La fecundación artificial, “un aquelarre químico de laboratorio”. (Según el obispo de Córdoba)

Desconozco en cuantos laboratorios de química haya podido entrar el señor obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, y en cuantos aquelarres habrá participado. Pero como la afirmación del prelado cordobés tiene todo el estilo de expresión eruditamente ofensiva, me ha entrado, al leerla, un cierto malestar, que es, casi, una indignación. Hay mucha gente que recurre a ese progreso científico, por motivos varios, e, incluso, personas que desean permanecer solteras, y no quieren ni siquiera el compromiso visual, ni del más mínimo trato, para su quehacer genital. Además me siento en la obligación de defender a unos amigos, de los que he escrito en este blog, varones los dos, que recurrieron a un vientre de alquiler, en los EE.UU. de América del Norte,  porque en ese momento esa técnica de procreación no estaba permitida en España. A decir verdad, no sé si ya lo está. (La maternidad subrogada, que es una expresión jurídicamente más técnica que el popularmente conocido como “vientre de alquiler”, sigue prohibida en España, pero ha sido suavizada la legislación para la inscripción de los hijos así tenidos en el extranjero). Ellos colaboraron donando su esperma, y todo el proceso fue limpio serio, higiénico, y técnicamente impecable.

Ahora tienen dos niños preciosos, de dos años, bautizados, en una verdadera fiesta eclesial, en una eucaristía concelebrada por el párroco, y este que os escribe, en una parroquia de Vallecas, de la que ha sido varios años catequista de primera comunión uno  de los padres de los niños. Los abuelos, padres de este muchacho, siguen siendo una de las fuerzas vivas de la parroquia, y han sido del Consejo Parroquial, catequistas, y colaboradores en todas las necesidades parroquiales. Y en eso están. Me habría gustado mucho, Don Demetrio, que hubiese escuchado la preciosa poesía que la madre de uno de ellos, abuela de los niños, les compuso, y dedicó, con emoción,  por ocasión del nacimiento y del Bautizo de sus nietos. Cuento esto para que quien lo lea compruebe, sin el menor género de dudas, que en la Iglesia, ¡gracias al Buen Dios!, como dicen en  Brasil, no hay, ni se practica, el pensamiento único.

A mí no es lo que más me gusta eso de la fecundación in vitro, pero jamás la descalificaría cuando practicada no por capicho, sino por necesidad, o del tipo estrictamente bilógico y genital, o de tipo socio-psicológico-moral, igualmente digna, en mi opinión. No podemos obligar a un homosexual a una práctica que repugna a su cuerpo, pero no solo eso, sino que le resulta ciertamente  difícil y delicada a su conciencia. Además, ¿no sería pecado mortal tener relaciones sexuales con una mujer que no es la esposa? Porque seguro que algún moralista de la Iglesia se fijaría en ese obstáculo para complicar, todavía más, lo que ya es complejo, y puede resultar en fuente de muchos sinsabores. Dejemos, pues, en paz a nuestros hermanos, que por unas u otras cosas, tienen que echar mano de técnicas científicas que facilitan la vida de la gente. Y demos gracias a Dios  porque ha dotado a los hombres de esas posibilidades. ¡Todo producto de su Amor misericordioso!

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

One Response to “La fecundación artificial, “un aquelarre químico de laboratorio”. (Según el obispo de Córdoba)”

  1. Tío Jesús

    Está claro que estos padres (con plural real y no genérico) te caen muy bien y son estupendas personas, seguro mejores cristianos que yo, etc, etc, etc pero esto es un desatino.

    Tú seguro que tienes unas estupendas referencias teológicas, filosóficas o científicas, pero me parece aberrante que dos señores se empeñen en criar a dos criaturas, aunque la naturaleza sabiamente no se lo permite, gracias al mucho dinero que deben de ganar para poder pagar todo el método “limpio serio, higiénico, y técnicamente impecable”. De igual forma dos señoras, aunque quizá en este caso y dado que el instinto de la maternidad es mucho más fuerte que el de la parternidad no me resulte tan aberrante (pongámosle un 8 en lugar de un 10 de aberrante) y desde luego mucho más barato y sin tener que “alquilar” a una señora para el proceso (me río yo de los anuncios con señoras despampanantes frente a esta nueva vertiente de la mujer “objeto”: ahora es mujer “microondas”, meto el hijo, le pongo nueve meses de tiempo y me lo da “cocinado”).

    Es una pena que en el nombre del amor, de la ciencia, de la libertad se permitan cosas que nuestra naturaleza no permite. Porque por mucho que se empeñen no somos “personas” asexuadas: somos hombres o mujeres. Y esa distinción no es mental ni sicológica: es fisiológica y corresponde a nuestra naturaleza. Que haya hombres o mujeres que van en contra de su naturaleza es tan ridículo como esa mujer escandinava que dice que es un gato en un cuerpo de mujer: por mucho que nos machaquen con que no, con que es normal y totalmente digno de respeto, no lo es. Es ridículo y aberrante, resultado de una sociedad aburguesada y sin otro problema que decidir qué iPhone se va a comprar el mes que viene.

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