Sobre el foro de curas de Madrid (II)

(Tengo conciencia de que estas líneas, para muchos, van demasiado lejos. Pero no habrá nunca verdadera renovación en la Iglesia si no proponemos ideas nuevas; es decir, no tan nuevas, sino acordes con el Evangelio y con la época en que la Iglesia fue más fiel al mismo)

Como prometí el otro día, intentaré presentar mis ideas, para intentar una verdadera restauración en la vida de nuestra diócesis. NO lo hago en una carta abierta enviada al señor Arzobispo, porque todos los artículos de mi blog son abiertos y públicos para todo el que quiera leerlos. Usaré un esquema tan antiguo como la misma esencia pastoral de las parroquias, y que  no porque les guste repetirlo a los señores obispos deja de tener su riqueza y su provecho. Me refiero a las tres tareas imprescindibles en todo grupo cristiano organizado, y la parroquia es el segundo, después de la diócesis. Me refiero a los tres modos, de cara al interior de la propia comunidad, o instrumentos, de cara a la comunidad total de la Iglesia y a la comunidad humana. Son: el ministerio de Santificación; la pastoral de evangelización; y la realidad evangélica, y estrictamente jesuana, del amor fraterno en la dimensión con la que Él nos amó. No son antiguallas, y espero poder demostrar que con esta fórmula aparentemente antediluviana, se pueden propiciar cambios casi revolucionarios, si la queremos adecuar, de verdad, al Evangelio.

En primer lugar, es preciso decir que esta fórmula responde a los tres mandamientos de Jesús: 1º) “Haced esto en memoria mía”, (tomad y comed, tomad y bebed); 2º), “id por el mundo entero anunciando el Evangelio”; 3º) “amaos unos a otros como yo os he amado” (“en esto conocerán que sois mis discípulos”). Estas órdenes expresadas en claro modo verbal imperativo constituyen todo el universo de los mandamientos de Jesús. (Y no otros que los jerarcas de la Iglesia se han ido inventando fruto de la cultura o moral dominante en una época. Es muy necesario, y condición fundamental para organizar una revisión pastoral en una Iglesia diocesana que los fieles sepan distinguir lo que de verdad proviene de Jesús, lo que es jesuano, en el argot de exegetas y biblistas, de aquello que es cosecha posterior, y, por tanto, discutible).

 I) Ministerio de la santificación (ideas, no necesariamente aplicables ¡ya!, sino a discutir): en primer lugar y rápidamente, ya que la celebración de la Eucaristía, en la instauración de la misma por Jesús, lleva implícita la comida,-“tomad y comed”-, y la bebida, -“tomad y bebed”, acostumbrar a los fieles a obedecer los mandatos de Jesús, superando esa falsa y equivocada práctica de no comulgar por no haberse confesado. Y, por supuesto, catequizar a los católicos en la idea de que para comulgar solo se necesita fe en lo que se hace, y discernimiento del manjar que vamos a consumir. Requisitos que no hay por qué ampliar a los casados después del divorcio o la separación.

 a) Celebración de la eucaristía: es una percepción unánime en la diócesis, (y no pienso repetir cada poco las mismas ideas, así que las que haya recordado no las diré más), que la liturgia es acartonada, poco ágil, nada flexible, como si no se hubiera realizado el Vaticano II. Así que solicito que las eucaristías y celebraciones litúrgicas diocesanas públicas no adolezcan de ese acartonamiento.

b) Nadie sabe, yo por lo menos, ¡no!, qué sentido tienen la vuelta de falsos lavatorios de manos -¡nunca hagan en la misa signos de signos, si se van a lavar las manos porque no tienen grifo en la sacristía, lo hagan con un buena palangana, con jaboncillo y una buena toalla!; si no, no lo hagan. (Consejo del padre Garrido, o.s.b., perito conciliar en liturgia). O de la campanilla en la Consagración, cuando no hay obstáculos que impidan er el altar, o la misa se esté transmitiendo por circuito cerrado de televisión. Y otros signos litúrgicos vanos e inocuos.

c) Tener más respeto por el dicho teológico “sensus fidei populi Dei”. Si los fieles se confiesan cada día menos, confiemos en que el Espíritu está detrás de esa mudanza en una práctica que ha durado más de lo que fuera menester. Y recordar que si la Iglesia pudo vivir seis siglos sin esa práctica, (no hablo del sacramento de la Reconciliación, o de la Penitencia, sino del modo de la confesión), puede volver a hacerlo. Sobre todo cuando los fieles tienen, ¡y muchos curas!-, la sospecha de que esa práctica es una manera de mantener el principal y más peligroso poder sobre las personas, el poder de la mente y de sus contenidos íntimos y morales). Fue una clara y preciosa intención del Vaticano II hacer volver, y fomentar otra práctica más sacramental.

d) Favorecer visualmente, y no solo con explicaciones verbales, la posibilidad de que los fieles, varones y mujeres, puedan ejercer la parte del sacerdocio mal llamado ministerial, como fruto de su verdadero sacerdocio de participación, como todos los bautizados, ¡todos!, también diáconos, presbíteros, y obispos, del “único y eterno sacerdocio de Jesúcristo”, permitiendo en las misas parroquiales, y en las pontificales, con televisión o sin ella, la copresidencia de fieles no clérigos, como ya se hacía en la Iglesia de Brasil en los años setenta, y aun hoy se practica también en algunas, cada día más, parroquias en España. (Uno de los grandes objetivos del Concilio Vaticano II fue acabar con el sofocante clericalismo, sobre todo en la Liturgia, ¡en la calle no hacía falta decirlo, pero algunos se empeñan en teñir los lugares públicos de esa distinción inexplicable, que no tuvo la Iglesia primitiva, de clérigos y seglares!)

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

(Es evidente que tengo que seguir. No quiero cansar a mis lectores, pero no puedo dejar el tema por la mitad. Lo iré haciendo los días siguientes. Lo haré por este orden: primero, el ministerio de la Evangelización. Y después, para terminar, el ministerio del Amor, o de la Caridad).

 

 

 

2 Responses to “Sobre el foro de curas de Madrid (II)”

  1. Tus pensamientos son acertados y complementan las líneas generales aportadas por el Foro Juan XXIII. Como se dice hoy día, tú hablas de microeconomía, el Foro de macroeconomía eclesial. Pero convendrás en que es necesario crear estructuras que permitan en el tiempo bajar a estas realidades de cada parroquia.
    Y las tres tareas imprescindible que citas son supernuevas y a la vez Tradición de la buena, aunque alguien por ahí te cite fuera de la periferia eclesial

  2. Iruña, me contento con estar, como diría Francisco, en la periferia eclesial. Pero, ¡¿fuera de ella?! Me parece un tanto excesivo.
    De cualquier manera, gracias, tu comentario es, en mi opinión, prudente y apropiado.

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