Jesús, modelo de indignados

Del evangelio de hoy, viernes de la 8ª semana del tiempo ordinario:

“Llegan a Jerusalén; y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas  y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba, diciéndoles: «¿No está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las gentes? ¡Pero vosotros la tenéis hecha una cueva de bandidos! » Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban cómo podrían matarle; porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina”. (Mc, 11, 115-18)

En primer lugar, pido disculpas, porque comencé a escribir este artículo el viernes, día 27, y estoy intentado acabarlo el lunes, día 30. Mi disculpa es real, y totalmente ¡institucional!, mem encuentro solo en la parroquia, y, en estos días de culto, bautismos, primeras comuniones, salidas perentorias a pagar sin recargo tasas municipales, -acabo de volver ahora de una de estas tareas, y es la una y veinte-; por eso digo “estoy intentado”, solo eso. Pues bien, antes de entrar en el grueso del artículo, y par que no nos extrañe que Jesús tuviera comportamientos sorprendentes, aclararé una distinción que me parece fundamental: la que hay entre pecado y delito o infracción jurídica.

  • Pecado, actuar en contra de la propia conciencia, y que para que sea grave necesita de unas  condiciones previas que dificilísimamente se dan en la práctica, como son: 1ª), materia grave, ), discernimiento perfecto, y 3ª), consentimiento pleno. Por eso Santo Tomás de Aquino declaró, “de pecato mortale dificultossime falitur”  (de pecado mortal solo se puede ¡hablar con muchísima dificultad).
  • Delito (o infracción jurídica), actuar en contra de un mandato explícito, promulgado por la legítima autoridad, que establece un comportamiento específico y concreto como delito. Así que tenemos que Jesús, “semejante a nosotros en todo, menos en el 2pecado”, seguro que no cometió nunca éste, porque jamás el Maestro de Nazaret iría contra su propia conciencia, pero sí, al sestar sometido como nosotros a los vaivenes y servidumbres de la sociedad, pudo, perfectamente, y le ocurrió, que cometió transgresiones de la ley-torá, y de las leyes concretas dadas en su tiempo por los legisladores romanos, judíos, del Sanedrín, y por autoridades del templo de Jerusalén. En la escena del evangelio que examinamos, transgredió normas dadas por la legítima autoridad del Templo de Jerusalén. Fue, tal vez, su transgresión más aparatosa, pero no fue, ni de lejos, la única, como veremos más abajo.

Nadie se tiene que asustar de lo afirmado en las líneas superiores, y lo voy a explicar brevemente. El mismo Jesús afirmó que “no es el hombre para la ley, sino la ley para el hombre“, en una de las declaraciones más liberadoras que pensador alguno, o personaje famoso histórico, haya pronunciado jamás. Los profetas también tuvieron en cuenta ese principio fundamental para vivir una vida digna, consecuente y en paz con la propia conciencia. Porque ésta es la que, según la doctrina que expuso tan claramente Santo Tomás de Aquino, y es ya del acerbo de enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, la conciencia es la norma próxima de moralidad de las acciones de la persona. La ley marca los actos legales, o no, es decir, es la que puede señalar las acciones contra la ley, y en determinados casos de grave trastorno para la comunidad, según lamente del legislador, las especifica como conductas delictivas.

Pero es preciso dejar en claro varias cuestiones:

  • El legislador no puede dominar la conciencia, es decir, puede marcar como marcar como delictivas conductas perfectamente éticas, o morales, y, al contrario, determinar conductas ajustadas a la ley conductas evidentemente pecaminosas. Por ejemplo, perseguir y matar a judíos por el mero hecho de serlo, no dejaba de ser, en la Alemania nazi una conducta legal, cuando precedida de sentencia judicial, pero no por eso ética. Es decir, no libera al ciudadano de cometer pecado, apenas de cometer delito.
  • Esto quiere decir que hay normas que son legales, pero no son justas. Y si la persona así las entiende, la percepción de esa legalidad no convierte su acción en ética, es decir, en conciencia no debería actuar según esas normas, porque no es la ley la que marca la moralidad de mis actos, sino mi conciencia. Y, al contrario, la persona podría, éticamente, y a veces, debería, actuar en conciencia, no cumpliendo la norma, o, incluso, si forzado a actuar, haciéndolo al margen, o en contra de la norma.
  • Jesús hizo lo señalado en el  párrafo anterior en numerosas ocasiones. Un ejemplo clásico es la maravillosa escena del encuentro con la mujer samaritana, en la que Jesús estaría transgrediendo, por lo menos, cuatro prohibiciones: 1ª), un judío, en tiempo de Jesús, no podía pisar la provincia de Samaría, donde habitaban los samaritanos, considerados en ese momento apóstatas del verdadero culto, y declarados, por eso, impuros. 2ª), no podía hablar con un samaritano, porque se contaminaría con su impureza. 3ª), en ese tiempo no se podía hablar en público con una mujer, ano ser la propia esposa, y ni con ésta, según los autores más puritanos. 4ª), mocho menos con una prostituta, como era la mujer con la que dialogó Jesús. Y 5ª), mucho menos podría beber, como hizo, del cubo de una prostituta samaritana, que era considerado un objeto impuro con toda evidencia.
  • Otras transgresiones famosas, fueron: la expulsión de los vendedores del templo, que es el texto que ha dado pie a esta reflexión, las curaciones en sábado, el comer con manos impuras, en mandar al paralítico hacer el trabajo de transportar la camilla, el dejarse lavar los pies, y ser perfumado por una prostituta, en casa del fariseo Simeón, o comer rodeado de personas impuras, como publicanos y prostitutas, etc. Evidentemente, para Jesús el ser humano no es para la ley, sino ésta para la persona. (En el texto de Marcos, -2, 23-28-,  se habla del sábado, justamente como sinónimo de la Ley).

¿Qué es lo que lleva a Jesús a tener conductas contrarias a la ley, es decir, delictivas? Porque volviendo a nuestro texto del templo, los vendedores habían pagado la tasa exigida por los responsables del Templo, y tenían toda la autorización legal para hacer lo que estaban haciendo. Pero la conciencia de Jesús, y su percepción del engaño y del abuso del pueblo llano, de los ignorantes y desvalidos, por parte de los ministros religiosos, provocaron la Indignación de Jesús, quien actuó en conciencia, en contra de las normas y del orden del Templo. Toda persona está legitimada a ese tipo de comportamiento, pero la autoridad no lo va a entender como correcto, y se expone a un castigo legal. Eso sucedió a Jesús, que acabó muriendo en la cruz como un delincuente. (Y, según las leyes, lo fue; pero habrá que aclarar cual la relación moral, y profunda, ética, entre la autoridad, la ley y la conciencia. Intentaré dar mi opinión sobre ello, un día de éstos).

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

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