¡Qué vergüenza, y que tristeza el artículo, en Religión Digital, de Hilari Raguer, osb!

El famoso ¿historiador? y monje de Monserrat ha escrito, en RD,  el artículo que os presento más abajo, lleno de medias verdades, y directamente, de afirmaciones que solo soportan esas dos posibilidades: o son errores, o son mentiras. Me da mucha pena, y me produce un timorato pudor escribir de esta guisa sobre un respetable monje benedictino de la gran abadía de Monserrat, pero no sé portarme de manera políticamente correcta si esta corrección oculta, o desvirtúa la verdad. Así que después de leer el artículo del monje catalán de Monserrat, añadiré unas pocas consideraciones para matizar sus afirmaciones, y desmontar las inexactitudes en las que, consciente o inconscientemente, ha abundado.

(Hilari Raguer, historiador, monje de Montserrat).- Se alzan diversas voces que acusan a la Iglesia de hacer política, desde la homilía de un monje o el manifiesto de unos cientos de capellanes, hasta la conferencia episcopal catalana o la española. Es el clásico sofisma de decir que hacen política quienes hacen una política que no es la tuya. ¿Hace política la Iglesia católica cuando en su doctrina social defiende unos derechos fundamentales? ¿Hacen política las Naciones Unidas cuando amonestan a España por violar unos derechos fundamentales?

Alguno nos pondrá la etiqueta de nacionalcatólicos. El nacionalcatolicismo exigía que todo español tendría que ser católico, apostólico y romano, y que todo católico tenía que ser españolista, y franquista. En cambio, nosotros no pretendemos que todo católico catalán tenga que ser independentistas, y menos aún independentista de mi partido, ni que todo catalán independentista tenga que ir a misa.

Hemos de distinguir las opciones políticas propiamente dichas (liberalismo, socialismo, comunismo, ecologismo…) de las opciones prepolíticas, que propugnan un país donde se pueden defender libremente todas las opciones políticas. Si lo prefieren, digamos patriotismo. Primero, el hacer; después, el cómo. El referéndum catalán no es una opción política, porque no defiende una ideología política concreta, sino un marco democrático en el que todos puedan defender la opción política que prefieran. En el caso de que Cataluña sea un estado libre, sus ciudadanos ya decidirán qué política prefieren, votando por un partido o por otro.

Se ha remarcado la transversalidad del nacionalismo catalán y del independentismo. El catalanismo no es, como desde hace años algunos sostienen, una entelequia de la burguesía para defender sus intereses, cuando perdieron las colonias. Históricamente ha habido un catalanismo de derechas, que va del carlismo y evoluciona con las bases de Manresa, Torras i Bages, Prat de la Riba, Cambó i Pujol; y uno de izquierdas, que arranca con el federalismo republicano de Pi i Margall y Valentí Almirall y continúa con Maciá, Companys y Maragall.

Defienden política opuestas, pero coinciden en una prepolítica, que es la defensa de las libertades catalanas. De este modo nace el movimiento de Solidaridad Catalana, contra la Ley de Jurisdicciones de 1906, con todos los partidos catalanes desde los carlistas hasta los republicanos federales, y solo quedan fuera los partidos dinásticos y los lerrouxistas; en las elecciones generales de 1907 conseguirán 41 de los 44 escaños. Es también transversal en el tiempo: con nombres diferentes, según las épocas: provincialismo, regionalismo, nacionalismo, soberanismo.

Si un grupo de personas, movimientos e instituciones católicas coinciden en esta reclamación de libertad para celebrar el referéndum, eso es una exigencia prepolítica. Después, libremente, cada uno seguirá la línea política de prefiera.

Esta coincidencia prepolítica no puede quedar afectada por la posición política que se adopte fuera de la propia comunidad, puede traer repercusiones. El señor Rajoy y la señora Soraya no paran de repetir, como un mantra, que lo que afecta a toda España lo ha de decidir toda España. Eso sí que es política, y política antidemocrática. Cuando Escocia ha reclamado un referéndum de independencia, el Reino Unido no ha exigido votar todos ellos. Canadá ha permitido que en el referéndum de independencia vote solamente Quebec, no toda Canadá. Y el Brexit, que afecta seriamente a toda la Unión Europea, ha sido decidido por el Reino Unido en exclusiva. La injerencia exterior sí que es política, y es una política integrista, integralista, nacionalcatólica y franquista.

