El problema no está en los papas, sino en el papado

Escribo este artículo como suplemento del de ayer, para que se entienda lo que en él quise decir. Desde luego, no me mostraba demasiado entusiasmado con la canonización no solo de dos papas, sino con la de los papas en general. Llegué a escribir, aunque después lo cambié, ¡y no sé por qué!, “que los hagan papas, pero que no los canonicen”. Y esto porque, a muchos creyentes nos da la impresión de que estamos jugando con temas fundamentales, y, además, de muy largo y profundo alcance en la sensibilidad de los cristianos. Como ya he afirmado muchas veces, y nadie hasta hoy me ha corregido, la santidad no tiene nada que ver con la moral o la ética. Por eso nunca he entendido, y sigo sin comprender, porqué hacen mención, en el decreto de glorificación, (beatificación o canonización), de las virtudes heroicas de quien quiera que sea. Uno no es signo y espejo de la santidad divina por sus virtudes, sino por la fidelidad de su vida al modo original, diferente, otro, transcendente, santo, de ser Dios.

Mientras no avancemos por este camino, no podremos tener la suficiente libertad para opinar y expresarnos en los temas referentes al ¿poder? administrativo de la jerarquía de la Iglesia sobre la santidad de sus fieles, como para expresarlo de modo público y oficial. Que unos papas, que tienen ese poder, se dediquen a elevar a los altares a otros colegas, podría provocar, y provoca, una sensación de espíritu de cuerpo, y de camaradería. En el caso de la canonización del Domingo, esa sensación fue palpable. Hoy he tenido cita con mi médica, una mujer admirable, amplia, abierta, y crítica, y me ha dicho: “Me había propuesto no hablar, pero contigo lo puedo hacer. Lo de canonizar a Juan Pablo II ha sido vergonzoso. Y yo no se lo achaco a Francisco, que lo único que ha podido hacer es adelantar la canonización de Juan XXIII”. Este razonamiento me ha demostrado que la gente se empieza a cansar de ciertas prácticas de la cúpula vaticana, y de que está más informada de lo que parece, por lo menos nuestros fieles con un cierto nivel de cultura. Y eso, en el caso presente, de que siempre queda a salvo la honestidad y la lealtad del papa Francisco.

Estamos tan acostumbrados a ver y reconocer en el papado una institución directamente creada por Jesús, que nos cuesta percibir no solo que no es así, sino que “es imposible que así sea”. Y lo es porque va en contra de algunas de las piedras angulares que el Maestro nos dejó en su anuncio del Reino. Me refiero al papado como lo conocemos, y lo aceptamos. Porque como indiqué ayer, una cierta coordinación desde la altura tal vez sea útil para el desarrollo de la Iglesia al crecer ésta enormemente tanto en número de miembros, como de realidades sociales y jurídicas cada vez más complejas, que requerirían un fuerte comando. Pero éste no tiene que ser unitario, sino que parece mucho más concorde con el Evangelio que sea colegial, pues la Iglesia es, como ella se define a sí misma, “apostólica”, y no petrina, ni romana. Tal vez por eso, a nadie le pareció mal, al inicio de su andadura, que el órgano de dirección efectiva de la Iglesia fuera el colegio de los cinco grandes patriarcas, todos ellos iguales, aun reconociendo al de Roma la “condición de primus inter pares”.

Peor aunque aceptásemos, por estrategia de organización, y de crecimiento, el ministerio unitario en la Iglesia, éste debería ser de estilo evangélico, a no ser que quisiéramos caer en el inicuo delito que ayer llamé de prevaricación. Cualquier ministerio, y por lo tanto, ministro, en la Iglesia, no puede orientar su tarea pastoral sino según los parámetros del Testamento, (NT), y de la iglesia primitiva. Por eso, el problema no radica en quien ostenta ese alto ministerio, sino en la naturaleza, alcance y estilo del mismo. (Y como el asunto es importante, y va bastante más lejos, dejaré el tema para terminarlo mañana, precisando cómo tiene que ser, y cómo no puede ser, ese poder tan alto de la Iglesia).

