Poner la otra mejilla: Palabra de Jesús

El evangelio de hoy es taxativo, pero siempre en el estilo de la invitación, no del mandamiento. Reza así:

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente.” Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica; dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas. Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.” (Mt 5,38-48)

El Estado, como institución, de alguna manera sigue manteniendo el “ojo por ojo, diente por diente”. Y algunos Estados, con su pena de muerte, y cadena perpetua, más. En nuestro país hay una parte de la población, generalmente la que se presenta como más católica, que parece querer emular a nuestros modelos norte-americanos, y pretende implantar en nuestro ordenamiento penal la regla de oro del Código de Hanmurabi. Sobre todo en los asuntos referentes al terrorismo. Pero sorprende, a mí por lo menos me sorprende, que los mismos que tanto reclaman justicia, lo más equitativa posible, es decir, el famoso ojo por ojo, en los casos de terrorismo de grupos políticos-violentos, como ETA, GRAPO, etc., no mueven un dedo, ni dejan mover, para paliar los efectos del terrorismo de Estado. Y así se oponen a que la tremenda injusticia de cuarenta años de represión y dictadura, sangrienta, por lo menos los diez primeros años, se vea ahora revisada.

El argumento es pintoresco: una vez serenados los ánimos en la Transición, no conviene revolver y agitar las aguas. Además de que ya está jurídicamente cerrado el caso con la ley de amnistía. Eso a pesar de que según organismos jurídicos de la ONU esa ley debería ser revocada, y aplicar con más rigor la nueva ley de Memoria Histórica. Pero no quieren aplicar ese mismo argumento a los “otros terrorismos”, y se negarían visceralmente a que, una vez pacificado el país vasco, por ejemplo, se creara una ley de amnistía semejante a la de la Transición. Para ellos, ahora víctimas, esa ley no sirve. Para las otras víctimas, sí. Y lo más sorprendente e inaceptable, para los que como yo anunciamos la Palabra de Dios, es que los que así se comportan son los más católicos y practicantes del país. ¡no hay quien convenza a esta gente que Jesús habló en serio con lo de la otra mejilla.

No podemos exigir a nadie que pida perdón sin, primero, los cristianos, no hemos hecho el ejercicio de perdonar. A esto se suele reducir lo de poner la otra mejilla, no es preciso hacerlo físicamente. Pero si los que nos decimos cristianos, y seguidores de Jesús, no ponemos en práctica la pedagogía del perdón, los “otros” no aprenderán a perdonar. No exijamos a muchos que no se presentan, ni lo aprecian, como cristianos aquello que nosotros no queremos practicar. O no somos capaces de hacerlo. No exijamos a nadie lo que no queremos para nosotros. Anunciemos el Reino, sí, pero procuremos, e intentemos, con toda la fuerza, cumplir sus dinámicas y arrastrar a los demás con nuestras buenas obras, “para que la gente vea vuestras buenas obras y glorifique a vuestro Padre Celestial”.   

Jesús Mª Urio Ruiz de Vergara.

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