El descontento de los nacionalistas (II)

(Continúa de ayer)

4º El orgullo y satisfacción de los últimos meses, (que después se convertirá en descontento, como veremos). Los españoles del resto de España, y los catalanes no nacionalistas, tuvieron un profundo motivo de malestar los días seis(6) y siete (7) de Septiembre en unas sesiones bochornosas, que hasta podemos llamar escandalosas, del Parlament, en las que la exigua mayoría parlamentaria nacionalista, saltándose todas, ¡no es exageración, todas!, las normas estatutarias, negaron la voz a la minoría no nacionalista, sin consultar los órganos jurídicos de la Cámara, ni el órgano de Garantías Estatutarias, alterando el “Orden del día”, y votando, el día seis, la “Ley del referendum”, y, el día siete, la de “Transitoriedad”, o desconexión, amén de una especie de Ley Constitucional “provisional”, hasta que, proclamada la Nueva República catalana, organizaran los órganos jurídicos definitivos para promover la organización jurídica del nuevo Ente. (Antes de seguir, y para que quede bien claro, estas “¿leyes?” no son tales en un Estado organizado, como es España, pues no tienen el estatus de ley hasta que no hayan sido refrendadas por le Parlamento nacional. Tenían, además, el agravante, no solo de no contar con ese refrendo, sino negando explícitamente esa necesidad, y tratando ese trámite con más sarcasmo que displicencia). Ni qué decir tiene que este atentado jurídico-político no solo no fue motivo de descontento para los nacionalistas, -pero sí para loss catalanes no nacionalistas, y para dolor y vergüenza del resto de españoles-, sino de reafirmación del seguimiento ciego a sus líderes políticos, y de orgullo por la firme determinación de abordar un Referendum que, previamente, había sido declarado nulo por el Tribunal Constitucional, que, como otras veces, fue despreciado, ninguneado, y hasta vituperado. Habrá que recordar aquí que no hacía falta llegar a la proclamación de la Independencia, para que el Estado español recurriese al artículo 155 de la Constitución, que es casi copia del art. 37 de la Constitución  alemana?

5º El descontento de las últimas semanas. Ahora sí descontento, y, en muchos casos, rabia, furor y enfado monumental. No sabemos si todas estas reacciones han sido, y están siendo, verdaderamente espontáneas, o promovidas, jaleadas y azuzadas por los líderes políticos. Todo comenzó con la movida del domingo 1º de octubre, y la intentona, o simulacro, que ambas apreciaciones son válidas ty apropiadas, de Referendum para que los votantes se pronunciaran por la Independencia. Todos sabemos qué pasó, que no fue nada del otro mundo. Ya escribí sobre ello. Que si es verdad que se movieron un poco más de dos millones de ciudadanos, y sufrieron algún arañazo, o pequeños daño colateral, 900 personas, que para facilitar el cálculo podemos redondear a 1.000, el tanto por ciento de las personas involucradas es verdaderamente espectacular: 0, 05%. Parece mentira que los gobernantes de una Autonomía que mandaron a sus “Mossos de Escuadra“, con motivo de la manifestación promovida por el movimiento de 11M en la Plaza de Cataluña, zurrar la badana sin piedad, tanto que hubo tal clamor que la sociedad catalana pidió a gritos la destitución del secretario de Interior, parece mentira, digo, que siendo millones de participantes, con consejos y soflamas por parte de los gobernantes de desobediencia y resistencia, y siendo tan pocos,  y tan poco, los dañados, inundaran de imágenes y vídeos, muchas veces mentirosos y falaces, toda Europa, y parte del mundo. Pero la verdad es que cuando se miente mucho, siempre igual, y se repite la mentira insistentemente y sin variar, ni sonrojarse un mínimo, la mentira se convierte en Verdad. Y lo penoso y triste es que este episodio, con un relato exagerado, sino mendaz, ha sido el detonante del mayor y más grueso, pero aun así, falso,  motivo de descontento de los nacionalistas.

6º El enfado monumental, hasta llegar al escándalo, (para mí, farisaico), de los últimos días. El nacionalismo catalán dio, como tantas veces, muestra de su “seny” , en la tranquila y casi plácida aceptación de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que da al Gobierno amplia potestad para limitar el ejercicio del poder de una Autonomía, cuando sus dirigentes han incumplido gravemente la ley, potestad que puede llegar hasta la intervención de dicha Autonomía. Los catalanes apreciaron que la aplicación del temido artículo constitucional había sido progresivo, corto, y bastante moderado, con el colofón, además, de unas elecciones autonómicas, que darían ocasión para que los ciudadanos se pronunciaran. Por todo ellos, todo indicaba que loas cosas se encauzaban suavemente, y sin sobresaltos. Y en eso ha llegado la bomba: la huida del President Puigemont, la intervención de los tribunales, la decisión de encarcelar a los miembros de antiguo Govern de la Generalitat que no se encuentran en España, y la euro-orden de detención del ex presidente. El laudo de la jueza Lamela alude al peligro de huida de los encausados, y no ha tenido que argumentarlo demasiado, a la vista de la espantada del President. Este cumulo de pésimas noticias ha supuesto la indignación de los nacionalistas, y la acusación a los tribunales españoles, y, de paso, a todo el Gobierno, y de refilón, a toda España, de falta de democracia, y de carencia de las garantías mínimas necesaria para un juicio justo. Pero a esta indignación que parece justísima le tengo que poner dos consideraciones: 1ª), como leí en un artículo muy severo, que no recuerdo ni el medio, ni el escritor, pero con el que estaba de acuerdo, los ciudadanos catalanes adeptos de nacionalismo han seguido tan ciegamente a sus líderes, que es preciso recordarles que son mayores de edad, y, por tanto, responsables de sus decisiones, de haber jaleado tanto, y animado a sus políticos, sabiendo que estaban adentrándose por un camino no solo de vértigo y rumbo al precipicio y a lo desconocido, sino claramente infractor de normas y leyes de extrema claridad: así como que es bueno recordar que los ciudadanos somos responsables de la infracción de las leyes, aunque las desconozcamos, pues una de nuestras primeras obligaciones ciudadanas es conocerlas. Y 2ª), la sorpresa, y el hecho gravísimo e indignante no es, como le oí decir a una militante de la CUP, o tal vez diputada, que en un país de la Unión Europea no haya sucedido en los últimos cuarenta años, que unos políticos hayan sido encarcelados por “motivos políticos“, algo que toda persona medianamente informada sabe que es falso, sino que lo “indignante y gravísimo es que unos políticos que deberían ser los más responsables y diligentes en cumplirlas, hayan conculcado, a sabiendas, leyes importantísimas, constitutivas de la esencia de un Estado soberano.

(Aun así,  quiero trasmitir lo que nos recordaba en “Religión digital” su director, José Manuel Vidal: que los cristianos tenemos que dar ejemplo de la mayor voluntad de entendimiento entre hermanos, y amigos. y que es penoso que los católicos españoles no estemos sabiendo ser generosos y comprensivos, no para aceptar todo y cualquier quebrantamiento de la legislación vigente, sino para dar testimonio, en cualquier situación, de ponderación, de no querer juzgar a nadie sin tener en cuenta el contexto y el entorno de los conflictos, y recordando siempre la enseñanza del Maestro, que le dijo a Pedro, “no es que tengas que perdonar siete veces, sino setenta veces siete“).

Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

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