El “sin sentido” de los nuncios (mal llamados “apostólicos”)

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Está tristemente en el candelero el actual nuncio de Chile, Ivo Scapolo, muy amigo, además, del cardenal Sodano. Lo de “además” es, evidentemente, peyorativo, es decir, negativo. Cada vez que cumplo más años me voy dando cuenta de que no tenemos por qué, los cristianos, admirar, casi venerar, sin más a los altos cargos de la jerarquía. Evidentemente, como individuos, se merecen el trato que el Señor Jesús no indicó hacia todos los prójimos, con aquello de la mota y de la viga. ¿”Cómo quieres quitar la mota del ojo de tu hermano si tú tiene una viga en el tuyo? ¡Hipócrita”, quita primero la viga de tu ojo, y así verás para separata la mota del ojo de tu hermano.” Eso, como individuo, solo por su nombre y apellido, no por el cargo.

Pero si la luz, el valor y el criterio de nuestra conducta, de los seguidores de Jesús, son las palabras y acciones del Maestro, no nos cabe la más mínima duda de que los altos cargos públicos pueden, y deben, de ser enjuiciados y criticados, justamente por su carácter de autoridad, y por estar expuestos, en el ejercicio de su función, a la observación pública. Lo que se valora y enjuicia en ellos no es lo propio de su individualidad, de su intimidad, de su vida privada, sino lo que atañe positiva o negativamente al ejercicio de su cargo. Y si el cargo es eclesiástico, la referencia y el libro de estilo y conducta no puede ser otro que el Evangelio. Eso hizo Jesús, denunciando, y cargando con verdaderos y terribles varapalos contra los Sumos Sacerdotes, las autoridades del templo, los senadores, los jefes de los fariseos, etc. No conocemos, ni leemos en el Evangelio, ninguna diatriba de Jesús contra Anás o Caifás, o cualquiera de los Sumos Sacerdotes de los que fue contemporáneo, por sus nombres, pero sí pronunció discursos y parábolas inequívocamente dirigidos a los Sumos Sacerdotes, -tengamos bien presente, ¡a los cargos!-, denunciándolos severamente.

Es muy probable que Ángelo Sodano sea un verdadero santo en su intimidad y a la luz de su conciencia. En ese terreno, solo Dios lo juzgará, y es el único que conoce y escruta “su corazón y sus riñones”. En ese campo, pues, en el que sí osan entrar algunos jerarcas de la Iglesia, no entramos. Pero sí en el ejercicio y cumplimiento de la misión pastoral que, por su propia naturaleza, debe realizar un Pastor. Y todo obispo lo es, aunque, por responsabilidad del propio Vaticano, no siempre se ve esa condición de pastor, en tanto obispo, y hasta arzobispo, trabajadores de la curia vaticana, o en la burocracia más diplomática que eclesial de una Nunciatura. Si bien, es muy osado y aventurado hablar de burocracia “eclesial”; será, más bien, eclesiástica. Ya escribí en otra entrada que, para mí, esos no son verdaderos obispos. Y si no son, ni actúan como pastores, los nuncios, en la hipótesis de que se admita todavía su existencia, bien podrían ser laicos, que es lo que se espera de un Derecho Canónico que prohíbe a los clérigos actuar en política y en puestos políticos.

El primero que quebranta esa norma es el Papa, que es Jefe de Estado, aunque pequeñísimo, como es el Estado Vaticano. No tenemos por qué pagar la aberración medieval, clara y flagrantemente anti evangélica, de que los sucesores de los apóstoles, con el papa a la cabeza, confundieran su responsabilidad eclesial con el poder lisa y llanamente político, convirtiéndolos en señores feudales. Y al Papa en rey o emperador. En contra de todas las advertencias de Jesús: “entre vosotros no sea así”; “el que quiera ser el primero que sea el último y el servidor de todos”; “si yo soy vuestro Maestro y os he lavado los pies, también vosotros os tenéis que lavar los pies unos a otros”, y un inmenso etcétera. El “siervo de los siervos de Dios” de la Iglesia ni tiente por qué, ni es necesario, ni bueno, ni provechosos para la Iglesia, que sea constituido en jefe de Estado, por concesión además, de un dictador, como fue Musolini, cuando el pueblo de Italia había ultimado su unidad nacional arrebatando los terreno pontificios a un Papa delirante como Pío IX. (De hecho, tuvo epilepsia en su juventud, y aunque se afirmó quela había superado, y por eso pudo ser ordenado presbítero, en os últimos años de su largo pontificado fue protagonista de tremendos episodios enfermizos).

(Volviendo a Sodano y a Ivo Scapolo, antiguo y actual nuncios de Chile, hay que declararlos malos nuncios, y nada evangélicos en sus actuaciones más sonadas. Pero ésta es otra historia, así como el motivo que tengo para afirmar que lo del adjetivo “apostólico” para Nuncio está, por completo, fuera de lugar. Los dos temas los trataré otro día).

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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