasta lograr el espíritu del perdón. “En eso conocerán que sois mis discípulos, en que amáis al enemigo. Si solo amáis y perdonáis a los amigos, ¿Qué mérito tendréis? También hacen eso los paganos y pecadores”.  (Y asesinos, y terroristas, y etarras, y…tanta gente). (A mí me preocupa mucho, y no me escandaliza porque a mis setenta y dos años uno ya ha perdido su inocencia bautismal, que señoras que uno cree incapaces de soltar una palabra mal sonante, suelten palabrotas y sapos y  culebras por la boca para denostar a los políticos de otros partidos diferentes del que ellas votan. Todavía el otro día, una de esas ¿señoras elegantes? tildaba a un ex presidente del gobierno español de “cabrón e hijo de puta”. Por supuesto, la señora va a misa y comulga, y se queda tan a gusto después de sus ex abruptos.  Y vete a decirle que ese comportamiento no se casa para nada con la celebración de la Eucaristía, o nuestras reuniones de escucha y estudio de la Palabra).

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

5 Responses to “A mí también me da miedo”

  1. Sí Jesús Mari, el castigo se vive revuelto con la legítima defensa de la sociedad frente a sus agresores.
    La emoción del castigo es tóxica. El castigo es un mal útil que tiene su razón de ser en evitar, en lo posible, el delito.

  2. Bueno, desde la fe escribí mi última entrada, sobre el mismo tema que tú (pero con una aproximación ciertamente muy diferente: no podemos estar todo el mundo de acuerdo, es bueno compartir los diferentes puntos de vista).
    ¿Beneficios para las vícitmas? Tal vez la justicia …
    ¿Víctimas de los últimos cien años? Bueno, no creo que debamos remontarnos tan atrás, tal vez sólo desde que ETA comienza a matar, esas son las víctimas más inmediatas. Seguro que ha habido más, pero estas son las que tenemos ante nosotros ahora.
    Y respecto al perdón, como defendí en una entrada previa, a) la ascesis no es para todos, b) el perdón psicológico no es posible sin el arrepentimiento de los verdugos (que no se ha producido).

  3. Querido médico:
    La justicia no es la satisfacción del a voluntad o deseo de alguien, sino el escrupuloso cumplimiento de la ley. Y sobre todo las leyes penales tienen unas garantías estrictas, por la seriedad, la rigurosidad, y, sí, hasta la antipatía de las penas. Cuando el primer asesino dela Historia, Caín, mató, aparece Dios marcándolo en la frente para que nadie lo toque. Y dice: ¡Que nadie toque a Caín! Y nadie va a pensar que a dios le gusta el asesinato. Lo que quiere decir la Biblia, y en esto parece mucho más adelantada que nosotros, es que uno de los principales signos de civilización y de calidad dela cultura ciudadana es l modo de trato de los delincuentes.
    Nadie dice, y yo menos, que la señora esa Inés de no se qué, no sea una ssanguinaria. Pero en este país nos gusta mexclara y armar confusión. El tema no es si la etarra merece o no más o enos años. Sino si la gran sala del Tri¡bunal de Estrasburgo hizo o no lo correcto anulando la sí llamada doctrina Parot. Es bastante evidente que no podía hacer otra cosa.
    Y sobre el perdón, dos cosas: ningún ciudadano, ni nadie, está obligado al perdón. Tampoco nadie está obligado a pedir perdón. ¿O es que por hacerlo los jueces no van a juzgar y condenar al delincuente? La petición de perdón es un acto casi religioso. El no creyente no pide perdón.
    Y, segunda cosa, yo no estaba hablando de “ciudadanos” a secas, sino de los que se dicen cristianos, van a misa, y rezan siempre que lo hacen el padre nuestro, en el que decimos: “perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
    Pero, efectivamente, amigo médico, es bueno intercambiar opiniones, y pensar diferente, mientras lo hagamos, como los estamos haciendo nosotros, con respeto y sin ofender. Pero sabes que en ciertos temas enconados, en nuestra España, esto último, la “no ofensa”, es muy difícil de ver.
    Por lo demás, un abrazo.
    Jesús Mari (Areópago)

  4. Querido médico: La justicia no es la satisfacción de la voluntad o deseo de alguien, sino el escrupuloso cumplimiento de la ley. Y sobre todo las leyes penales tienen unas garantías estrictas, por la seriedad, la rigurosidad, y, sí, hasta la antipatía de las penas. Cuando el primer asesino de la Historia, Caín, mató, aparece Dios marcándolo en la frente para que nadie lo toque. Y dice: ¡Que nadie toque a Caín! Y nadie va a pensar que a dios le gusta el asesinato. Lo que quiere decir la Biblia, y en esto parece mucho más adelantada que nosotros, es que uno de los principales signos de civilización y de calidad de la cultura ciudadana es l modo de trato de los delincuentes. Nadie dice, y yo menos, que la señora esa Inés de no se qué, no sea una sanguinaria. Pero en este país nos gusta mezclar y armar confusión. El tema no es si la etarra merece o no más o menos años. Sino si la gran sala del Tribunal de Estrasburgo hizo o no lo correcto anulando la sí llamada doctrina Parot. Es bastante evidente que no podía hacer otra cosa.
    Y sobre el perdón, dos cosas: ningún ciudadano, ni nadie, está obligado al perdón. Tampoco nadie está obligado a pedir perdón. ¿O es que por hacerlo los jueces no van a juzgar y condenar al delincuente? La petición de perdón es un acto casi religioso. El no creyente no pide perdón. Y, segunda cosa, yo no estaba hablando de “ciudadanos” a secas, sino de los que se dicen cristianos, van a misa, y rezan siempre que lo hacen el padre nuestro, en el que decimos: “perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
    Pero, efectivamente, amigo médico, es bueno intercambiar opiniones, y pensar diferente, mientras lo hagamos, como los estamos haciendo nosotros, con respeto y sin ofender. Pero sabes que en ciertos temas enconados, en nuestra España, esto último, la “no ofensa”, es muy difícil de ver. Por lo demás, un abrazo.
    Jesús Mari (Areópago) –
    (Corrijo lo de arriba. Gracias, y disculpad)

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