La Samaritana: un Jesús claramente transgresor

Los fieles de mi parroquia se inquietan cuando, cada vez que como hoy, tercer domingo de cuaresma, toca el evangelio de la Samaritana, les presento a Jesús como un verdadero y auténtico transgresor de las normas y usos sociales. Esa palabra los escandaliza, y se quedan en ella, olvidando que siempre acabo explicando el porqué, que es la verdadera enseñanza, entre otras, del texto: ¿Por qué?, y, sobre todo, ¿por quiénes?, Jesús transgrede las normas. Así que, para no escandalizar a algún posible lector tan timorato como algunos de mis parroquianos, voy a intentar explicar muy detalladamente la opinión que se esconde bajo ese título tan alarmante. Así que mi tesis es: Jesús transgrede varias normas realmente importantes de su tiempo, en el diálogo con la samaritana. Veamos:

  1. El territorio de Samaría estaba gravemente vetado a los judíos. Si algún galileo quería bajar a Judea, donde se encontraba la ciudad sagrada de Jerusalén, tenía que vadear el río Jordán, y bajar dejando el río y Samaría a su izquierda, para volver a vadear el río ye en frente de Judea. Pero pisar Samaría los dejaría impuros. Así que entrar en Samaría, y además, acompañado, por sus discípulos, era una grave transgresión.
  2. No se podía hablar en público con una mujer que no fuera la mujer de uno, y la Samaritana tenía dos agravantes: , era samaritana; y , era prostituta. Es decir, con esa licencia que se dio Jesús para hablar con la Samaritana, cometía tres transgresiones: hablar con mujer; hablar con una samaritana, lo que conllevaba impureza legal; y platicar con una prostituta, que agravaba esa impureza ya cometida.
  3. Además, el Maestro le pide a la mujer samaritana agua para beber, la que, evidentemente, tiene que ser sacada del pozo con el pozal (¡que manía de llamar cubo a ese instrumento que posee un nombre tan claro, diáfano y lógico, como pozal, que es como se llama en Navarra!, pero no, evidentemente, en Madrid), con lo que iría a beber agua impura, para la conciencia normal de un judío practicante.

Jesús sabía que estaba transgrediendo, y los discípulos también. (.”En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: “¿Qué le preguntas o de qué le hablas?”). Era una falta especialmente grave dialogar, a cielo abierto, con una prostituta, quien además, por los colores de su vestimenta, y sus modales y gestos, no podía ocultar su condición.En el texto hay otros puntos importantes, que tal vez comente otro día, como la superación de los ritualismos cultuales, (“Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así”); la Palabra de Dios como alimento cotidiano del creyente, (“Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra”); y otros detalles, interesantes y bonitos, que recomiendo conocerlos leyendo la página de la Samaritana, una de las más literarias y bellas del NT).

Y no voy a terminar sin aclarar el por qué Jesús se convierte en transgresor. Aunque no lo fue verdaderamente tal, porque Él respetaba, cosa que no hacían los fariseos, la “jerarquía de normas y mandamientos”. Todo lo que he afirmado de las transgresiones de Jesús es verdad. Pero es que esas normas ocupan lugares muy retrasados en el orden de los mandamientos. Los primeros son: “Amarás al Señor con todo tu corazón, con todas tus fueras y con todo tu ser; y al prójimo como a ti mismo”. Y el Maestro nos enseñó que los dos forman un tándem que los convierte en un mandamiento único, que es, además el primero. ES decir, Jesús transgrede para cumplir, con aquella mujer, y con la humanidad, a través de lela, con el primer mandamiento. En el fono, no es transgresor.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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