Provocación grotesca de la Hermandad Sacerdotal Pío X contra el Sínodo, contra el papa Francisco, y ya puestos, contra el Concilio Vaticano II

Comenzaré explicando y aclarando las cosas. Esta Hermandad sacerdotal es la que fundó el año 1970 monseñor Marcel Lefebvre, obispo cismático excomulgado en 1988 por el papa Juan Pablo II, y actualmente dirigida por el Superior General Bernard Fellay, con la misma oposición férrea y visceral contra el Concilio Vaticano II que su padre fundador, y maestro Lefebvre.

Con motivo del Sínodo de los obispos sobre la Familia el superior actual de la fraternidad ha publicado un escrito, que es el que he tildado de grotesco, pero que es, sobre todo, absolutamente rechazable, inaceptable, por injusto, impreciso, y hasta causante de escándalo para el normal de los fieles. Se caracterizan, normalmente, los de la Hermandad, por su radical falta de respeto a la jerarquía de la Iglesia, escondida fraudulentamente en un estilo por momentos directo y duro, como en otros aparentemente untuoso y clerical. Para que podáis apreciar cómo se expresan estos señores os expondré tres frases del escrito que comento.

1ª)  “Ninguna autoridad, ni siquiera la más alta en la jerarquía, puede obligarnos a abandonar o a disminuir nuestra fe católica, claramente expresada y profesada por el magisterio de la Iglesia desde hace diecinueve siglos. «Si ocurriese —dice san Pablo— que yo mismo o un Ángel bajado del cielo os enseñase otra cosa distinta a lo que yo os he enseñado, sea anatema». (Gál, 1,8).

Esta primera afirmación se dirige a la generalidad del desvío que según ellos provocó el Vaticano II, y que critican y condenan los “lefrebvistas” como contrario a la sacrosanta Tradición. Pero es bastante fácil aplicarles la enseñanza de Jesús a los fariseos, de que el apego a “esas tradiciones de vuestros padres” les hacía incumplir la Palabra y la voluntad de Dios. Además es todavía más sencillo demostrar que la referencia a la “tradición milenaria” se vuelve contra ellos. Una de las principales señas de identidad de esta secta cismática, visible, y sensible por eso mismo, y por esa razón más eficaz para personas muy poco adictas a los cambios, es el modo de celebrara la eucaristía, (si bien ellos prefieren hablar de la Santa Misa, pues la otra denominación les parece signo de modernidad). Por eso se aferran a la misa en latín, de espalda al pueblo, y con todo el ritual anterior al Concilio.

Así que es inevitable preguntarles: ¿Cuándo comienza vuestra “milenaria” tradición? Porque hace casi dos mil años, la primera “Santa Misa” fue celebrada estando todos recostados alrededor de una mesa baja, en arameo, y con el celebrante vestido de paisano, entre otras cosas porque no era clérigo, ni sacerdote. ¿Qué Tradición sacrosanta de la Iglesia invocan estos hermanos díscolos y reacios al encuentro que el Concilio Vaticano II propició para todos los cristianos, incluso los no católicos, con sentido y sensibilidad ecuménicos? Pero si a algo son reacios es a cualquier atisbo de ecumenismo.

2ª) “El fin primario del matrimonio es la procreación y la educación de los hijos, que ninguna voluntad humana podría excluir realizando actos que le son opuestos. El fin secundario del matrimonio es la ayuda mutua que se dan los cónyuges, así como el remedio de la concupiscencia

He aquí otra flagrante e irreconciliable contradicción. La Hermandad apela tanto a la “¿permanente? continuidad” que no repara en que no es permanente, y, por lo tanto, no hay continuidad lineal, sí conceptual, y de acuerdo con el concepto teológico esencial de “economía de la Revelación“, que quiere decir: Dios no se revela sino en la medida en que los hombres con capaces de seguir su ritmo. Así que la Revelación es, por decirlo de alguna manera, a empujones y empellones. Y, por tanto, el Magisterio de la Iglesia, igual. No puede ser igual, sobre todo en temas pastorales y de la praxis, en el siglo XV que en el XXI, aunque este “relativismo”, que no es tal, repugne a los discípulos de Lefebvre. Y el magisterio sobre el matrimonio, la procreación, y la familia, en general, es de este tipo. No os voy a marear con textos y comprobaciones, bastaré que os recuerde que una de las enseñanzas del Vaticano II, que no pudo, ni puede pasarse por alto, es que el matrimonio tiene dos primeros fines iguales en su importancia, dignidad y aprecio: la procreación, es decir, la continuidad de la especie, y la realización de los esposos, es decir, su bien y placer. (Que los miembros de la Hermandad de San Pío X no acepten el Magisterio Extraordinario del Vaticano II solo demuestra que es una falacia su respeto y obediencia al Magisterio de la Iglesia).

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

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