(Continuará)

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

4 Responses to “El problema no está en los papas, sino en el papado”

  1. Sed santos porque yo yo soy santo. Amén. Tu fe te ha salvado. Se le ha perdonado mucho, porque ha amado mucho… No vas a salir del carril porque eres (en palabras del ilustre Peto) un marcionita o priscilianista. Yo sigo también porque no te creo que te escandalices tanto cuando hay tantas cosas para escandalizarse. En vez de dar tantos consejos a Papas, Obispos, curas… y a ti mismo y todo el Staff, y/o complacer a lectores que quieren escuchar esto, te invito a ver una semana santa a Málaga y … si las ves por la TV que gastes un poco de energía en luchar contra otras cosas que engañan al pueblo cristiano de buena fe y a los que les importa un rábano. “Uno no es signo y espejo de la santidad divina por sus virtudes, sino por la fidelidad de su vida al modo original, diferente, otro, transcendente, santo, de ser Dios” Pero veo que no has estado en un proceso diocesano ni has leído bien La Positio super Virtutibus. Hasta el proceso de San Francisco de Asís no había procesos jurídicos para hacer santos, seguían otros caminos. El tiempo no pasa en balde y la Encarnación de Cristo no acabo un 25 de marzo del año xxx en Nazareth. Nos vemos. Tienes un lector bastante asiduo en esta revista que parece de la Reforma.

  2. Padre Urío:

    A mí la canonización de Juan Pablo II me dejó triste, con la misma sensación de impotencia y de desaliento que sentí cuando a mi esposo le diagnosticaron esclerosis múltiple. Sería muy fácil enojarme con Dios por permitir estas situaciones tan sin sentido, pero a El no le puedo reclamar nada. El es dueño de todo, y en algún momento, en su infinita sabiduría nos enseñará que de la fragilidad de la carne, de la enfermedad y del pecado, El sacará algo bueno para su pueblo. No dudo que el papa polaco haya querido hacer lo que pensó siempre correcto, pero la indiferencia ante víctimas puntuales de pederastia, entre esas víctimas sacerdotes en activo, es escandalosa, y por ningún motivo puede ser considerado un ejemplo a seguir.
    Y, sinceramente, canonizar al ya conocido como el Papa Bueno, era redundante. Juan XXIII tuvo un papado que duró la quinta parte del de Juan Pablo II, pero su testimonio de hombre bueno y fiel al espíritu de Dios es muchas veces mayor.

  3. Emilio.
    No doy consejos a papas y otros “Sumos Sacerdotes” santones. Simplemente, a pesar de que me han inculcado, como a ti, la excelencia de la institución papal, me ha sido muy fácil descubrir que el modo de ejercerla, faraónico e imperial, no tiene nada que ver con lo que nos dijo el Señor. Y por eso, en el siguiente artículo, que saldrá con fecha de hoy, pero lo escribiré mañana o pasado, detallaré los aspectos antievangélicos de ese ministerio. Cosa, además, muy fácil.
    Y te diré más: el auténtico reconocimiento de la santidad de Damián no fue el de su beatificación-canonización institucional. sino el del pueblo de Dios, católicos anglicanos y nativos. Por eso a la autoridad vaticana no le gusta nada, le desagrada, que el pueblo se le adelante en el fervor y el culto a un cristiano ejemplar en el testimonio del amor cristiano. Pero como tenemos mucho de qué hablar, me reservo para cuando lo podamos hacer con unas cañas y unas anchoicas.
    Un abrazo.

  4. Laura: estoy totalmente de acuerdo. Es escandaloso que se hayan dado tanta prisa en glorificar a Escrivá de Balaguer, y a Juan Pablo II, y hayan tardado tanto con el papa Roncalli y con monseñor Romero. Además, no hace falta este reconocimiento institucional, porque comienza a ser sospechoso.
    Un abrazo.

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