Dos magníficos gestos evangélicos de Carlos Osoro, arzobispo de Madrid

Me he enterado de dos gestos luminosos de D. Carlos Osoro, nuestro arzobispo madrileño. El primero, cuando todavía los restos de Pedro Zerolo estabas en el tanatorio. El arzobispo llamó por el móvil a un amigo que sabía se encontraba en ese momento en el salón del antiguo edificio de la Plaza de la Villa, donde se realizó el velatorio del político fallecido, y le pidió que le pasara el teléfono a Jesús Santos, marido de Zerolo, para transmitirle sus condolencias y acompañarlo en su dolor. Teniendo en cuenta que éstos estaban unidos por matrimonio homosexual, y toda la tinta que algunos eclesiásticos gastaron contra esa ley del “inicuo Zapatero“, antes, durante y después de su tramitación, el gesto arzobispal alcanza una significación y un sentido evangélico y cristiano indudables, si bien es verdad, como explicaré más abajo, que hay católicos que no solo no entienden estos gestos, sino que se escandalizan con ellos, y los reprochan burda, cruel y violentamente. Que me perdonen, y sin juzgar para nada su ética ni la coherencia de su conciencia moral, me atrevo a decir que todo lo que tienen de católicos beligerantes lo  pierden de cristianos seguidores de Jesús.

Y si este gesto de Osoro es mal entendido  por algunos, -aunque sean más bien pocos, la verdad-, el segundo gesto que voy a comentar, que es mucho más comprometido y arriesgado, ha provocado virulentas críticas de parte de ciertos católicos que deben olvidar el talante compasivo y misericordioso de Jesús. Se trata de la carta que ha mandado a la nueva alcaldesa de Madrid, Dª. Manuela Carmena, felicitándola por su elección para el cargo, y deseándole suerte y acierto en el ejercicio del mismo. Así como disculpando a la joven portavoz municipal,  Rita Maestre, por su protesta escandalosa, hace cuatro años, en la capilla de la Universidad Complutense de Madrid. El arzobispo, si bien recuerda que “no todo esta permitido en Democracia“, también sugiere que hay que colocar los actos en su momento, en sus circunstancias, y que la protesta de la actual concejal era una protesta estudiantil. Eso no quiere decir, entiendo, que el señor obispo esté de acuerdo con los motivos ni con el modo de la protesta, sino que no quiere echar más leña al fuego, sino que está dispuesto a actuar como el Maestro de Nazaret, quien dijo a la adúltera, “vete, y no peques más”. Y eso no quería decir que aprobaba su pecado, que, además, en aquel tiempo, cometido por una mujer, era delito que condenaba a la lapidación.

Pero hay un terrible contrapeso, y en ambientes clericales, entre otros, el tristemente famoso cura D. Jesús Calvo, a quien ya su obispo de León censuró, el mes de enero de este año, la frase que soltó el cura en un programa de TV, afirmando que “el cáncer que padece Zerolo es castigo de la Divina Providencia“. El largo comunicado de la Diócesis afirma, rotundamente, que “el obispado lamenta estas declaraciones, … , … y considera que son totalmente inapropiadas para un clérigo, … por lo que no pueden ser compartidas, de ninguna manera, por nuestra diócesis”. Pero la censura  parece insuficiente. Muchos han solicitado a las autoridad es eclesiásticas la suspensión a divinis, o, por lo menos, el apartamiento de este cura falangista, que encima propugna la pena de muerte. Y no como castigo por sus proclamas y arengas, absolutamente alejadas de cualquier valor evangélico, sino para evitar el desconcierto y la confusión de los fieles.

Sé que estas informaciones producirán tristeza, y hasta indignación en muchos de mis lectores, pero me parece oportuno que las sepáis. Porque todavía hay más, y las presento como contraste con la actitud del Arzobispo de Madrid. D. Jesús Calvo, párroco de El Burgo Ranero, en León, es frecuente colaborador en el programa la Ratonera, de Alerta Digital TV. Y, a raíz de la muerte de Zerolo, nos regaló estas perlas de maledicencia, intolerancia, y absoluta falta de respeto, en su diálogo con el presentador Armando Robles. Éste insinuó que el concejal merecía la enfermedad, que no le iba a “causar ningún trauma”, y que “no cambiaría la vida de su perro por la de Pedro Zerolo”. 

El cura tampoco se estuvo quieto, y lanzó diatribas contra los que habían criticado duramente las palabras que censuró el obispado, pronunciadas por el párroco de Ranero cuando se enteró de la enfermedad del líder político homosexual de izquierdas. Y remató, “Tenían que haber creído en la profecía que yo ya dije, que los pecadores públicos pueden sufrir enfermedades como castigo divino“, insinuó sobre el cáncer de páncreas que padecía el político. “Los frutos de la virtud y del vicio se siembran aquí, lo que se siembra se cosecha“, añadió.

En fin, como dijo hace unos días el papa Francisco, llorar, de vez en cuando, no hace mal. Es lo que tengo ganas de hacer, después de leer y enterarme de estas cosas, sollozar un poco, suave y mansamente.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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