Templos, de puertas abiertas. (Iglesia, y “puertas abiertas”, es un pleonasmo)

En primer lugar recuerdo que pleonasmo es una figura gramatical que significa “decir exactamente lo mismo con dos palabras diferentes”. ¡Bueno!, lo de Iglesia y puertas abiertas se constituiría, pues, exactamente, como casi un pleonasmo. Este es el segundo tema que me planteó Francisco Antonio, a quien felicito porque, en contra del uso casi universal de Iglesia como lugar de culto, él ha usado en su sugerencia la palabra adecuada, de templo. Sé que templos, o Iglesias, como muchos dicen, y puertas cerradas es ya un clásico. Y, también, una buena fuente de protestas y discordias.

Se suele decir que antes, con esa indefinición que acompaña a la palabra, que es una simple indicación de tiempo pretérito, que igual puede servir para el año pasado que para el siglo XVIII, antes, como decía, los templos estaban abiertos, y cualquiera que pasaba podía entrar, y hacer una visita al Santísimo, o, simplemente, pasar un rato, pensando y meditando, al calor, físico y religioso, de un espacio sagrado que suele ser, por lo general, por lo menos, digno; cuando no esplendoroso, bello y hasta espectacular. Eso nos pasaba a nosotros, estudiantes de Teología en el Escorial, (¡ojo!, no en San Lorenzo, sino en el pueblo de abajo, como decíamos los que allí vivíamos), en el Seminario de San José, de los SS.CC. Algunos teníamos la costumbre de, en todos los paseos cortos de las tardes de los miércoles, entrar en la Basílica, sentarnos en un banco, escapando del frío cortante en invierno, o del calor abrasador en verano, y pensar, meditar y rezar un poco. Si teníamos la suerte de que algún organista estuviera tocando uno de los tres monumentales órganos, el disfrute era mayúsculo. Si tocaba a Bach, entonces ya era el éxtasis.

Ahora sigue siendo posible entrar a rezar, o a descansar, que también sirven los templos para eso, sin pagar, en la Basílica de San Lorenzo. Pero tiene un batallón de vigilantes y personas que cuidan el orden, y están atentos a que no haya comportamientos indeseables. No es esa la situación de todos los templos, ermitas, o capillas desperdigadas por la geografía española. En los días que corren, si no tienes una empresa de vigilancia que te garantice un poco de seguridad, dejar abiertas las puertas de los templos a todas horas es una temeridad. Recuerdo una parroquia de un pueblecito de Asturias, cerca de Villaviciosa, cuyo nombre quiero, pero no puedo recordar, que ha establecido un servicio de guardia, rotativo, entre parroquianas, que mantienen siempre el templo abierto, con una cierta garantía de seguridad.

Ha cambiado mucho la relación de la población, y de la ciudadanía en general, con las cosas y propiedades de la Iglesia. Ya no tienen ese temor reverencial que hacía, antes, que las personas no se atreviesen a arriesgarse con la institución que hasta en el Quijote es destacada como poderosa, como lo demuestra el “con la Iglesia hemos topado, Sancho. Ahora topan con ella para hurtar, no los tesoros, que se encuentran en los templos poderosos, con vigilancia, sino en los pequeños e insignificantes objetos de los lugares religiosos más humildes y sencillos. (Si bien lo anterior tiene sus excepciones, como el famoso “códice calixtino”, cuyo sustractor estaba dentro de los muros sagrados). Pero casi todas las parroquias tenemos un currículo de sustracciones bastante apañado.

Por ejemplo, en poco tiempo, en este año, desde septiembre al día de hoy, nos han atracado la parroquia, en el despacho parroquial, en la sacristía, y en la capilla. (Y hace unos cinco años nos robaron el copón, si bien dejaron las formas sagradas respetuosamente a un lado, sin profanarlas). Entraron también en el templo grande, pero su condición de espacio conciliar, sobrio y sin adornos ni imágenes, hizo que se llevaran un chasco, y dejaran todo, es decir, ¡nada!, como estaba. Y el miércoles de la semana pasada, un listo y rápido, nos robó el monitor del ordenador del despacho parroquial, que, seguro, vendió por no más de diez euros.

Todo eso, por un lado. Por el otro, que hoy no se encuentran muchos dispuestos a entrar a aun templo con el sano, y beneficioso, afán de rezar, y de acompañar al Santísimo. Hicimos la prueba en eta parroquia de Nª Sª de la Piedad de dejar, durante dos años, las puertas abiertas todo el día, con una discreta atención, y entraron, exactamente, tres personas, en todo ese tiempo. No solo el Estado español es aconfesional por la Constitución, sino que su población es, evidentemente, mucho más laico que hace no tantos años. Así que el programa de “puertas abiertas” tiene sus muchos contratiempos y desventajas.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

One Response to “Templos, de puertas abiertas. (Iglesia, y “puertas abiertas”, es un pleonasmo)”

  1. Gracias, P. Urío, por su esclarecedor artículo. No entendía por qué tantos templos permanecen cerrados fuera de los horarios de culto. A mí me venía bien, cuando estaba especialmente necesitado, acudir a rezar un Rosario ante el Santísimo, a acompañarle, como muestra de agradecimiento por estar Dios acompañándome a mí todos los días, a darle las gracias por un don recibido y, por qué no, a pedirle algún favor, especialmente intercediendo por otras personas o simplemente por mis necesidades…
    En mi humilde opinión, considero que los lugares de culto deberían de estar abiertos en un horario mucho más amplio, invitando no solo a los fieles, sino a todas las personas en general a entrar y experimentar la paz que reina en dichos lugares.
    ¿Cómo lograrlo? Quizás en algunos lugares de culto se pueda emular la experiencia que cita el P. Urío en el pueblo asturiano de Villaviciosa, aunque quienes tienen, quizás, más que opinar son los párrocos o capellanes…

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