Hay vigilias, … ¡y Vigilias!. También hay NO Vigilias

Ya nos ha llegado a las parroquias propaganda de la Vigilia de la Inmaculada. En el mejor papel cuché imaginable, con carteles enormes, de excelente calidad. Y pronto veremos todos ese material propagandístico en autobuses, metro, y paneles  publicitarios. A mí me da pena tirar todos ese material a la papelera, pero lo hago. Y si leéis este artículo, entenderéis por qué lo hago. Se han puesto de moda las vigilias, como algo exótico, y hay vigilias que se hacen para atraer gente y llamar l atención de los fieles con lo que podrán considerar como algo muy bonito, con trajín de velas, y con la ayuda, frecuentemente, de la expresión corporal. Así han brotado como hongos en otoño las vigilias de la Virgen de los Desamparados, de la del Pilar, de la Almudena, y un larguísimo etc. Pero la información y comprensión litúrgica de los mentores de las mismas dejan, en general, mucho que desear.

La última frase la digo porque dan la impresión de que no entienden, o si lo saben, no lo tienen en cuenta, y así no les importa hablar de eventos que no son, con palabras de acontecimientos que, en otras ocasiones y casos, sí son. Me explico, de todas las definiciones que da el diccionario de la RAE me quedo, como vigilia religiosa, con la siguiente: 6. f. Oficio que se reza en la víspera de ciertas festividades. También aporta estas otras dos:  4. f. El día que antecede a cualquier cosa y en cierto modo la ocasiona. 5. f. Víspera de una festividad de la Iglesia. El cuarto sentido es el más general, denominando vigilia a la víspera, o día que antecede a cualquier evento o cosa;  y el quinto sentido restringe esa aplicación universal al caso de víspera de una fiesta religiosa. Peor el sexto sentido es el que procede cuando, en “ciertas festividades”, y esta precisión es fundamental, sólo en ellas, hay programado un oficio, dice la definición, que nosotros cambiaremos por un pseudónimo, más usado hoy, para mayor claridad: celebración. Esto quiere decir que sólo ciertas festividades prevén esta celebración.Y estas son las verdaderas vigilias litúrgicas. Tomando el ritual del “Misal Romano” como guía, en él aparecen las siguientes vigilias: Vigilia de Navidad, (misa del Gallo), recomendada; y como vigilias establecidas la le Pascua, Pentecostés, San Juan Bautista, San Pedro y San Pablo, y la Asunción de Nuestra Señora.

¿Que por qué estas vigilias, y no más, ni otras? Los buenos liturgistas lo explican. La celebración denominada “Vigilia” es un acto litúrgico que hace presente, en un espacio y un tiempo diferente al que se produjo, la espera anhelante, y, generalmente, gozosa, de un acontecimiento  que tuvo lugar en otro tiempo, y en otro lugar. Esto lo explica, bastante bien, dentro de aura de misterio, la Teología de los Misterios, formulada por la años cuarenta del siglo pasado por Dom Casel, monje de la abadía de María Laach. Prometo tratar este tema otro día, pues me es muy querido. Fue el tema de la defensa solemne de la tesis que, con motivo del día de Santo Tomás de Aquino, era costumbre realizar públicamente. Yo lo hice en mi último año de Teología). Pero que quede, por lo menos, claro, que para entender un poco lo que es una Vigilia, y todas son solemnes, viene muy bien recordar un poco de la Teología de los Misterios.

En las vigilias que he mencionado se celebran acontecimientos históricos, que si no son de un empirismo indiscutible, sí que en la Liturgia se les da esa condición, “iusta modum”.  Y, de hecho, en todas las vigilias citadas se celebran acontecimientos importantes, empíricos o no, de nuestra fe: la noche del nacimiento de Jesús,  la noche de Pascua, esperando la gloriosa resurrección del Señor Jesús, la Víspera de Pentecostés, esperando la venida del Espíritu Santo, o el nacimiento de Juan el Bautista, o el martirio de Pedro y Pablo. Sólo la Asunción de María escaba de la historicidad de esta lista, para adentrarse en una historicidad puramente litúrgica. Pero es fácil comprender que en todos esos casos se celebra la inminencia de un acontecimiento concreto y comprobable, aunque sea sólo por la fe.

La Vigilia de la Inmaculada es una de las que he llamado “NO Vigilia”, porque es imposible esperar algo que es puramente conceptual. Porque, en contra de lo que muchos piensan, no se trata de la Concepción de Jesús, cuyo acontecimiento sería el 25 de marzo, coincidiendo con la Anunciación, sino el de la Virgen María, en la más pura e íntima privacidad de sus padres. Nadie piensa en eso, pero es la única lógica que se impone. Así que mejor no esperar nada imposible, porque el motivo de la espera no es una simple concepción humana, sino el hecho, teológico-conceptual, de que esta fuese Inmaculada. Así que no montemos una NO Vigilia para esperar lo inesperable.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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