Santiago Martín, f.m., anuncia un cisma en la Iglesia; ¿agorero o actor? (II)

2º)  El camino, la verdad y la vida.

El modo espiritual que se le ocurre a Santiago Martín para explicar el concepto de misericordia, y su mal uso, es una exégesis muy propia y original del texto del evangelio de San Juan, “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. (Ju 14,6). Y aquí radica la originalidad de la explicación del concepto misericordia, al modo espiritual. Aunque sea brevemente, lo comentaré en cada apartado.

 El camino. Este paso es el que más, y peor, me sorprendió de toda la conferencia. Para el padre Santiago “el camino”, en este texto de Juan, quiere decir “la moral”, los diez mandamientos “de la ley de Dios”. No hace ninguna referencia al origen civil y mundano, por decirlo de alguna manera, no divino, de los diez mandamientos, rey de Babilonia  desde 1792 al año 1750 antes de Cristo. Cualquier historiador, ¡o no tanto!, los fieles de mi parroquia que asisten al curso de Biblia, saben que los diez mandamientos no fueron un regalo de Dios a Moisés, sino que el escritor sagrado los conoció porque esa síntesis moral del comportamiento humano en diez grandes líneas llamó la atención, por lo concisa, completa y práctica, en todo el mundo cultural del Mediterráneo. Y la colocó en la Biblia, atribuyéndosela a Dios, como hacían siempre los escritores bíblicos, profundamente teologales. Pero interpretar el “camino” de Jesús, que más marca y quiere decir el estilo propio y exclusivo de Jesús de vivir los valores fundamentales de la vida, siempre según El, como la moral convencional de los diez mandamientos, es, además de un grave desvío, una exégesis del todo inaceptable. (Después aparecerá un poco de las consecuencias dañinas de este modo de pensar).

 La verdad. Una cosa explica bien Martín: que Jesús no dice que la suya sea “una verdad”, sino “la verdad”; es decir, la única referencia en la búsqueda que todo ser humano, conscientemente o no, y por caminos apropiados o no, hace en su vida buscando la luz. (Es muy conmovedor cómo a los existencialistas, como Heidegger, se les ilumina la mente y el corazón cuando descubren que es el propio ser el que se va “desvelando” a quien se pone a tiro. Pero este pensamiento filosófico ha entrado aquí por la admiración que a mí me provoca el discurrir para encontrar las grandes líneas del conocimiento de la realidad. Hay pensadores modernos, sobre todo alemanes, que opinan que la afirmación apodíctica de Jesús “yo soy la verdad”  puede, perfectamente, ser el primer paso de lo que Heidegger, y otros existencialistas, denominó “alétheia”, que es la verdad que se abre camino hacia mí, que se me revela, que se “desvela”. Pido que mis lectores me disculpen por este largo paréntesis que no procura de ninguna manera explicitar algún aspecto de lo que dijera el padre Santiago, que no tocó nada de esto). Lo que sí me sorprendió, y me apenó, profundamente, fue la reducción, atrevida y peligrosa, que hizo el conferenciante, al identificar prácticamente la verdad con los enunciados dogmáticos u teológicos del Magisterio de la Iglesia. Repitió como ocho o diez veces que lo que la Iglesia había enseñado durante dos mil años, -en lo referente a la comunión en gracia o en pecado mortal-,  no lo podía cambiar alegremente ningún osado. (Como veremos después, ahí entran en el saco el cardenal Kasper y el propio papa Francisco).

Y no hay apartado sobre el término “vida”, porque no lo oí, o se me escapó, si bien lo dudo mucho, pues escuché la conferencia dos veces. Simplemente, no dijo nada, por lo menos explícitamente, sobre el sentido profundo del término vida en las palabras de Jesús.

