Los problema de una “bendición”

Se trata de la que impartió el cura José García, párroco de la parroquia de San Bartolomé, de Onda, diócesis de Segorbe-Castellón, en un rito religioso, denominado “Celebración del Amor“, a las jóvenes Carmen y Lucía, unidas en matrimonio civil el día anterior. Y la bendición que las buenas intenciones del cura querían que fuera un signo de acogida, de comprensión y de misericordia, se ha convertido en un problema por el rechazo frontal manifestado por el obispado en un comunicado conocido ayer, 23 de Agosto. En ese comunicado la diócesis es rotunda en el contenido de la condenación, pero benévola con las formas. Así vemos que también da oportunidad de un enfoque positivo, si bien, como digo, el resultado final es claramente condenatorio. Citaré dos párrafos que nos presentarán ambos matices.

Este es el “positivo”: “Como afirma el Catecismo de la Iglesia Católica, en su punto número 2358, toda persona, independientemente de su tendencia sexual, ha de ser respetada en su dignidad y acogida con respeto, procurando evitar «todo signo de discriminación injusta», y particularmente cualquier forma de agresión y violencia”. Este párrafo insinúa apretura de espíritu, comprensión y benevolencia. Pero el siguiente que os voy a presentar es más duro, y no se le ve posible salida escapatoria por ningún lado: “Respecto de la equiparación de las uniones entre personas homosexuales con el matrimonio o de actuaciones que pudieran entenderse en este sentido afirmamos, en comunión con el Papa Francisco, que «no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia”.

Ya he repetido en este blog mi opinión de que es, por lo menos, arriesgado, asegurar que los designios de Dios sobre el matrimonio son, justa y exactamente, los que la Iglesia determina para el día de hoy, exactitud derivada de la comunicación privilegiada que la Iglesia, (¡pero que realmente no es ella, sino su jerarquía!) tiene con Dios. Y así puede llegar a la conclusión que de los diversos tipos de matrimonios que arecen en la Biblia, los que la cultura moderna está estableciendo con cambios frenéticos, y los que con seguridad habrá en el futuro, hasta el año 4.525, por ejemplo, si el hombre llega hasta allí, el designio matrimonial de Dios es justamente el actual eclesiástico, de lo que no puede caber ninguna duda, porque procede directamente de Dios, y así se lo ha comunicado, sin género de duda posible, a la alta jerarquía eclesiástica . Como también ésta sabe, con total certeza, que este “designio de Dios sobe el matrimonio y la familia” no tiene fecha de caducidad. Pretender que alguna persona sensata, de la religión que sea, o algún católico cultivado y crítico, considere de fe estos asertos sobre la praxis de dos instituciones tan humanas como el matrimonio y la familia, sería prodigioso y casi milagroso.

Así reza la primera fórmula de Bendición que nos comunica la Biblia: “Así habéis de bendecir a los israelitas. Les diréis: que el Señor te bendiga y te guarde;  que dirija su mirada  sobre ti y te sea propicio; que te ilumine y te muestre su rostro,  y te conceda la paz.” (Nm 6, 22-27). Se trata de uno de los primeros textos de la Biblia, era una de las bendiciones más usadas, que le gustó tanto a San Francisco de Asís que la familia franciscana la llama, en una apropiación indebida, pero simpática y piadosa, “bendición de S. Francisco“. Y este párrafo de Números sirve a la Liturgia para iniciar el año civil, pues la primera lectura del día uno de enero. He traído esta bendición para poder preguntar, ¿no se puede pedir a Dios que derrame esta serie de bálsamos, y llene de gozo de esa manera, a unas mujeres que se aman, que no piensan hacer nada malo en conciencia, y que legalmente la sociedad permite, y respeta? ¿Saldría Dios mal parado con ese derramamiento de dulzura sobre el amor de dos seres humanos que no hacen daño a nadie?

La bendición recae en la Biblia, fundamentalmente, en las personas, o, indirectamente, y siempre a través de las personas, en las cosas que ellas usan. Y lo mismo sucede con las maldiciones, como la solemne y terrorífica de lasa primeras páginas del Génesis, “Maldita sea la tierra por tu culpa“, (Ge 3, 17), dirigida a Adán. Pero como hemos visto en la bendición de Números, que es el paradigma de las bendiciones, ésas recaen en el hombre, y trata de invocar la benevolencia, que es lo mismo que la “benedicencia”, (neologismo que pensaba haberlo inventado de inventarme  ahora mismo, pero he encontrado en internet una preciosa definición, en una especie de enciclopedia católica, que la describe como “la virtud que no aparece en el diccionario“, haciendo alusión a que,  efectivamente, no aparece en el de la RAE) divina, es decir, que Dios hable bien de quien se bendice. En las lenguas semitas, hablar y hacer van juntas, de alguna manera el lenguaje es creador, y exorcista, (mejor sería usar el palabro “exorcizador”), al mismo tiempo.

Y todavía una última observación: El cura en cuestión no intentó bendecir, supongo, la “unión“, que no es sujeto “bendecible”, sino a las “unidas” por el amor, a Carmen y Lucía, y opino, con todos los derechos opinables, y toda la cautela que debemos usar al hablar del poder episcopal (que, desgraciadamente, suele ser más jurisdiccional que realmente sacramental), que el obispo ni puede, ni debe, ni tiene autoridad para prohibir una bendición favorable a una persona para un fin bueno. No sería lo mismo bendecir a un sicario para que realizase sin fallo el crimen encomendado. Algo muy parecido a bendecir las tropas que van a l guerra a matar “enemigos”. Yo pregunto, ¿alguien en la Iglesia protestó cuando se publicaron aquellas fotos, para mí obscenas e indecentes, del cardenal Spellman bendiciendo cañones americanos que serian transportados  Europea, y no para realizar disparos de fogueo?

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

One Response to “Los problema de una “bendición””

  1. ¡Completamente de acuerdo!
    Aprovecho para recomendar un libro ya clásico: “El arte de bendecir” de Pierre Pradervand

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