El problema está en la teología

Este es el título de una artículo de José María Castillo, en su blog “Teología sin censura”. La verdad, me ha venido muy bien su lectura. No me ha sorprendido, porque hace tiempo voy dando vuelta al tema, si bien cambiaría algún término de la reflexión. Para centrarla bien cito el primer párrafo del artículo, que deja bien asentado todo el devenir del mismo:

“El problema capital, y la raíz de los demás problemas que se nos plantean a los católicos en este momento, no está en la reforma de la Curia Vaticana, ni en el cambio de tales o cuales cargos en el gobierno de la Iglesia, ni en el nombramiento de nuevos obispos con una mentalidad distinta de la que muchos tienen ahora, ni siquiera en que el papa Francisco se mantenga firme en la conducta y en la imagen pública, tan ejemplar en tantas cosas, que estamos viendo en este hombre tan singular, que es el papa Bergoglio. Por supuesto, todo lo que acabo de indicar es importante. Pero nada de eso es lo verdaderamente decisivo”.

Y sigue después, con lógica aplastante. (Pido disculpa por citar con esta extensión al gran teólogo, lo hago porque si no quedaría muy poco claro mi artículo, y dónde quiero llegar): La Iglesia tiene su origen y su fundamento en Jesús de Nazaret y en su Evangelio. Como es lógico, y esto supuesto, el problema capital de la Iglesia, y la raíz de todos los problemas que la Iglesia tiene que resolver, está en que sea siempre fiel y coherente con su origen y su fundamento. Es decir, que la Iglesia piense como Jesús pensó. Hable como Jesús habló. Y viva como Jesús vivió. Pero resulta que, con el paso de los tiempos, en la Iglesia se han ido elaborando y afirmando una serie de ideas, de normas, ritos y tradiciones a los que se les concede más importancia que al Evangelio. De ahí, que haya tanta gente, que piensa e incluso dice: “Jesús, sí; Iglesia, no”. Que es tanto como afirmar: “Evangelio, sí; Teología, no”.  

Para empezar mi razonamiento, yo preferiría otra antinomia, un poco diferente a la de “Evangelio, sí; Teología, no”. Sería más honesto, y más respetuoso con la Teología, afirmar, “Evangelio, si, Tradición, no”; o “Evangelio, sí, derecho canónico, no”. Yo entiendo que Castillo quiere decir, con lo de Teología, toda la construcción teórico-práctica que la Iglesia ha ido construyendo al margen, cuando no abiertamente, contra el Evangelio. Porque la Teología ha pretendido, en la mente de los teólogos, traducir en palabras  humanas, y usando conceptos humanos, y filosóficos, el tesoro de la Revelación. No siempre lo han conseguido, por las características del Misterio, y también porque no han tenido en otras épocas, como se tienen ahora, medios para una lectura crítica, y lo más cercana a la intención de los escritores sagrados, de la Biblia, tanto del Antiguo (AT), como del Nuevo Testamento (NT).

Además, la Teología, al servirse de la Filosofía, que era “ancilla Teologiae”, sierva de la Teología, no ha podido abstraerse de las hipotecas que cada época y cada autor han ido prestando al pensamiento filosófico. Así la Teología de los padres de la Iglesia deudores del pensamiento platónico no se parece casi nada a la de los que después conocieron los planteamientos aristotélicos. Pero, de cualquier manera, y a duras penas, intentaron ser honestos y leales a esa versión teológica de las palabras y conceptos filosóficos. Esa adaptación, o mejor, traslado, o traducción, (sin olvidar el dicho romano “traductor, traditor”, el traductor es un traidor), se hizo, o se pretendió hacer, desde la Palabra de Dios, en el AT y NT, con los medios o instrumentos que ofrecía la Filosofía. Y en ese intento, el resultado es bastante leal  y satisfactorio.

Pero el alejamiento del Evangelio vendría por otros derroteros: la cultura, las costumbres, el derecho, la política, la organización social, etc. Mientras los primeros cristianos se mantuvieron en un sistema privado, de vivir su fe, y de dar testimonio de Jesucristo en su vida normal, que podían ver, y veían, sus vecinos, sin alharacas ni demostraciones de poder, esos elementos que cito no tuvieron casi ni opción a marcar el estilo de vida y de pensamiento de los cristianos. Pero la salida a la luz pública, no de los fieles a nivel individual, o en pequeñas comunidades, que ya eran foco de irradiar luz, sino como institución poderosa, codeándose con los poderes fácticos, como el emperador y las instituciones del Imperio, ese cambio realizado en el siglo IV, con los emperadores Constantino y Teodosio, esa fusión de Iglesia con la política, fue, para mí, el origen del divorcio Evangelio-praxis de la Iglesia. Más que el de Evangelio-Teología.  

(Como el tema es interesante, y apasionante, en días sucesivos iré desgranando realidades eclesiales actuales que se separan, y/o contradicen al Evangelio).  

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

3 Responses to “El problema está en la teología”

  1. Tema trascendental el de la teología.Dime tu fundamento teológico y te diré cual es tu religación a Dios,tu espiritualidad…..
    Fijémonos en la Eucaristía,en los conceptos vertidos en la misma de pecado,sacrificio….de la adoración eucarística….
    Fijémonos en la vida monacal….en algunos casos basada en una teología medieval….
    Demos un repaso a tradiciones religiosas y piadosas….
    Inmensa tarea la de una teología “negativa” por desarrollar para volver a rumiar el Evangelio y el mensaje de las Parábolas….

  2. Hay obispos que afirman que no hay teologías, sino solo “una teología”…

  3. Iruña, totalmente de acuerdo contigo.

    Losada, también de acuerdo contigo, del todo. Pero no con los obispos que hablan de una sola Teología. Hay, o por lo menos, lo intentamos, un solo Dogma, pero nunca una única explicación del mismo. Gracias.

    Areópago

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