¡Qué escándalo! Europa no cumple las leyes de protección de los refugiados.

Desde la Declaración de los Derechos Humanos, hasta los tratados de la Unión Europea y los propios tratados nacionales, Europa incumple un buen número de leyes que debería cumplir, que se comprometió a cumplir, y que, al no hacerlo, regala a sus ciudadanos una inmejorable coartada para la desafección al incuestionable deber de cumplir las leyes para ser un cabal ciudadano. A partir del próximo martes,  las autoridades húngaras  arrestarán a los refugiados que lleguen al país. Ese mismo día entra en vigor una nueva ley que establece, ilegalmente, como veremos más abajo, la pena cinco años de prisión para las personas que entren de forma ilegal a su territorio. Actualmente, se calcula que cada día entre 3.000 y 4.000 refugiados entran en Hungría, país de tránsito para los refugiados que buscan llegar a Alemania. Con estas medidas, anunciadas por el primer ministro húngaro, este país vulnerará in montón de leyes  leyes de asilo, basadas fundamentalmente en el cumplimiento de los derechos humanos proclamados por la ONU,  y que todos los Estados miembros de la Unión Europea deben cumplir, a no ser que, de manera pública y flagrante, se coloquen en la ilegalidad. Toda persona tiene derecho a solicitar asilo si siente que su vida corre peligro.

Pero Hungría no es el único país europeo que vulnera tratados y leyes internacionales con las que se comprometió. Otro ejemplo que nos toca de cera, y avergüenza a los ciudadanos con sensibilidad social, son las devoluciones sumarias de extranjeros, las llamadas “devoluciones en caliente”, denunciadas, entre otros países, también en España.  Se consideran ese tipo de acciones cuando una persona es interceptada por la policía en la frontera, siendo devuelta inmediatamente al país, sin identificación, y sin proporcionarle la oportunidad de pedir asilo. Esto ocurre, vergonzosamente,  en la valla de Melilla, por ejemplo, como han demostrado, fehacientemente, numerosas imágenes, y ha reconocido el propio Gobierno, que, además, y de modo vergonzoso, pretende amparar esas medidas mediante la Ley de Seguridad ciudadana, olvidando un principio fundamental: que el Derecho Internacional prevalece sobre el Derecho interno de cada una de las naciones. Sin este principio, y sin su cumplimiento, muchos tratados internacionales quedarían sin fundamento, sin sentido, y sin “vis iuridica“.

Paco Solans, experto de Extranjería de la Fundación de la Abogacía Española, ha denunciado, en numerosas ocasiones, que se están incumplen, impunemente, por parte de os mandatarios europeos,  y siempre en prejuicio de los inmigrantes y solicitantes de auxilio, numerosas leyes internacionales. Este jurista considera que con el simple cumplimiento de la legislación en vigor “se podrían haber evitado muchas muertes” y considera “hipócrita” que se esté demandando una nueva normativa para la acuciante crisis de refugiados cuando “ya existen leyes que contemplan situaciones de éxodo de personas como la que se están produciendo”,  y que simplemente “se están ignorando” con descaro , y sin la más mínima aceptación, no sólo formal, sino también real, que los Estados miembros deben prestar a los tratados a los que se compromete con los restantes miembros de esas asociaciones internacionales.
Ha vuelto a suceder en Hungría otra vez: En un paso más de su dura, terca e inhumana política anti inmigratoria, el primer ministro,  Viktor Orbán, ha sacado adelante  una ley que dispone que todos los “sin papeles” que crucen la frontera sean detenidos. Además, quienes no puedan ser devueltos automáticamente, ingresarán en centros de detención en zonas de tránsito, una medida atentatoria, a todas luces, con las leyes internacionales de protección de exilados y refugiados. Para más atropello, y más crueldad inhumana, no importa que sean solicitantes de asilo, que llegan de países en guerra, o inmigrantes económicos. La norma, aprobada ayer, martes 7 de Febrero, con una amplia mayoría en el Parlamento húngaro, es claramente contraria a la legislación europea. Un punto que el nacionalista Orbán, que ha hecho de su discurso xenófobo y euroescéptico su bandera, no sólo no esconde, sino del que se enorgullece.
Y, para agravar y ennegrecer todo el panorama del Derecho Internacional europeo, en un fallo a favor del Bélgica, “la justicia europea permite a los Estados miembros denegar visados humanitarios“, que, traducido en plata, significa que las autoridades de la Unión Europea pueden, a su antojo, permitir la entrada, o cerrar la puerta aún en casos de huida por peligro de persecución y torturas, o incluso, de muerte. ¡Qué deleznable decisión de os jueces europeos, y qué vergüenza para ola Unión Europea que ésta sea peor, unida, y juntos los Estados, a la generosidad que tantas veces ha exhibido por separado. Lo que ha perpetrado la justicia europea no es otra cosa quedar una patente de corso a sus estados dependientes para faltar impunemente al Derecho Internacional. ¡Vergonzoso!
Jesús Mº Urío Ruiz de Vergara

 

 

 

 

 

 

 

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