Un Papa diferente, (… y poco dado a la intolerancia)

El papa Francisco ha dado pruebas inequívocas de lo verdadero que resulta el título de esta entrega. Recordando a tanto prelado, clérigo, o simple fiel, que no podemos estar siempre dando la vara con temas como el aborto, los homosexuales, las células madres, los desafíos de la bioética, etc., que ya sabemos todos , y los demás también, cuál es la doctrina de la Iglesia, pero que ésta no está para restregarla continuamente a los que la discuten ola entienden de otro modo. Así como que con sus actitudes totalmente nuevas de su comportamiento papal, alejado de un estilo imperial o regio, y empeñado en su cruzada por los pobres y lo más desvalidos, colocándolos en el epicentro de la Iglesia, sigue los pasos de Jesús, y no solo tolera a los pobres, enfermos, leprosos, samaritanos, publicanos, y pecadores, en general, sino que, como el Maestro, los busca y los acompaña.

A mí me ha gustado mucho la anulación del concierto que se iba a celebrar con motivo de la clausura del “año de la fe”, como diciéndonos a todos que la sobriedad y la sencillez constituyen un lenguaje mucho más inteligible. Eso es, para mí, otro signo de tolerancia, para aquellos que no son dados a fastos y solemnidades, entre otras cosas, porque no pueden permitirse esos lujos. O no los entienden, o no los disfrutan, o les dicen poca cosa. Es el segundo concierto de música clásica, previsto en los salones del Vaticano, que Francisco anula. Y no es porque no le guste la música, porque demostró en la famosa entrevista que es aficionado, como hijo de italianos, y buen porteño, a la ópera, aunque tampoco se echa atrás con una buena  música moderna, como el jazz, el tango, o una buena balada.

Mi opinión es que, con estos comportamientos, verdaderamente significativos, el Papa se quiere apartar, vivible e indudablemente, del estilo regio, aristocrático y selecto que se ha vivido en el Vaticano, ininterrumpidamente durante siglos. Es una bella manera, y muy real, de ser tolerante con los que no pueden, no saben, ni les gusta, disfrutar de ciertos eventos, buenos en sí, pero que se convierten en denuncias explícitas cuando se convierten en propiedad exclusiva de gentes finas, selectas y preparadas. No es lo mismo que le monten al Papa y a los prelados y gentes exclusivas que lo rodean, o lo rodeaban antiguamente, un magnífico concierto en los salones de su casa, o en su lugar de trabajo, que oírlo, como todo hijo de vecino, en un acto para nada selecto ni exclusivo, en la intimidad de tu casa,  con tu aparato de música, más o menos bueno y fiel.

 En esto de la intolerancia, ha habido hace poco un acontecimiento desagradable en la catedral de Buenos Aires, que le ha servido al papa para clamar contra la intolerancia.El 12 de noviembre un grupo de personas identificadas como “lefebvristas”, entró con tumulto en la catedral, e intentó impedir, a gritos, rezando el Rosario y el Padrenuestro de manera destemplada,  con una actitud evidentemente provocadora, la conmemoración por los 75 años del pogrom alemán conocido como “Kristallnacht”, o noche de los cristales, que dio inicio a la persecución y exterminio de los judíos en el régimen nazi. En el templo se hallaban personas de programas a favor del diálogo interreligioso, como el cardenal brasileño Raymando Damassceno; el argentino Mohamad Hallar, de la Organización Islámica para América Latina; el venezolano Samuel Olson, de la Alianza Evangélica Latinoamericana; Felipe Adolf, presidente de la Conferencia Latinoamericana de Iglesias Protestantes; y el peruano Elias Szczytnicki, secretario de Religiones por la Paz.

 El papa ha recordado a estos lefebvrianos, que “La agresión no puede ser un acto de fe”, así como que “la prédica de la intolerancia es una forma de militancia que debe ser superada”. Hasta en el modo de reprochar a los protagonistas del atropello perpetrado en la catedral bonaerense Francisco demuestra su finura evangélica, pues les concede el rango de “militantes”, equivocados e intolerantes, pero, de alguna manera, “de los nuestros”. Porque el Papa, como el Señor, a nadie excluye de su acogida y de su perdón, como de su palabra bondadosa de corrección. ¡Una maravilla de Papa!

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

2 Responses to “Un Papa diferente, (… y poco dado a la intolerancia)”

  1. Una maravilla que nos remite a la propia maravilla que somos en ciernes.

  2. Hablando de tolerancia..me pregunto hasta donde llega la tolerancia en cuestiones fundamentales de fé.Digo esto porque me gustaría saber tu opinión sobre las reflexiones del bueno de Joxe Arregui en su folleto “Mi iglesia y mi credo a los 60”.
    En concreto te diría en estos tres puntos claves del cristianismo que él indirectamente toca y que a mi entender pulveriza.
    1)Dios-Trinidad diluido en Ruah del Cosmos
    2)La encarnación de Dios en Xto, asimilable a otros profetas
    3)Un pan-teismo cósmico
    Gracias

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