La moción de censura

El partido político “Podemos” ha realizado un “moción de censura” constructiva, o positiva, contra del Gobierno del PP. Dícese constructiva a la moción que necesita, para poder ser llevada a cabo, un aspirante concreto la presidencia del Gobierno. si no tuviese esta característica, uno o varios partidos políticos podrían proponerla, y después de efectuada con éxito, es decir, con la censura al actual Gobierno, se encargarían los proponentes, o la Cámara de diputados, según un protocolo estipulado, de nombrar al siguiente Presidente. En este caso el aspirante a presidente ha sido el diputado y presidente del partido Pablo Iglesias Turrión, lo que ha significado un evidente escollo para su plena realización, y para la consecución del fin de la Moción, a la vista de los rechazos que provoca, no sabemos bien si merecidos, o por el miedo que provoca una fuerza política joven, nueva, pujante, y con un presidente que no se arredra ni achanta .

No hay que olvidar, sin embargo, que el mismo título de la acción política propuesta indica el carácter concreto, y el fin último, de la misma. Pero en el caso que nos ocupa, -que nos ha ocupado ayer y hoy, mejor-, algunos de los protagonistas han olvidado ese finalidad concreta, y ese objetivo directo, la moción de un presidente Gobierno, y del partido que lo sustenta. El objetivo indirecto, una vez conseguido el anterior, sería la investidura del aspirante. Ha habido en estos días demasiadas preguntas retóricas. como “para qué nos ha traído Vd. aquí”, o “por qué nos hace Vd. perder nuestro valioso tiempo”, pronunciadas, lógicamente, por el Gobierno  a ser censurado. Y aunque sólo fuese con la finalidad de demostrar, o intentarlo, con motivos serios y comprobados, que la Moción podría ser posible, y hasta deseable, ya sería legítima. Por lo visto y oído estos dos días, los motivos son más que reales, y la censura al Gobierno más que legítima y deseable. en mi opinión, ni Adolfo Suárez ni Felipe González presentaban tantos motivos, ni tan graves y comprobados, para ser apartados de sus cargos, como el actual Gobierno del PP. Y para llevar a cabo mi reflexión de la puesta en escena de la Moción de Censura, destacaré la actuación de los que me han parecido los principales oradores intervinientes.

1º) Irene Montero, portavoz de  Podemos. Fue la que abrió el debate, con un alegato brillante, seguro, claro, y demoledor, contra al Gobierno del PP. Se ciñó, sobre todo, a dos campos, ambos esenciales para el desempeño de un Gobierno: A), la corrupción de cargos públicos, con el abuso en la administración, desviación y sustracción de caudales públicos para fines diversos, como financiación del propio partido, cobertura de los gastos electorales, enriquecimiento propio o de amigos que devuelven después favores, y un largo etcétera, cargado de vergüenza y oprobio para un gobernante honest9; y B), el deterioro de las instituciones públicas, con interferencias del ejecutivo en el mundo judicial, y nombramientos a dedo y a propósito para ocultar o dificultar posteriores investigaciones. La diatriba de la señora Montero resultó brillante, convincente, a veces emocionante por la indignación y la ira que demostraba ante el saqueo de caudales públicos. Su alegato duró más de dos horas, y aunque los señalados en la diatriba se empañaron en aparecer en la pantalla como aburridos y desinteresados, lo que consiguieron fue mostrar unos modos impresentables de decoro y respeto parlamentario. A mi la intervención de la portavoz de Podemos no me resultó ni aburrida, ni monótona, sino brillante y, para el PP, demoledora e incontestable.

2º) Mariano Rajoy. Sorprendió a todos decidiendo responder él, personalmente, a la portavoz de Podemos, sin esperar, como era lo que todos imaginábamos, al aspirante a Presidente, al señor Iglesias. Los medios, en general muy complacientes con el presidente del Gobierno, por lo menos los escritos, y editados en papel, a los que se ha sumado, tristemente, y de manera penosa para los que desde que se inició la posibilidad de abonarse mensual o anualmente, El País, y a veces, incomprensiblemente riéndole las ¿gracias?, han resaltado la valentía de Mariano Rajoy al dar la cara, como si esta actitud no debiera ser la normal en un máximo dirigente político de un país. El no ser ésta la norma de Rajoy es lo que ha llamado la atención. Pero en lugar de esta interpretación laudatoria, prefiero otras dos que me parecen más reales y pragmáticas: en primer lugar, mal vio el panorama para adelantar su comparecencia, que, evidentemente, y alimentando la psicosis de curiosidad de nuestros periodistas, a los que gustan mucho estas adivinanzas, como si tuvieran entidad informativa, había preparado de antemano. Por eso la llevaba escrita, y daba todas las señales de haber sido pensada para un respuesta al señor proponente de la moción, Pablo Iglesias. Y, en segundo lugar, mal dejó a sus colaboradores, ministros y asesores, al demostrar que no se fiaba demasiado de ellos. Excepto, como veremos más abajo, del más desabrido, mal encarado, mal educado, pero eficaz en su permanente provocación, y portavoz del PP, seguramente por todas esas cualidades irrenunciables, señor Rafael Hernando Fraile.

Ahora voy al grano de la respuesta de Rajoy: a mí me llenó de vergüenza e indignación. Abusando de sus chascarrillos y refranes habituales, e intentado, por todos los medios de desautorizar a la joven portavoz del partido que proponía la moción de censura, no respondió a ¡ninguna!, exactamente cero de las acusaciones terribles, comprobadas, y algunas de ellas ya conn sentencia condenatoria de los tribunales. Faltando, además, al respeto, al inmiscuirse groseramente en las estrategias y posiciones políticas d otro partido, cuando ellos, los del PP. se pasan la vida exigiendo que nadie se inmiscuya en los suyos, ni para darles un consejo políticamente fraternal, si esto fuera posible, que no lo suele ser, al comprobar el estilo altivo y orgulloso de la mayoría de nuestros políticos. Esto lo digo por que Rajoy, en su respuesta, se preocupó más de la ingenuidad, o no, au tal vez fue l o contrario, de Podemos, al retrasar tanto el nombre del aspirante al Gobierno. Pero esto compete, evidentemente, al partido promotor de la moción. Y al Gobierno, y más au presidente, defenderse de ésta. Pues bien, esta defensa  brilló por su ausencia. Pero su actitud no sirvió de nada, como pudimos ver en lo que asustó, y arredró a la joven portavoz, quien, en su réplica, volvería a sacar los colores de los integrantes de la bancada del PP, (aunque esto es muy difícil y complicado, dada la suficiencia, y el estilo perdonavidas con el que suelen tratar a sus adversarios polípticos, sobre todo si se trata de una formación joven nueva, aguerrida, y muy bien preparada, como hemos visto estos dos días, a la que, evidentemente tienen mucho más miedo del que aparentan.

(Seguirá)

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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