Hasta aquí el artículo del monje de Monserrat, al que voy a hacer tres aclaraciones, que son mejor tres objeciones:

  1. Los  conceptos de Política y “prepolítica”
  2. La comparación con los referendums de Quebec (Canadá), y Escocia
  3. La injerencia exterior

1º)  Me extraña vigorosamente que un historiador de la categoría de Hilari Raguer, osb., caiga en esa distinción, podemos llamar, de preliminar, entre prepolítica, y Política. Escribo Política con mayúscula, porque se trata de la constitución, organización, y funcionamiento de la Polis. en griego ciudad. En la antigua Grecia eran muy frecuentes las “ciudades Estado”, y la Política era el arte práctico, y la ciencia, de organizar esa comunidad, que hoy llamamos política, y que puede ser, en nuestros parámetros, comunidad municipal, provincial o autonómica, o como se llame, federal, confederal, etc., y Estado, que alberga, hoy día, a todas ellas. Esta tarea es la que configura, esencialmente, la Política, y es a lo que Hilari llama “prepolítica”. Y deja esa denominación, y el concepto de política, o políticas, al modo, verdaderamente accidental, cómo se dirige, organiza, y se configura esa comunidad política.

Ahora vamos al caso catalán: el Referendum del 1º de octubre, del que D. Raguer no recuerda nunca que, en la actual configuración política, esta sí, democrática y constitucional de la macro Comunidad, llamada España, en la que Cataluña está integrada, fue declarado, por la instituciones judiciales, Tribunal Constitucional, y Tribunal Superior de Cataluña, ilegal, y anticonstitucional.  A mí tampoco me cae nada simpático el Gobierno central español, ni su presidente, pero tenemos que admitir que los tribunales no son producto de las lides político-partidistas, y que, provocando, o no simpatía, declararon el Referendum como lo hicieron: fuera de la ley. Esta decisión judicial anula la estrategia totalmente improcedente de considerar que realizarlo era un acto puramente democrático, y propio de un derecho humano fundamental, y no realizarlo era antidemocrático, y contrario a derechos humanos fundamentales, como parece haber declarado la ONU. Y digo parece, porque es evidente que no ha tenido en cuenta, o no lo sabía (¿?), o lo había olvidado, que una consulta declarada ilegal por un país democrático y constitucional no puede ser soporte del ejercicio de un derecho humano fundamental. Nadie negaba, ni lo ha hecho nunca, el derecho de pronunciamiento de las comunidades políticas. De hecho, en Cataluña, independentistas, y no-independentistas se han pronunciado electoralmente decenas de veces, con los resultados que han sido, no los que hubieran querido los promotores del Referendum proscrito. Lo que se ha repetido en España, a veces de manera torpe e insegura, es que ese derecho fundamental de expresión se tiene que ejercer con las garantías jurídicas y democráticas pertinentes, que en el caso catalán, obviamente no  se daban. Pretender constituir una nueva nación, o comunidad política, o Polis, al margen de la ley es, además de ilegal, una insensatez imposible.

2º)  Los dirigentes catalanes sí que han repetido como un mantra la equiparación de su pretendido Referendum con el de Quebec, Canadá, y el de Escocia. En ambos casos, especialmente el de Escocia, que sí fue un Reino, y de propia voluntad se unió condicionalmente a Inglaterra y Gales, formando el Reino Unid0, quedó formulado el derecho de convocar un Referendum previo a una hipotética separación, que fue como se hizo. No se puede, permanentemente, engañar a la gente, como han hecho los dirigentes catalanes, asegurando que Cataluña, alguna vez, fue una comunidad política independiente, como sí lo fue Escocia, y equiparar los dos casos. Y, además, no me deja de extrañar, en el caso de Hilari, como en el del obispo de Solsona, Monseñor Novel, y en otros casos más españolistas, que todos conocemos, que para un seguidor de Jesús sea, o lo parezca, más importante la identidad nacional, o nacionalista, que la condición de creyente. Y esto me parece exactamente igual para el nacionalismo catalán como para le español, el francés, o el norte-americano.

(No me ha dado tiempo a tratar lo de la injerencia exterior, como ” … política, y es una política integrista, integralista, nacionalcatólica y franquista. (¡¿-!?)

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

 

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