Reflexiones democráticas… (sin ilusión).

Por si alguien albergaba dudas sobre las responsabilidades de la situación política actual, pienso que ayer quedaron más que suficientemente aclaradas. El presidente en funciones, ha afirmado por activa y pasiva que corre prisa la formación de un gobierno estable, fuerte, y con apoyos parlamentarios consolidados. Pero a las seis condiciones que  Ciudadanos propuso al PP para pasar de la abstención al sí en la segunda votación de la investidura de Rajoy para jefe de Gobierno, el partido popular, que afirmó a bombo y platillo que eran condiciones asumibles, solicitó una semana para reflexionar y reunir su comité ejecutivo. Cito unas cuantas afirmaciones de Rajoy, con fecha, para comprobar la coherencia de este gobernante.

Mariano Rajoy, 10 de agosto de 2016, (tras entrevistarse con Albert Rivera): “Le he explicado al señor Rivera que debo someter el documento [el que contenía las condiciones de Ciudadanos para iniciar la negociación] a la aprobación del comité ejecutivo de mi partido. Como ustedes comprenderán, no puedo ni debo tomar esa decisión en solitario (…) Como les he dicho antes, yo voy a convocar al comité ejecutivo de mi partido para estudiar las implicaciones que tienen esas propuestas. Lo que sí puedo asegurarle es que la fecha de la investidura se sabrá después de que se reúna el comité ejecutivo nacional del Partido Popular”.

Mariano Rajoy, (10-agosto-2oo69. Una vez conocidas las condiciones de Cs para negociar, las someteré a debate y aprobación por el Comité Ejecutivo Nacional del @PPopular.

Mariano Rajoy, 17 de agosto de 2016, (tras la reunión del comité ejecutivo del PP, es decir, ayer): “Nosotros no hemos venido a hablar de las condiciones [las de Ciudadanos]. No hemos hablado de las condiciones, nadie ha dicho una palabra sobre las condiciones”.

 A lo que un periodista presente al acto, preguntó: “Quería saber cómo es posible que no se haya hablado de las condiciones cuando la reunión se convocó precisamente porque quería usted consultar a la ejecutiva de su partido sobre las condiciones que planteaba Ciudadanos“. Y Rajoy, de forma desabrida, respondió: “¿Y quién ha dicho eso? Yo nunca lo he dicho. Yo he convocado al comité ejecutivo de mi partido para que me autorizasen a negociar, lo otro lo dice usted. Nunca me habrá escuchado a mí decir eso”.

Y ante esta demostración de desmemoria, o de cinismo, el periodista de quien he tomado estas notas, en el periódico “El Confidencial”, de fecha 18/08/16, es decir, hoy, Ignacio Varela, continúa su artículo, ya mostrando claramente su indignación: O (Rajoy) no tiene memoria, o no tiene vergüenza. La soltura de cuerpo con que nuestros dirigentes políticos mienten y se desmienten a sí mismos de un día para otro sin mostrar el menor rubor y sin que ello tenga consecuencias es un síntoma más de la degradación a la que ha llegado la política en España. Ninguno de los líderes de los principales partidos puede resistir la prueba de verse confrontado con sus afirmaciones de la semana anterior. Lo que hoy se predica como dogma de fe, mañana se repudia como la más nefanda falsedad. Hoy se condena al adversario por lo mismo que uno hizo anteriormente. La razón y la sinrazón ya no dependen del contenido, sino del continente. “La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero”, escribió Antonio Machado. Pues en la política española, no. El que habla siempre es Agamenón, y la verdad viaja con él diga lo que diga; y por supuesto, todos los demás son porqueros y embusteros por definición, aunque su mentira de ayer coincida con mi verdad de hoy”.

Estoy de acuerdo con Varela, pero quiero hacer una especie de pequeña reflexión democrática, para fijar mi opinión, en estos conturbados días de (des)agitación política:

  • La Democracia no es la panacea, y, además, no consiste sólo en votar cada cierto tiempo. Loe españoles todavía no hemos aprendido  a avalorar con nuestro voto el acierto, el éxito o el fracaso, de las políticas de los gobernantes, y el estilo democrático, prepotente, respetuoso con la Constitución, con las minorías, o todo lo contrario. Hemos contemplado que en unas situaciones fue con el PSOE, y en otras, como las dos últimas, con el PP, que el voto ha sido más fruto de las simpatías ideológicas con los partidos, que del acierto de su tarea gobernante.
  • La Constitución hay que respetarla no solo de boquilla, sino con obras. Ejemplo: en nuestro ordenamiento constitucional, las elecciones generales son para la confección de las cámaras, del parlamento y del Senado, no para la elección de un presidente de Gobierno. Éste será elegido por la mayoría del Parlamento. Así que afirmar, como vienen haciendo algunos del PP, y periodistas afines, que un determinado político, Rajoy, o un determinado partido, el PP, han ganado las elecciones, solo puede querer decir una cosa: que tienen los escaños suficientes para constituir Gobierno. Y, si han ganado las elecciones, ¿por qué no gobiernan? Pues porque una mayoría del Parlamento no se lo permite. Casi ocho millones de españoles votaron al PP, pero 19 millones no lo votaron. Insistir en que se han ganadi unas elecciones para presidente del Gobierno cuando éstas no se han producido, porque en nuestra legislación la elecciones son parlamentarias, no presidencialistas, suponen una de estas dos cosas: o una ignorancia supina, impropia de un político o de un periodista que lo sea de verdad, o un acto de cinismo. Y, por supuesto, que la Constitución y su respeto, se la pasan por el forro.
  • Perderé toda la consideración política positiva de Albert Rivera si éste se  aviniera hoy a seguir la maniobra descarada, vergonzosa y humillante, para los demás partidos, y para toda la ciudanía, después del ninguneo, que según el propio presidente en funciones, fue perpetrado contra  Rivera  y su partido en la reunión del comité ejecutivo del PP de ayer, y después de las categóricas afirmaciones de Ciudadanos de que las seis condiciones eran irrenunciables e intocables, y de que si no había fecha de investidura no podría haber ni siquiera tentativas de pacto. Espero confiadamente en que esto que me desilusionaría no suceda.
  • ¿Puede el presidente del Gobierno tratar al del Parlamento como a un subordinado? Es lo que toda España está viendo que está haciendo Rajoy con Ana Pastor. ¿Alguien, incluso entre los votantes del PP, puede defender este atentado gravísimo a la Democracia? En un régimen parlamentario como el nuestro es el Gobierno el que debe dar explicaciones al Parlamento, y no al revés. ¿Qué hace Ana Pastor que no dimite?
  • Y, ¿cómo queda el Rey D. Felipe VI con el comportamiento irrespetuoso, y casi desaprensivo, del que invitó, ya ni sabemos cuanto tiempo hace, al debate de Investidura?

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

(PD: me congratulo, me felicito, y felicito a mis lectores, porque aquello que me iba a desilusionar, es decir, la sumisión de ALbert Rivera y ciudadanos al PP, no ha sucedido. Y doña Ana Pastor no precisa dimitir. Gracias a Dios).

 

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