La religiosidad NO tan popular

Me viene este tema a la cabeza al escuchar el evangelio de hoy, viernes de la 33ª semana del tiempo común, conmemoración de Santa Cecilia, virgen y mártir, patrona de los músicos. Dice así:

“En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: “Escrito está: “Mi casa es casa de oración”; pero vosotros la habéis convertido en una “cueva de bandidos”.” Todos los días enseñaba en el templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los notables del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios”. (Luc 19, 45-48)

Lo que se compraba y vendía en el patio de los Gentiles del Templo de Jerusalén se hacía con vistas a los sacrificios que, después, habría que realizar. Así  como el cambio de moneda, pues acudían judíos de toda procedencia, y a los sacerdotes del Templo les interesaba unificar la monea, para evitar trabajos posteriores, y posibles comisiones. Pero el objetivo final era el culto, algo     muy noble para la mentalidad judía, anque sepamos que el fin no justifica los medios.

Dicho esto, pregunto: ¿Cuál es la finalidad de la venta de “souvenirs” en el Vaticano, Fátima, Lourdes, el Pilar, Montserrat, Covadonga, Guadalupe, o Santa Gema?, por solo citar los santuarios de nuestro entorno. Desde luego el culto no es, y menos mal, porque podría ser mediatizado por la dulzona religiosidad de  la gente, mal llamada y denominada religiosidad popular. Y lo afirmo, porque en todos esos lugares de gran concentración de fieles que he citado, siempre, sin excepciones,, los que los dirigen, mantienen, promueven y exaltan son personas del clero. Eso en estos caso, en que se ve meridianamente clara la presencia y la influencia clerical.

Pero aun en los casos en que esta presencia no es tan diáfana, como en ciertas romerías a ciertas ermitas o lugares de culto, rastreando la historia se aprecia fácilmente, con demasiada frecuencia, que si la presencia e influencia del clero no es tan perceptible hoy en día, lo fue, y determinante, en el origen de esas tradiciones religiosas. Que en su momento eran más o menos oficiales, y por ende, con dirección de eclesiásticos, y después, con la evolución d los tiempos y costumbre, los clérigos, más flexibles en sus convicciones que el pueblo fiel y llano, abandonaron a éstos a su suerte, y pasó a ser considerada “religiosidad popular”.

Éste es, para mí, el secreto de esas devociones, y la causa del respeto con el que gran parte del clero habla de esas prácticas devocionales, y las defiende y mantiene. Por una parte, por un cierto sentimiento de culpa. Y por otra, porque, generalmente, esas inclinaciones religiosas tradicionales, todavía son una buena, o no tanto, pero fuente, de ganancia y de dinero.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara    

8 Responses to “La religiosidad NO tan popular”

  1. Visito, con frecuencia, diversos Monasterios, donde, acompañado por los monj@s, y el ambiente de paz y discernimiento que ellos propician, encuentro la alegría del Señor…

    En todos ellos existe una tienda monástica en la cual se comercializan diversos productos elaborados de forma artesanal por los mismos monj@s (vino, licores, queso, mermeladas, dulces…), además de numerosos libros de distintas editoriales católicas, alguno de los cuales suelo adquirir para leer y meditar durante mi feliz estancia…

    Complementariamente, se ofrecen otros artículos religiosos como rosarios (siempre adquiero alguno para regalar a una persona cercana invitándole al rezo del Santísimo Rosario), así como postales, llaveros, etc.

    Estos «suvenires» como los califica el P. Urio, ni son baratijas ni un negocio: representan una fuente, más bien pequeña, de ingresos con la cual ayudar a sufragar los cuantiosos gastos que ocasiona mantener ese inmenso Patrimonio construido hace ya muchos siglos, que son, por ejemplo, los templos en los cuales se ofrecen a quien libremente quiera adquirirlos dichos «suvenires».

