Sobre la violencia de las fuerzas de seguridad del Estado en Cataluña

Vayan por delante varias consideraciones. No me gusta nada la violencia, y me siento agredido cuando he coincidido con una intervención policial, los polis armados hasta los dientes, cuando los ciudadanos, los que se manifestaban , o los que pasábamos por allí, no teníamos ninguna intención aviesa. Tampoco soy ningún fan de Rajoy, en general, y muy en particular en la torpe. lenta y contraproducente política que no ha desplegado en el caso catatán. Por lo que estas líneas no se pueden, de ninguna manera, considerar una tentativa de defensa del Gobierno central, en lo que, ha ce tiempo, se ha venido llamando “choque de trenes” del día 1º de octubre. El actual presidente del gobierno español no me cae nada simpático. Pero con esta pequeña nota quiero salir al encuentro de lo que considero una hipocresía, y cobardía, colectivas.

  • No sé por qué se extrañan de la violencia policial. Nunca he visto a los agentes de la Policía Nacional, de la Guardia civil, actuar con dulzura y suavidad cuando delante se encontraban con un grupo grande de personas que no accedían a actuar en la dirección y sentido que la Policía indicase. Y esto sucedía por dos motivos fundamentales: en primer lugar, para cumplimentar las órdenes recibidas de sus superiores jerárquicos; y en segundo, para garantizar su propia seguridad. Esto no quiere decir que sea yo partidario de la “obediencia debida”, ese instrumento que han concebido, y defienden, muchas personas que ostentan poder de subalternos con licencia para usar, con las debidas garantías jurídicas y democráticas, las armas. Opino que si es el Estado, por esa especie de “Contrato Social” tácito que aceptamos en la creación y organización de los Estados modernos, el que tiene el monopolio del uso de la violencia, los que la empleen por encomienda clara y oficial de la autoridad estatal, sea del poder ejecutivo o del judicial, no están exentos de hacerlo con mesura, proporcionalidad, y responsabilidad de la propia conciencia. Pero todos sabemos que es difícil establecer teóricamente esos límites, y, todavía más en la práctica, en muchas ocasiones de especial virulencia y agresividad de la masa social a la que los diferentes cuerpos de seguridad se tienen que enfrentar. Hemos visto, con preocupación, y con ciertas dosis de horror, en muchas casos, la actuación de la Policía contra los jóvenes del 15 de Mayo, de los Mossos de Escuadra, con especial virulencia en algunos de las manifestaciones violentas en ciertos barrios de Barcelona, o de la policía norteamericana contra negros, sospechosos o no, y de la francesa, cuando ha sido solicitada, etc., etc., etc. ¿Por qué, entonces, tanta lamentación y escándalo en la actuación policial de ayer?  Intentaré encontrar el motivo de semejante extrañeza en el párrafo siguiente.
  • A), por la cantidad, y características, de las personas envueltas en el jaleo. Se trataba, posiblemente, de cientos de millones de ciudadanos, en miles de lugares repartidos pot la geografía toda de Cataluña, y de todo tipo de personas, casi todas ellas muy respetables, y no señaladas por actuaciones concretas de disturbios sociales, como ha podido suceder, otras veces, con la población estudiantil, o el movimiento de “indignados sociales del 15 de Mayo”, o un grupo nutrido y agresivo de alborotadores en eventos deportivos o callejeros al límite, etc. En todos estos casos se trataba, al mismo día, de acciones muy concretas, delimitadas en tiempo y en espacio. Las de ayer, en Cataluña, duraron más de doce horas, y en miles de lugares y situaciones diversas. Sería muy sensato, y enriquecedor, para evaluar el grado de violencia de la jornada de ayer, uno de octubre, hacer un estudio y sondeo del porcentaje, sobre el total,  de las intervenciones verdaderamente deplorables, y sus imágenes correspondientes.
  • B), la firme convicción de los ciudadanos sobre la nobleza y justicia de su presencia en los colegios electorales. Este aspecto de la cuestión es fundamental. Repito que no estoy, porque sí, con el señor Rajoy, pero tengo que afirmar, con naturalidad, sin arrogancia, pero también sin falsa vergüenza, que sí que estoy con el Estado, representado, sin duda legítimamente, pero con muchas más dudas sobre su eficacia y su acierto, por el actual Presidente del Gobierno. Deberíamos poder decir lo mismo de las autoridades autónomas catalanas, pero, infeliz, y decididamente, no se puede hacer de ellas esta afirmación. En toda esta confrontación de los dirigentes catalanes con el Gobierno central, les ha faltado no solo la cordura y mesura que se suponen a unos gobernantes, sino han fallado en lo mas esencial: en el Derecho, en el respeto a las reglas del juego, en su permanente menosprecio a la ley. Han conseguido convencer, y eso no cabe duda de que es una victoria política, a gran parte de sus ciudadanos, y, desde luego, a la inmensa mayoría de sus votantes, de que el llamado Referendum que proponían era, no solo legal, sino una manifestación de dignidad, de libertad y de democracia. Por eso se han visto sorprendidos, tal vez asustados, y, dese luego, decepcionados e indignados, con el obstáculo policial que se interponía entre sus nobles deseos y la realización de os mismos. Tengo que afirmar, con decision, y sinceridad, que lamento sentidamente que muchos medios de comunicación no hayan dejado claro la tremenda responsabilidad de la Generalitat en el hecho, incalificable jurídica, política, y socialmente, de haber engañado a sus conciudadanos, y haberlos conducido,  “como ovejas llevadas al matadero“, a una encerrona sin precedentes en nuestro país, y creo que en toda la Unión Europea.
  • C), en defensa de la Policía Nacional y de la Guardia Civil. Hay otra situación que debemos tener en cuenta, para acertar en el enjuiciamiento del operativo policial de la jornada lamentable y bochornosa del día de ayer en una Cataluña digna, orgullosa, pero engañada, y dejada a los pies de los caballos por sus dirigentes. Se trata de la evidente dejación de sus responsabilidad de Policía Judicial del cuerpo de “Los Mossos de  Escuadra“. Y es interesante, e ilustrador, recordar que este cuerpo policial, español por los cuatro costados, creado el año 1719, en tiempos de Felipe V, más de un siglo antes que la Guardia Civil, organizada el año 1845 por el segundo duque de Ahumada. Pocos, tanto en el resto de España, como en Cataluña, conocen este recorrido histórico de los Mossos, que guardan, y celebran, con orgullo, el ser la primera organización en el tiempo de las policías españolas, y la primera, en Europa, de carácter judicial. Por eso no se entiende que sus mandos actuales hayan desfigurado en día tan señalado ese carácter serio y competente de su competencia judicial. La juez había ordenado que antes de las seis de la mañana del Domingo los Mossos sellaran los centros de votación, pero, en contra de su firme decisión de obediencia, como es el estilo constante del cuerpo, su máximo dirigente, el mayor Trapero, decidió que sus subordinados realizaran su cometido con “proporcionalidad y profesionalidad”, viniendo, en la práctica, a no cumplir su tarea judicial. Así que sus miembros, actuaban, como sabemos por testigos y grabaciones, de este modo: llegaban dos agentes, y preguntaban, estos sí, dulcemente, ¿Ustedes se oponen pacíficamente a nuestra intervención?, y, ante la respuesta afirmativa, se retiraban. Y el marrón quedó a los policías nacionales, y a los miembros de la Benemérita. El Ministerio de Interior, ante la petición expresa de ayuda por parte de los Mossos, solicitó, y así se hizo, que esa petición fuera hecha por escrito.

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

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