Los dineros de la Iglesia en España

Volví de Brasil, después, de quince años, el mes de Julio de 1985. Vine para un año sabático, que había solicitado a mis superiores de la cuasi-provincia brasileña. Que por qué no volví al cabo de año, y me fui quedando en España es otro tema,  y no pienso que ahora interese. Solicité al provincial de España, por entonces el padre José Luis Lozano, ss.cc., que me proporcionara una casa para quedarme, y poder dedicarme al talante sabático del año. Así que pedí integrarme en la comunidad de Miranda de Ebro, por varios motivos: porque no quedaba lejos de Olite; porque el valle de Miranda es un magnífico entorno para el estudio y la reflexión; porque podría atender alguna de las parroquias vecinas de los pueblos de Burgos o dela Rioja alta, y porque en su templo hay un magnífico órgano clásico de tubos, en el que imaginaba pasar horas resolviendo el único problema que me había quedado del manejo completo del órgano: el trabajo con la pedalera, es decir, usar los pies para algo más que simplemente marcar el bajo.

Yo me las prometía muy buenas, pero el Chano, (modo familiar de llamar al provincial de todos los que con él habíamos convivido), con su labia convincente, me cameló para colaborar en un proyecto que él tenía muy bien pensado para la comunidad doble, del Colegio y de la parroquia, de Martín de los Heros. Así que me vine a Madrid, y, además de dar unas pocas clases de Religión en el cole, trabajé de vicario parroquial en la Parroquia. Y a esta tarea me remonto. En la primera reunión de arciprestazgo, de uno que es tan bien sonante como el de San Antonio de la Florida, uno de los temas del que hablamos fue el de la financiación de la Iglesia. Y, acostumbrado a Brasil, donde la Iglesia no recibe ni un duro, ni del Estado, no a través de él, sino solo delas aportaciones de los fieles, se me ocurrió preguntar: “¿Y por qué no probamos con la sola financiación de las aportaciones voluntarias de los fieles?”  Una auténtica bomba dialéctica no hubiera provocado mayor susto, ni sido motivo de tanta sorpresa e incredulidad. ¡Vamos!, tuve la sensación de que los curas pensaban, pero, ¿de dónde ha salido este alienígena? Intenté explicarles que lo pasaríamos mal durante unos años, como máximo, diez, pero que después, convencidos de que financiar a la Iglesia es autofinanciarse ellos en algunas de sus necesidades y deseos, contaríamos con más medios y de modo mucho más limpio adquirido, y sin interferencias sopsechosas del Estado.

Me siguieron mirando como a un loco. Yo les aseguré: ahora que se está hablando en el país, y en la Iglesia, de la financiación de Esta, es el momento de abordar en serio el tema, porque cuánto más tarde será peor. ¡Bueno!, pues mis colegas presbíteros, sacerdotes, como dice la gente, como nunca habían pensado en esa posibilidad, de la autofinanciación, como algo real, no se animaron de ninguna manera. Y lo que es peor, para mí, es que no llegaron a entender las ventajas que nos vendrían, con seguridad, de esa complicidad con los fieles. Les dije que en toda Latino-América, con países bastante más pobres que el nuestro, se resuelve así esa necesidad eclesial, pero mis colegas no estaban abiertos a la novedad, y al albur de lo desconocido. Así que no echo toda la culpa a los obispos, que son los primeros responsables de no dar el paso, con un período de carencia, para la autofinanciación. Y hay que recordar, sin acritud, y sin la mala idea que puedan tener los políticos de izquierda, sino como hermanos, que esa solución fue prometida por los prelados al Estado.

