El hermano mayor de la parábola del Hijo Pródigo

Una buena figura de la envidia española, propiedad de la casa.

En el Evangelio de hoy, sábado de la 2ª semana de Cuaresma, se nos relata la parábola del Hijo Pródigo. Siempre me ha llamado la atención la actitud del hermano mayor de la parábola del Hijo Pródigo. Se niega a entrar a la fiesta cuando vuelve del trabajo, y oye la algarabía de la música y el baile que han montado en casa. Al enterarse de que la causa es la vuelta de su hermano pequeño, que “había dilapidado sus bienes con prostitutas”, piensa que a su padre le hadado un ataque de locura, que a él nunca lo ha tratado así, y , como he dicho, se niega a entrar. Este muchacho es un ser amargado, trabajador, un poco aburrido, que desconoce la generosidad de su padre, y que nunca ha tenido la confianza con él para pedirle, o tomar directamente, un cabrito, para merendar con sus amigos.

La parábola va dirigida a los “escribas y fariseos, que murmuraban la familiaridad de Jesús con “publicanos y pecadores (prostitutas)”: “En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: “Ése acoge a los pecadores y come con ellos.” Jesús les dijo esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.” El padre les repartió los bienes. Nos decía nuestro profesor de Biblia, padre Cunchillos, que para entender bien una parábola, había que atender estos dos puntos: a quien iba dirigida, y, luego, descubrir su “clímax”, o momento culminante. Queda bien claro que iba dirigida a los “escribas y fariseos”, y, aunque no tan claro, el clímax, según nuestro profesor, estaba en la reacción del hijo mayor, que no quiere reconocer a su hermano  como tal (“ahora que ha venido ese hijo tuyo que ha tus bienes con malas mujeres …”), y que ni quiere, ni puede, entender la generosidad y el perdón de su padre. Lo que indica que según él, el hijo, nunca tuvo la necesidad de ser perdonado.

Aplico esta parábola a la situación española, porque desde hace tiempo no solo existe entre nosotros una asfixiante crispación, sino que se ha instalado en la vida social y política un ambiente de hostilidad insuperable entre los que defienden ideas, sentimientos, y proyectos diferentes. (Mientras escribo estas líneas me llega la noticia de la muerte de Adolfo Suárez. Estoy seguro que los mismos que se van a derretir en loas y alabanzas a su figura, ignorarán, y pasarán por alto, el talante tan dialogante, respetuoso con todas la ideologías y el pluralismo político, y la continua búsqueda de consenso que tanto caracterizaron al ex presidente desaparecido).  Está claro en la parábola que existen dos grandes clases de pecados: los que saltan a la vista, y hacen que la persona se desestructure, y llegue hasta el hastío, la náusea y la desesperación, y por eso mismo se convierta y vuelva a casa, que es el pecado del hijo pequeño; y otro tipo de pecado más escondido, de la gente bien portado y comportada, que no puede, ni sospechar que su pecado consiste en no querer, ni siquiera ponerse a la tarea incipientemente, de no solo respetar, sino amar a su hermano. Creo que es el pecado mayoritario de los españoles, en el que me incluyo, y tal vez sea ese la causa, ¿o la consecuencia?, o las dos cosas, en los días que corren de la guerra civil.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

One Response to “El hermano mayor de la parábola del Hijo Pródigo”

  1. El hijo mayor somos todos cada vez que pensamos que somos más justos que los demás.
    .
    En la necedad de lo que somos: no somos.
    En la humildad de lo que no somos: somos.
    El hijo menor se creía poderoso, el hijo mayor se sentía acreedor.
    El hijo menor, cuando por fin sabe que no es nadie, entonces entiende como se da Dios y cuánto le ama.

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