El concepto de Gracia y pecado mortal. Retomando el concepto “misericordia”, equivocadamente aplicado, según el ponente, en el permiso de comulgar de los divorciados-separados, no ha dejado de insistir en dos ideas:, que el que se casa, y no le anulan el matrimonio, (él no era especialmente exacto en la diferencia entre “anular”, como dice popularmente la gente, y “declarar nulo”, como es más preciso), y vive con otro/a, con el/la que tiene relación sexual, está en pecado mortal; y , que el quecomulga en pecado mortal, “indignamente”, según una traducción muy poco exacta y tendente al moralismo, (en vez de la más común hoy “el que como del pan o bebe de la copa del Señor sin darles su valor”),  “come su propia condenación”, (en lugar de “tendrá que responder del cuerpo y de la sangre del Señor). (Hoy día los teólogos más serios y profundos han eliminado el sentido material del concepto de Gracia, como si fuera un paquete que nos dan, y los guardamos o no, por el que la lógica pide: gracia, gratuidad; si Dios nos ama, y lo demuestra en la entrega de su Hijo, siempre nos ofrece ese amor, siempre es gratuito, y siempre estamos en gracia).

Llegados a este final de conferencia, es preciso resaltar varias cosas:

1ª)      No se puede, con esa superficialidad, hablar de pecado mortal. El mismo Santo Tomás de Aquino enseñaba: “de pecato mortale dificultossime falitur: de pecado mortal se habla con muchísima dificultad. El pecado depende de la conciencia, y según la doctrina moral, vigente, por lo menos, desde el mismo Tomás de Aquino, la norma próxima de moralidad es la conciencia del individuo.

2ª)     No hay que insistir tanto en los aspectos can´çonicos, es decir, jurídicos, de que si un matrimnio no ha sido anulado, -declarado nulo- por la autoridad de la Iglesia, el que comulgue tweniendo relaciones sexuales con otra pareja comete, ipso facto, pecado mortal. Eso no lo puede decir ni siquiera la autoridad de la Iglesia. Puede afirmar que su situación es irrgular, pero ununca podríamos argumentar, como hace Santiago Martín, con el automatismo de “está en pecado mortal=si comulga lo hace indignamente. Ergo, (luego) no se le puede permitir comulgar.

3ª)     ¿Quién da permiso para comulgar? Santiago repite, e insiste, en que nadie puede hacer nada contra la orden o el mandamiento de Jesús, ni el cardenal Kasper, ni, (aunque no lo dice así de claro), el papa Francisco. Pero repito: ¿cuál es el mandamiento de Jesús? El único que conocemos sobre la Eucaristía es: “Tomad y comed, tomad y bebed, haced esto en memoria mía” , cuatro imperativos como cuatro soles, imperativos positivos, no prohibitivos. Comulgar no es un derecho, es mucho más: es una obligación. De la que no se le puede privar a un cristiano creyente, aunque haya fracasado en el matrimonio.

4ª)     Y la guinda final es lo más llamativo. El conferenciante, imbuido de su papel profético, apelando a su conciencia, avisa, -“y el que avisa no es traidor”, recuerda- de que la situación en la Iglesia, ante los flagrantes abusos de jerarcas tan señalados como cardenales, y hasta el propio Papa, es, con toda probabilidad, de cisma. Así, ¡con todas las letras! Más que un aviso es una amenaza.

Lo que hay que dejar bien claro es que la actitud cismática no es la de Karper o Francisco, sino la de los que apelando a un concepto atravesado, equivocado, y nada evangélico, de Tradición, se niegan a dejarse arrastras por la fuerza renovadora del Espíritu. Y hay que decir con todas las letras que son este tipo de personas las que ni aceptan, ni siguen, ni quieren dejarse convertir por las enseñanzas magníficas del concilio Vaticano II.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

3 Responses to “Santiago Martín, f.m., anuncia un cisma en la Iglesia; ¿agorero o actor? (II)”

  1. A salido el mejor areopago. Gracias.

  2. Cuando se escribe a las dos de la madrugada…se pide indulgencia con las faltas de ortografía…por gordas que sean. “Ha salido…”

  3. Gracias a ti, sé que eres muy exigente, y tu apoyo me anima mucho. Y las faltas de ortografía son las menos importantes en la redacción, a pesar de que los profesores las sobrevaloren. Gracias.
    (Jesús Mari)

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