Y así conseguiríamos algo importante, que sigue siendo una asignatura pendiente: una mayor integración, conocimiento y aceptación de clero y laicado.. Porque los fieles no hablarían, ni considerarían su aportación como una ayuda a “la Iglesia”, sino como una manera de financiarse sus gastos y necesidades materiales como comunidad cristiana. Y aprenderían a hablar en primera persona del plural, como en el “Padre nuestro”. Mientras eso no ocurre, seguirá el insufrible discurso de “ellos”, los curas, y “nosotros”, la gente de a pie de la Iglesia. Repito que, para mí hemos perdido casi treinta años en la aplicación de un sistema que tienen, en la práctica, la casi totalidad de las iglesias locales. Mi sensación, experimentada en la realidad, es que viviríamos mejor, y los ingresos estarían en relación directa con el agrado y la aceptación del trabajo pastoral de los curas. No como ahora, en que no hay motivación real suficiente para, de verdad, actuar como profesionales buenos y preparados. Y así, si nos pasamos por las Iglesias de nuestras parroquias, como hice yo en el curso 1996-97, que fue sabático para mí, con permiso de la provincia ss.cc. de España, veríamos el nivel paupérrimo de las celebraciones y de las homilías de un buen número de presbíteros.

He escrito esto que hoy os mando porque he tenido una cierta polémica, pero buena y respetuosa, con algunos fieles, que han pasado mucho, ¡frío en una actividad tan eclesial como el Yoga! Les he dicho, “sabéis que no tenemos un duro”. Y ellos ponen cara de sorpresa. Y preguntan ¿y eso?, y les respondo, “porque vosotros no aportáis prácticamente nada. Ni siquiera para pagar el trabajo de vuestro cura. Y por ahí ha ido la charla, y les he prometido que hoy escribiría algo sobre el tema, en el blog. y es lo que acabo de hacer.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

(Después, continúo).

4 Responses to “Los dineros de la Iglesia en España”

  1. Lamentablemente la situacion de tu parroquia da la razon a tus companeros incredulos en tu propuesta

  2. Tengo la inmensa alegría y satisfacción de afirmar que en mi parroquia no sólo no recibimos nada del Estado a cuenta de lo que comentas, sino que aportamos a la caja de compensación diocesana.

    Por otra parte, el estado nos tiene como colaboradores suyos, a cuenta de los alimentos que gestiona el FEGA para las personas en grave situación. Todos los gastos, exceptuados los propios alimentos, son sufragados por los cristianos y cristianas de la comunidad.

    Y puedo decirte que estando en Valladolid, podríamos ser equiparados a cualquier parroquia de Entrevías.

    Claro que el párroco ha pasado a la condición de pensionista, y por tanto cobro de la caja común.

  3. A ver, Iruña, pienso que te equivocas, de medio a medio. La gente de nuestra tierra, por lo menos en Vallecas, es, por motivos históricos obvios, anticlerical. En España los seglares colaboran poco económicamente con la Iglesia, con las excepciones que todos conocemos, entre otras cosas porque piensan, mucha gente sencilla, que ya nos paga el Gobierno. Si nos financiáramos autónomamente por completo, la gente de mi parroquia colaboraría más, y de mejor talante. Y si no, como efectivamente la Iglesia hace en todos los sitios, acudiríamos al fondo común de compensación. Pero ahora, los que administran ese fondo en la diócesis lo hacen como si el dinero fuera de la institución, porque el Estado colabora con grandes sumas. O. por lo menos, la ciudadanía a través del Estado. Al mismo tiempo, en barrios como el mío, hay hasta quien se plantea la objeción de conciencia, como: ¿Voy a colaborar yo económicamente, cuando la COPE gana tanto dinero, con una línea editorial que nos deja fuera a casi la mitad de los católicos, o más? (Sic). El caso es que la aportación oficial del Estado la solicitan y la tramitan los obispos.

    Y a Miguel Ángel le diría que siendo yo párroco en Sagrados Corazones de Madrid colaborábamos con 8 millones de pesetas al obispado, y otros 8 a la caja provincial. Es decir, sé lo que es no depender de la caja de compensación, sino ayudar a llenarla. Pero la experiencia nos demuestra, a mí, por lo menos, que sabiendo los fieles que son los únicos que mantienen la Iglesia con su ayuda económica, colaborarían más, y, también, más o menos, según la línea pastoral de los párrocos y del obispo de la diócesis. ¿Será a este dato al que tienen miedo nuestros clérigos?

    Jesús Mari

  4. Sí rotundo a lo que preguntas. Gracias por contestarme.

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