Los pastores no pueden abandonar, ni dejar pisotear, sin poner el grito en el cielo, a los más pobres y afligidos.

En este inicio de artículo estoy dudando entre dos expresiones: no sé decir si estoy triste y decepcionado, o si me siento indignado, y hasta cabreado. en la Iglesia usamos la palabra Pastor, y pastoral, a todas las horas. Tenemos Consejos de Pastoral parroquial, arciprestal, episcopal, y nuestro ideal es “ser pastores no mercenarios”,  ni de los que “saltan por la tapia”, sino que entran por la puerta, y abundamos así en montones de detalles, pero nos falta no un detalle, sino la sustancia central del concepto: ¡quienes son nuestras principales ovejas, y las preferidas!. El evangelio nos lo dice de muchos modos y en diversas ocasiones: “hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte, que por noventa y nueve justos que no la necesitan“. Y ya en el Antiguo Testamento (AT), el Señor tomaba “en el regazo a las ovejas preñadas, y sobre los hombros a los corderillos tiernos y neonatos”. Y también, Jesús, “venid a Mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”. Y no podemos olvidar los terribles reproches del profeta Ezequiel a los pastores religiosos, litúrgicos, de su pueblo, texto que merece leerse casi entero: :

La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos términos:  Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza. Dirás a los pastores: Así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No deben los pastores apacentar el rebaño? Vosotros os habéis tomado la leche, os habéis vestido con la lana, habéis sacrificado las ovejas más pingües; no habéis apacentado el rebaño. No habéis fortalecido a las ovejas débiles, no habéis cuidado a la enferma ni curado a la que estaba herida, no habéis tornado a la descarriada ni buscado a la perdida; sino que las habéis dominado con violencia y dureza. Y ellas se han dispersado, por falta de pastor, y se han convertido en presa de todas las fieras del campo; andan dispersas.  Mi rebaño anda errante por todos los montes y altos collados; mi rebaño anda disperso por toda la superficie de la tierra, sin que nadie se ocupe de él ni salga en su busca.  Por eso, pastores, escuchad la palabra de Yahveh: Por mi vida, oráculo del Señor Yahveh, lo juro: Porque mi rebaño ha sido expuesto al pillaje y se ha hecho pasto de todas las fieras del campo por falta de pastor, porque mis pastores no se ocupan de mi rebaño, porque ellos, los pastores, se apacientan a sí mismos y no apacientan mi rebaño;  por eso, pastores, escuchad la palabra de Yahveh.  Así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy yo contra los pastores: reclamaré mi rebaño de sus manos y les quitaré de apacentar mi rebaño. Así los pastores no volverán a apacentarse a sí mismos. Yo arrancaré mis ovejas de su boca, y no serán más su presa.  Porque así dice el Señor Yahveh: Aquí estoy yo; yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él.” (Ez 34, 4-11)

Este texto del profeta Ezequiel es, en mi opinión, una dura, clara, descarnada, denuncia de los pastores del tiempo del profeta, rabinos, sacerdotes, levitas, escribas, pero es paradigma para los pastores de todos los tiempos, de los pastores que ejercen su pastoreo, por lo menos, teóricamente, como ayudantes, delegados y corresponsables del Buen Pastor, el que hace “que nada me falte, …”el que por verdes praderas me hace recostar”. El que enfrenta el lobo hasta la muerte. Y, ¿a qué viene, y por qué, este alegato? Dicen quelas comparaciones son odiosas, sobre todo, claro, para e que sale mal parado. En Religión digital de estos días hemos podido leer una informaciones reconfortantes, de pastores cristianos, en el caso, católicos, que han salido valientemente en defensa de su rebaño, y no con la cantinela de “salvar su alma”, bello, socorrido y falso mantra que hemos aprendido a repetir hasta la saciedad los clérigos. Y que hasta consigue que el Derecho Canónico lo estampe en el último Canon: (c.1752)  “En las causas de traslado, es de aplicación el c. 1747, guardando la equidad canónica y teniendo en cuenta la salvación de las almas, que debe ser siempre la ley suprema en la Iglesia”.

No sé por qué la Iglesia tuvo que adoptar el platonismo en muchas de sus afirmaciones y enseñanzas. El ser humano no es el alma, sino que es 100% alma y 100% cuerpo. Y en el evangelio Jesús se preocupa de la persona entera, y lo que más ocupa su tiempo es hacer curaciones, hablar con personas que lo necesitan, como la Samaritana, dar la vista a los ciegos, ¡a los ciegos de todo tipo!, etc. Por eso nos ha emocionado a muchos el alegato tremendo, ajustado ty posiblemente fraterno, pero con la fraternidad cristiana de la Verdad y la claridad, la Verdad que nos hará libres. Y han llegado a alertar a los gobernantes que serán responsables de un recorrido sin retorno del pueblo brasileño, es decir, de sus fieles, de sus ovejas, a la miseria y a la desesperación. Así como el cardenal Marx, de quien hablaba el otro día en este blog, afirmó, sin tapujos a los gobernantes de su Alemania opulenta, por un lado, pero triste y desolada , en una minoría, que no podía mirar para otro lado ante la escalada y el aumento astronómico de la desigualdad económica y social.

Me pregunto, nos preguntamos, ¿no sería refrescante, sano, y reconfortante, y un abono espectacular para la vuelta de las clases populares españolas a la Iglesia, y,. sobre todo, el significativo tanto por ciento que se ve , cada día con menos esperanza, en riesgo de exclusión,  que nuestros obispos reclamaran, afearan a nuestro Gobierno la falsa y engañosa noticia de la macroeconomía, de lo bien que va la Bolsa, y la prima de riesgo, es decir, cosas que no solo no llegan a los más débiles de la escala social, sino que, justamente, por administrarlas como se hace, provocan que aumente cada día más su debilidad y exclusión?

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

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