¡Menos consejos de la UE, y más recursos!

Estas palabras las ha pronunciado el ministro de interior, D. Jorge Fernández Díaz, esta mañana en el primer boletín informativo de Televisión española. Y estoy de acuerdo en la cuestión de fondo, pero habría que precisar serios matices. La Unión Europea (UE) da con frecuencia la vara a los estados miembros con consejos y expresiones de sus deseos, desde los más razonables hasta los más fantásticos e irrealizables. Pero en el asunto de los sucesos vergonzosos y delictivos, (delictivos, sí, porque nadie defenderá la tesis de que los subsaharianos se suicidaron; y si no se suicidaron, y no les dio al mismo tiempo un colapso neumo-cardíaco, es que alguien los llevó a la muerte), en el turbio y todavía no esclarecido asunto de Ceuta, la UE no se ha limitado a dar consejos, sino condena y reproches.

Sí, porque a la acomodaticia Unión Europea parece que no le da igual churras que merinas, y que sigue sin ser lícito el uso de cualquier medio para alcanzar el fin. Es decir, éste no justifica los medios. Claro que esa postura finamente ética puede resultar de un cinismo insoportable si, como sabe la UE, hay estados de la Unión que padecen sobre manera el acoso de la presión migratoria, como son España e Italia, es decir, los dos que tienen frontera directa, en al caso de España, y casi directa, en el de Italia, con los países de origen de los inmigrantes, y esos estados europeos, de recepción del flujo inmigratorio, carece de recursos para cumplir dignamente los protocolos que la propia UE marca.

Como declaró clara y sinceramente un número de la Guardia Civil, portavoz “ad hoc” del sindicato mayoritario de la Benemérita, que no es reconocido ni admitido, pero al que tampoco tiran a matar, como expresó abiertamente, casi siempre sucede que el procedimiento empleado con los inmigrantes en las frontera de las plazas africanas de España es ilegal, porque no se dan los pasos que el protocolo español, a instancia de la Unión Europea, exige: ayuda, si es el caso, a los inmigrantes; detención de los mismos; identificación, si posible, (algo muy complicado porque los inmigrantes llegan sin papeles, para que demore más el proceso de identificación , y no puedan , mientras tanto, ser expulsados a su país; y ayuda para la debida asistencia jurídica de abogados, etc., y recordarles el derecho que les acude de solicitar el asilo político.

Esto exige la UE, pero todo ello precisa medios, presupuesto, dinero, para construir instalaciones adecuadas, para pagar el personal necesario, cada día más necesario y, sin embargo, más carente de una buena profesionalización. Pero si la cosa está así, que necesitamos más dinero de la Unión Europea, no basta con que nuestro ministro se lamente en casa, sino que es preciso que nuestras mayores autoridades en este caso tan internacional, y de tan alto significado en los niveles de la solidaridad internacional, acudan a Bruselas dispuestos a dar un puñetazo en la mesa. Y señalo esas autoridades: El presidente del Gobierno, señor Mariano Rajoy Brey, y sus ministros de Asuntos Exteriores y Cooperación,  José Manuel García-Margallo y Marfil, y de Interior, Jorge Fernández Díaz. Y los tres acudirían a Bruselas con las mejores intenciones para España, y las peores para los estados de la Unión: exactamente lo harían para pegar un puñetazo en la mesa, y dejar bien claro que no se volverían de ahí sin los recursos necesarios para cumplir los requisitos del  Acuerdo de Schenge, que tan cínicamente reclaman sin mover un dedo.  

Y se dejarían de acudir a Bruselas en tono menor, como unos cuitados que piden las migajas, con sonrisas a diestro y siniestro a los mandamases de la Unión, sonrisas y pantomimas que en España no sabemos a qué santo, o mejor, demonio, vienen. Es verdaderamente lamentable que por culpa de una falta de recursos, alguien obligue a la Guardia Civil, ese cuerpo que constituye tantas veces un orgullo en países extranjeros, al penoso, doloroso, y lamentable espectáculo de mirar con brazos caídos, o, todavía peor, estorbando con su actitud, la desesperada tentativa de salvarse del ahogamiento de unos pobres, agotados, exhaustos hermanos nuestros. Con esa imagen alguien ha obligado, a tan glorioso cuerpo español de seguridad,  a poner su, en otro tiempo, intachable honor, por los suelos. Como he leído en un artículo, cuyo autor no recuerdo, pero que demostraba mucho afecto y aprecio por la Guardia Civil, “¡Han matado a la Guardia Civil!”  

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara         

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