  2. Francisco Antonio:
    Me vas a hacer dudar de que la palabra, y los hechos de Cristo, signifiquen algo para ti. También lo que vendían en el templo de Jerusalén servía para mantener los ¡tremendos gastos! del Templo, y Él no se cortó, y se lió a latigazos. ¿Que eso no te dice nada?, pues es tu dulce manera de entender las actitudes de Jesús.
    Areópago

  3. Me parece, P. Urio, que está usted muy equivocado. Mas no seré yo quien se lo recrimine, pues soy un miserable pecador que no esconde su condición.
    Pues ande, P. Urio, no se corte y empréndala a latigazos en todas las tiendas monásticas…
    ¿Quién corre con los gastos del mantenimiento de «su» parroquia, aparte, claro está, de los católicos que marcamos la cruz en nuestra declaración anual del IRPF? ¿Acaso no pasan el plato de la colecta en todos los cultos?
    No me gustaría deducir, en base a sus escritos, que usted tiene una concepción muy equivocada de lo que vino a predicar Jesucristo: «amaos los unos a los otros como yo os he amado». ¿Le suena? ¿Acaso no reza, P. Urio, el Padrenuestro todos los días, por lo menos, al celebrar la Eucaristía? «…Perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden…» Jesucristo se hizo hombre para predicar el amor y el perdón, no para emprenderla a latigazos contra nada ni nadie…
    En fin, P. Urio, sepa que esta humilde persona, de quien usted duda que la Palabra Divina y los hechos de Jesucristo signifiquen algo, a pesar de todo, sabe denunciar cuando hay conjeturas y no hay verdad, o cuando ésta se tergiversa, quiero pensar que erróneamente. Pero, a pesar de todo, aun gimiendo bajo el peso de mis pecados, sé perdonar a quien se equivoca, en este caso, usted, P. Urio.

  4. Respetado P. Urio:

    Una vez que le he contestado, le pido humildemente perdón por si considera que en algo le he ofendido, del mismo modo que le pido al Señor que le perdone a usted por considerar que en algunos aspectos está usted confundido.

    No merece la pena polemizar a través de este espacio, muy a pesar de que uno de los objetivos con los que usted define este Blog es no aceptar «nunca» el pensamiento único.

    No obstante, como sea que me enriquece dialogar con personas que no piensan como yo, le invito a mantener un diálogo más directo, a través del correo electrónico -del cual tienen constancia en esta revista- o personalmente si usted lo desea.

    Reciba, mientras, un sincero abrazo en la paz y alegría del Señor.

  5. En el templo vendían los animales para los sacrificios y adquirirlos era de obligado cumplimiento para conseguir la purificación.
    Entiendo que fue lo que desencadenó la ira de Jesús, porque sin sacrificios no había expiación. Lo más parecido a esto ha sido cuando pusieron los confesionarios en Retiro, a propósito de la JMJ, para que pudieran las ‘pecadoras’, en única instancia, confesar y ser excepcionalmente perdonadas del pecado de haber abortado. Esta situación seguro que ya está superada.
    .
    Francisco Antonio, tu experiencia parcial no está en contradicción con otros negocios de la Iglesia más cuestionables. Simplemente hay ventas inocentes y otras no. También te quiero decir que me ha dejado tu humildad un trazado que invita a ser seguido.

  6. Susana:
    Michas gracias por tus amables palabras, mas insisto: no soy más que un miserable pecador que, eso sí, cree en el perdón. Aunque discrepe de las palabras y/u obras de otras personas, no guardo rencor a nadie y siempre perdono, aunque quien me haya ofendido crea que ha obrado rectamente.
    Y, obviamente, practico siempre que puedo el Sacramento de la Reconciliación, instaurado por Jesucristo.
    No soy perfecto como algunos, tengo muchos defectos, pero lo reconozco.
    Un abrazo, Susana. Tus palabras he han llegado al corazón.

  7. Francisco Antonio:
    Ya que estás dispuesto y abierto a aprender, te informo de que el Sacramento de la Reconciliación, como lo practicamos, no fue instaurado por Jesús, sino por la Iglesia, y en sistema de confesión auricular, en los siglos V-VI por los monjes irlandeses y celtas, muchos de los cuales no eran ni curas. Después, el Concilio de Trento revisó y agravó su práctica, algo que tuvo de cabeza a los católicos de cuatro siglos, hasta que el Concilio Vaticano II ha vuelto a poner otros parámetros, y otra sensibilidad, restaurando algo tan hermoso y perdido como la práctica de la Penitencia Comunitaria.
    Con esta observación lo único que quiero dejarte claro es que no fue Jesús el que instituyó el sacramento de la Penitencia o Reconciliación, Las versiones que aparecen en el Evangelio de “a quienes perdonéis los pecados..etc., van dirigidos a todos los que estaban alrededor del Señor, es decir, a la comunidad cristiana.
    Areópago

  8. P. Urío:
    Muchas gracias por la aclaración. Como dice el refrán, ¡no te acostarás sin saber una cosa más! Veo que de Usted tengo mucho que aprender…
    Un abrazo.

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