“Se encuentra a Jesús en los pecados… No, no es una herejía” (papa Francisco).

Es la enseñanza de Jesús en la escena de su invitación en casa del fariseo Simón, (Lc. 7, 36-50), en la que irrumpe una bella, fascinante, y perturbadora mujer, que era prostituta. A propósito de la que el Maestro acabará diciendo  al anfitrión, un fariseo cumplidor y moralista, “al que poco se le perdona poco ama”, (frase que vi cambiada en un templo tan moralista por lo menos como el fariseo, por esta otra, “al que poco ama poco se le perdona”. (Éste es el pensamiento de los “buenos”, tipo Simón, el fariseo). Todo eso sucedió como respuesta, controlada, pero interiormente indignada, del Maestro, al irrespetuoso, malpensado, y poco cortés comentario interior del fariseo: “Si éste fuera profeta, sabría qué tipo de mujer lo está abrazando”. Se refería a la tórrida escena de la hermosa mujer besando los pies de Jesús, lavándoselos con sus lágrimas y secándoselos con su refulgente cabello. Había erotismo del bueno, del mejor, porque el erotismo puede ser bello, dulce y constructivo, pero los moralistas, cuanto más puritanos, menos entienden esos aspectos ricos, variados y libres de la existencia humana. Se limitan a juzgar y a condenar.  Así que Jesús se animó a darle, al anfitrión, y a los demás comensales que debían ser de igual o muy parecida pasta vital y moral, una lección. La contaré en unos puntos que hagan la explicación más sintética ay clara:

  1. Simón pensaba que cumplía fiel e íntegramente la Ley (la Torá). Pero no era así. La ley ordenaba que el anfitrión diera el ósculo de saludo al huésped; que luego lavara, personalmente, o a través de sus servidores, los pies, polvorientos y cansados por el camino, y que perfumara al invitado para que, si hubiera sudado, se sintiera cómodo y bien oliente.
  2. Pero Simón, muy hipócrita, no lo hace. Y la causa es bien sencilla e inteligible: como el Maestro de Nazaret iba cogiendo una fama considerable en Jerusalén, era una señal de poderío y de influencia mostrar en sus casa, a los demás invitados, un profeta tan famoso y brillante, como controvertido. (Como hacen los ricos emergentes en España, invitando a sus fiestas o a sus fincas, pagándoles, a famosos/as; pero seguro que no se atrevió ni a proponer a Jesús semejante trato comercial). Y justamente por la controversia que producía el Rabino entres los pares del influyente fariseo Simón, éste quería demostrar, con un trato desatento, y casi vejatorio, que no era de la cuerda ideológico-religiosa del Maestro de Galilea.
  3. La hipocresía radical de Simón ni podía soñar con la hipótesis de que un profeta se dejara tocar por una prostituta en público, (otra cosa es que la visitara en su casa, o en el prostíbulo). Pero Jesús se dejó tocar, besar y enjugar los pies, y perfumar su cabeza, por aquella mujer impura y detestada, (insisto, por lo menos pública y socialmente, que otra cosa era el trato privado con una fulana tan elegante, esbelta y famosa en la región).
  4. Y Jesús aprovecha la comparación entre los dos comportamientos tan dispares, del anfitrión y de la auto-invitada (en Brasil la llamarían, en un caso así, una “penetra”), para contarle al primero una parábola corta y sencilla: ¿Quién estará más agradecido, el deudor a quien el acreedor perdona una deuda de 5.000 euros, o al que solo le han perdonado 50? Evidentemente, el primero, es la respuesta de Simón. Así que como el fariseo piensa que a él, si le han tenido que perdonar, ha sido muy poco, y a la prostituta, mujer impura, y transmisora de impureza, le han condonado una deuda enorme, es normal, lógico, y evidente, que ella esté más agradecida, y que, por tanto, ame más.

Una de las más fuertes y hermosas catequesis de Kiko Argüello, (al que como catequista y profeta admiro, y considero un número uno, no así en sus disgresiones moralistas, coincidentes, casi siempre, con la opinión del poder en la Iglesia), es aquella en la que afirma rotundo que sin experimentar el perdón, primero como perdonado, no se puede perdonar, ni tener una personalidad madura, equilibrada y sana. Y, sin sentirse perdonado por Dios, ni se puede creer realmente, ni se puede amar. Así que, efectivamente, “al que mucho se le perdona, mucho ama”. Así que tiene toda la razón el Papa, y ese aserto se encuentra a Jesús en los pecados” no es, de modo alguno, una herejía. Es enseñanza de Jesús, y de su fiel testigo Francisco.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

One Response to ““Se encuentra a Jesús en los pecados… No, no es una herejía” (papa Francisco).”

  1. Es la mejor experiencia para de verdad sentir el amor de Dios y para aprender a amar y no juzgar

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