Las pesadumbres del señor Rajoy

Casi dos meses después de celebrarse las elecciones, todavía no se sabe nada firme ni sustancioso sobre el color, la composición ni, mucho menos, la presidencia del Gobierno. A pesar de todo, las cosas siguen funcionando, dicen los agoreros o desconfiados que las inversiones extranjeras están cayendo en picado, y nos recuerdan el miedo, casi pánico, de los mercados y los prestamistas internacionales. Los ciudadanos observamos el trajín que se traen nuestros políticos, pero, por lo que yo veo entre mis feligreses, solo uno pocos están preocupados con las contingencias que les pueden sobrevenir según se pongan las cosas.

Mientras tanto, estamos presenciando el rápido deterioro de la figura del señor presidente del gobierno, D. Mariano Rajoy Brey, cercado por un frente imparable de corrupción, de sospechas de financiamientos irregulares de su partido, el PP, ya imputado, (ahora investigado) por esa sospecha  que lo ha convertido en el primer partido político español objeto de ese proceso, procedimiento, administrativo, que podría llegar, incluso, hasta lo penal.

En el momento que escribo estas líneas, salta la noticia en los servicios informativos exprés de internet, de que la presidenta del PP madrileño, Esperanza Aguirre Gil de Biedma, acaba de dimitir, reconociendo “la corrupción nos está matando”. Muchos prohombres del PP le han hecho llegar su felicitación por la valentía, y la oportunidad de su gesto, que, evidentemente, coloca cada vez más a Rajoy a los pies de los caballos, pero esta vez de caballos desbocados. Así lo reconocen el 80% de los que han expresado su opinión en El Mundo, para los que esta decisión de Esperanza puede ser el golpe de gracia del débil soporte de Rajoy en el poder.

Llama muchísimo la atención cómo el sobrio, discreto y hasta gris, político gallego, que nunca ha concitado la simpatía ferviente y exultante de los suyos, pero tampoco el rechazo y animadversión de los contrarios o indiferentes. Tal vez ésta sea la palabra: que ha provocado la indiferencia de unos y otros. Pero esto hasta anteayer, como quien dice.

Los resultados del 20D, y la manera poco caballerosa, por decir algo bastante tenue, con la que ha despachado tanto la invitación del Rey a la investidura del Gobierno, como los movimientos y maniobras, exacta y tristemente inexistentes por su parte, para encontrar pactos o desbloquear el impasse producido pon resultado demoledores para la credibilidad política del presidente en funciones. Porque  la aritmética bravía y caótica de los resultados electorales, sumados a las señales inequívocas de deterioro político e institucional del Gobierno por él presidido,  y los últimos casos de corrupción que ya se intuían, pero ahora han estallado como un “tsunami”, han acabado por corroer los herrajes, aparentemente muy fuertes, del poder presidencial, tanto del Gobierno como del PP, hasta dejarlo a la intemperie.

Pero esta situación lamentable, desde el punto de vista político y partidista, parece verla todo el mundo, menos él, Don Mariano. Hasta los más cercanos a su círculo de confianza están desconcertados con el nivel de desconexión y de alejamiento de la realidad a que ha llegado, hasta encontrarse en situación próxima a un peligroso estado de “alelamiento”, poco esperado e improbable en gallego tan fino, paciente y astuto. Muchos síntomas llevan a los observadores, afines como alejados, a esta conclusión. Tal vez la más decisiva y fuerte sea esa idea fija, repetida como un “mantra”, de que ha ganado las elecciones, y tiene derecho, concedido por la ciudadanía, a gobernar. Y es lo que intentará, con toda legitimidad, según él, si el secretario del PSOE no consigue los apoyos suficientes.

Pero no alcanza a ver, o no lo demuestra, la profunda contradicción entre esta postura, y los siguientes hechos incontrovertibles: por ser el más votado fue el primero a quien el Rey propuso la investidura, que rechazó; el sistema español es “social y democrático de Derecho”, constituyendo una Monarquía representativa, en la que los ciudadanos no eligen al presidente del Gobierno, sino a los diputados que lo elegirán; si es verdad que el PP ha tenido más de 7 millones de votos, también lo es que las otras alternativas han conseguido más de 15 millones, qu siempre serán más que el doble que siete; y, si Rajoy ha ganado las elecciones, ¿por qué no tomó el poder, si era tan claro? El caso indudable y trágico es que ningún partido quiere ni pactar, ni dejar que el PP, con Rajoy o sin él, gobierne. ¿Se puede seguir insistiendo, entonces, que han ganado las elecciones?

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

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