Juan Bautisa, el hombe rudo y veraz

(3º Domingo de Adviento)

Primera Lectura
“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor. Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas. Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos”. (Is 61,1-2a.10-11)

Comentario                                                                                                                                                                                                                                                                                Hoy el protagonista es Juan el Bautista, el precursor. En realidad no sabemos bien a quién se refiere , o quién actualiza, el texto de Isaías, ese famosísimo e inspirado texto del gran profeta, porque la liturgia, en el día de hoy, nos da todas las pistas pata pensar que se refiere al profeta rudo, cortante y directo que bautizaba en el Jordán. Las notas que caracterizan a este gran anunciador de la buena Noticia, y que nos parece que se identifican con él son: /dar la buena noticia a los que sufren;/ para vendar los corazones desgarrados;/ para proclamar la amnistía a los cautivos;/ y a los prisioneros la libertad;/ para proclamar el año de gracia del Señor. No podríamos ni imaginar un programa tan claro, nítido, y amplio, de anuncio liberador, de auténtica Teología de la Liberación. Entre los que condenan a ésta como una especie de proclama más comunista que simplemente izquierdista, no deben de abunda los lectores de los profetas clásicos. Y entre ellos tenemos que incluir al propio Juan Pablo II, que olía izquierdismo, y comunismo, en todas las esquinas. Isaías, y Juan, el Bautista, otros dos para dar lustre a la lista.                                                                                                                                                                                                                                                                                        

Segunda Lectura                                                                                                                                                                                                                                                          Hermanos: Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros. No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno. Guardaos de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas”. (1ª Tesalonicenses 5,16-24)

Comentario

Evangelio
“Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: “¿Tú quién eres?” Él confesó sin reservas: “Yo no soy el Mesías.” Le preguntaron: “¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?” El dijo: “No lo soy.” “¿Eres tú el Profeta?” Respondió: “No.” Y le dijeron: “¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?” Él contestó: “Yo soy al voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías.” Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: “Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?” Juan les respondió: “Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.” Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando”  (Jn 1,6-8.19-28)

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